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Hacer, decir y pensar
Dejarse caer al abismo
Solo cuando te lanzas al vacío de la honestidad contigo mismo, te liberas de las cadenas que te atan.
Hay un dolor físico muy específico que se siente con una presión en el pecho, como si te faltara el aire y te fuera imposible respirar, creando ese hormigueo en todo el cuerpo. Incluso sientes que el suelo se mueve, al igual que las piernas.
Es el dolor que llega cuando se tienen que recoger tus propios fragmentos del suelo, respirar profundo y elegir caminar de forma ausente. Lo anterior en la espiritualidad se llama: “escisión del ser” y sucede cuando existe una pérdida transitoria de la conexión entre el alma y el plano terrenal, algo que en la psicología le llamarían: Despersonalización o Desrealización, que son tipos específicos de disociación.
La despersonalización hace que sientas que no estás dentro de tu propio cuerpo (como si te vieras desde fuera), y la desrealización hace que el entorno físico se sienta lejano, irreal o como en un sueño.
La gran mayoría de los seres humanos experimentamos estas sensaciones físicas y emocionales cuando vivimos una o más perdidas o decidimos soltar. No siempre son actos de distancia física, a veces el dolor más grande de tener una pérdida o soltar, es el proceso de retirarte espiritualmente de las promesas que no fueron, del futuro que se desvaneció en un segundo y del luto silencioso que se lleva en el alma.
Lo anterior se ilustra con absoluta precisión en el libro: “El caballero de la armadura oxidada” del escritor y guionista estadounidense Robert Fisher. En su último capítulo, expone: “Mientras el Caballero intenta escalar la última roca antes de la cima, se encuentra con una inscripción que dice: «Aunque este universo poseo, nada poseo, pues no puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido»”
Merlín le hace comprender que debe soltarse y dejarse caer al abismo.
El fragmento dice así:
“El caballero se sintió exhausto. Estaba a punto de morir. (...) Se aferró a la roca con las fuerzas que le quedaban. Miró hacia abajo y vio el abismo sin fondo... Merlín le dijo: «Suéltate»”
— ¿Cómo que me suelte? —gritó el caballero—. ¿Quieres que me mate?
— Ya estás casi muerto de todas formas —le recordó Merlín—. Tienes que soltarte y confiar.
El caballero no veía otra opción. Estaba perdiendo fuerzas y sus dedos se resbalaban de la roca. Decidió dejarse caer al abismo, hacia el fondo de la nada. Mientras caía, por primera vez en su vida, dejó de culpar a sus padres, a sus enemigos, a su esposa y a sus amigos por sus desgracias. Aceptó la total responsabilidad de su vida.
En el momento de la caída, el caballero empezó a recordar todo lo que había aprendido, su mente se liberó y, mágicamente, en lugar de caer hacia el fondo, ¡empieza a caer hacia arriba, conquistando la cima!
La interpretación de estas líneas nos dice que dejarse caer al abismo no es un acto de suicidio físico, sino un suicidio del ego. Esa escena es una metáfora perfecta de la iluminación y el desapego cuando “Aferrarse a la roca” vs. “Lo conocido”: La roca representa nuestras zonas de confort, nuestras creencias limitantes, los rencores, el orgullo y la identidad que hemos construido para protegernos (la armadura).
Nos aferramos a sufrir de la misma manera de siempre porque nos da miedo cambiar. El abismo sin fondo representa la incertidumbre, el vacío y lo desconocido. Da terror porque el ego no tiene el control allí. Dejar de culpar a los demás es el punto de quiebre. Al caer, el caballero entiende que él mismo forjó su armadura. Al asumir la total responsabilidad de su vida, recupera su poder, ya no siendo una víctima del destino, sino el autor de su historia. Caer hacia arriba representa el dejar ir el miedo y la necesidad de controlarlo todo, volviéndote “ligero”. El peso del pasado desaparece y te elevas.
El mensaje central de este capítulo es la rendición y la confianza, Fisher nos dice que, para transformarnos de verdad, tenemos que estar dispuestos a perder lo que creemos que somos para poder descubrir lo que realmente somos. No puedes experimentar cosas nuevas ni sanar si sigues aferrado a tus viejas defensas, a tus miedos y al control. Solo cuando te lanzas al vacío de la honestidad contigo mismo, te liberas de las cadenas (y de la armadura) que te atan.
Mientras se atraviesa por un periodo de oscuridad, el ser humano suele distorsionar la realidad, retrocediendo el proceso para sanar la supra-consciencia que representa el estado más elevado de la mente. Es la dimensión de la psique asociada con la intuición pura, la creatividad desbordante, la sabiduría profunda y la sensación de unidad con el todo.
Fiódor Dostoyevski, fue un novelista ruso influyente de la literatura universal, sus obras destacan por su profunda introspección psicológica, la exploración de dilemas morales y religiosos, al igual que por el análisis de la psique humana frente al sufrimiento y la redención. En su libro “Memorias del subsuelo” nos dice que la realidad distorsionada es el aislamiento, el rencor y la hiper-conciencia.
Dostoyevski, muestra el ejemplo perfecto de una mente que distorsiona la realidad a través del autosabotaje y la paranoia. Su percepción de los demás y de las interacciones sociales está tan fragmentada por su propio orgullo y complejo de inferioridad, que vive en un subsuelo mental, alienado del mundo real.
Se tiene que elegir la vida cuando todo alrededor se siente como una tormenta, se pasa por la pérdida de una ilusión, se suelta un pasado o se quiebra un cuerpo que sana en secreto. Sin embargo, se debe elegir habitar el propio presente. La historia no se escribe en función de lo que faltó, sino de lo que abunda en el alma: la capacidad de amar con honestidad, el valor de sostener tu propia mano en la oscuridad y el derecho sagrado de reconstruirte, palabra por palabra, desde la absoluta dignidad. Porque irse duele, pero quedarse en el olvido de uno mismo cuesta la vida entera.
No claudiques, aunque tu corazón se rompa dolorosa e inesperadamente o te sientas sola por primera vez en tu vida, aun y con compañía. No claudiques cuando pases el día pensando que nada tiene sentido, porque los días se volverán semanas y las semanas se volverán meses. Vas a desear que las cosas cambien, pero no va pasar nada, hasta que un día hagas que algo suceda, te levantarás en lugar de quedarte dormida y despertaras diferente.
Priscila Fuentes González
Versada en seguridad pública, criminología, prevención del delito, derechos humanos, constitucionalidad, gobernabilidad, impartición de justicia y políticas públicas en materia de seguridad. En su tiempo libre es Profesora, Doctorante y Pet lover. “Estoy dispuesta a pagar el precio de ser mal entendida, con tal de vivir una vida de adentro hacia afuera y no de afuera hacia dentro”
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