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ROSA SALAZAR ARENAS | Los ricos volverán a llorar | EDUI TIJERINA | Junio 2021

Entrevista: Edui Tijerina Chapa
Fotografía: Cortesía Rosa Salazar Arenas



ROSA SALAZAR ARENAS
Los ricos volverán a llorar

Rosa Salazar Arenas me une una gran amistad, pero, también, una profunda admiración por su talento, disciplina, constancia y sensibilidad. Compartimos el oficio de escribir, de crear personajes, de contar historias. Sin duda, es una gran Maestra de la que uno siempre quiere aprender.

Hija de dos íconos del cine nacional, Doña Rosita Arenas y Don Abel Salazar, afirma haber tenido una niñez a la que califica de “Maravillosa”. Y por ahí empezamos.

Como hija de grandes estrellas, seguro tuviste una infancia peculiar. Hablemos de ella y de tus padres.

Crecí en un set de cine al lado de mi padre. Fue desde muy niña que se gestó la fascinación que hoy siento por la magia del cine y la televisión. Pero, al final, cuando uno es niño, no dimensiona las cosas. Mis papás eran mis papás. A medida que fui creciendo, me fue cayendo el veinte de su fama. Durante la primaria, yo creo que mis amigos tampoco sabían quiénes eran, pero ya en secundaria y prepa, cayeron en cuenta, aunque más allá de su fama, les atraía su belleza. 

¿Su belleza?

Sí. Mis amigas iban a ver a papá, y mis amigos a mi mamá. ¡Y yo como el chinito, “nomás mirando”! 

Mis padres, excepcionales. Me dieron la mejor educación, tanto la que se procura en casa como la académica. A mi padre lo veo como un hombre que se hizo solo, fue un gran emprendedor, muy arriesgado. Gran proveedor y apoyador al 1000%. Mi mamá fue una mujer devota de su casa. También, muy “apoyadora”.

 Rosa Salazar Arenas.


¿Cómo los percibes desde tu perspectiva como guionista?

Me encantaría tenerlos a los dos y escribirles una historia en la que pudieran actuar. Mi padre fue un gran actor de comedia, por ahí me iría. Y a mi mamá, me gustaría escribirle EL PERSONAJE de su vida. Creo que está en un tiempo perfecto para honrarla con algo así. A pesar de que tiene muchos años retirada, creo que está en un momento clave para hacer una gran actuación. 

¿Cuál ha sido su mejor consejo, su mayor lección y el principal legado de ellos hacia ti?

La disciplina. “No hay pretextos”, decía mi papá. A esa disciplina le debo mucho. Mi papá siempre era el primero en llegar al set y el último en salir.  

Y la humildad, la educación y el buen trato. Los dos siempre son amabilísimos con todo el mundo. Mi papá me decía: “En el set, entras y saludas primero al “jala cables”. Sin toda la gente del staff, ninguno de nosotros podríamos hacer nada. Los vi, a ambos, convivir con todas las personas involucradas en una producción y a todos los trataban con enorme sencillez y calidez.

¿En qué momento y cómo descubriste tu vocación por contar historias?

Muy chiquita. Desde muy pequeña me pasaba horas escribiendo. Empecé mi carrera en radio y después fui actriz. En esa época, odiaba ir a castings porque prefería quedarme en mi casa a escribir. El profesor Sergio Jiménez me estaba dirigiendo en la telenovela “El Engaño”, y me dijo un día en el set: “Rosita querida, tú no eres actriz, eres escritora”, porque a mí me llegaban los guiones y, desde el punto de vista del escritor, cuestionaba todo lo que pasaba.

Su padre Abel Salazar. 


¿Tuviste el apoyo de tu familia para seguir camino en las letras?

Mi mamá me empujó al ruedo. Ella estaba trabajando en un unitario: “La Edad de Oro” y la escritora, Manola Saavedra, tuvo un problema con el productor y dejó el programa. Mi mamá le habló a Luis de Llano, el productor, y le dijo: “Mi hija escribe”. Yo ya había trabajado con Luis como conductora del programa “Videocosmos” y aceptó de inmediato. Era un viernes y necesitaban el capítulo para el lunes. Me aterré, pero lo hice. Ahí empezó mi carrera.

¿Prefieres desarrollar historias originales o trabajar adaptaciones?

Me gustan las dos. Son procesos muy distintos y cada uno tiene sus retos y sus bondades. Con una adaptación, ya tienes el camino más o menos trazado. En cambio, el original es un lienzo en blanco totalmente.

Su madre Rosita Arenas.


“No creo en la inspiración. Creo en el trabajo arduo sobre una idea. Más que en el talento, creo en la disciplina y el trabajo”

¿Crees que existe la inspiración o es un tema de talento combinado con disciplina?

No creo en la inspiración. Para nada. Creo en el trabajo arduo sobre una idea. Más que en el talento, creo en la disciplina y el trabajo. Pienso que eso que llaman inspiración no es más que mucho trabajo invertido en una idea. De repente te iluminas, pero no porque te haya tocado la inspiración, sino porque trabajaste y trabajaste y trabajaste. 

¿La historia encuentra su público o el público determina el tipo de tramas que se le ofrecen?

Creo que es un proceso orgánico en el que los creativos vamos entendiendo el “apetito” del público. Muchas veces nos equivocamos y cambiamos el rumbo. Muchas otras, le “atinamos”.

¿Cuál es tu género preferido, el consentido?

Sin duda alguna, el drama. Me encanta mover las emociones del auditorio. 

¿Y el que más se te dificulta?

La comedia. Me parece el género más complicado de lograr porque no sólo depende del guion, sino de la cultura y el “delivery”. No es lo mismo el humor de los ingleses que el de los mexicanos, por ejemplo. 

Rosa Salazar Arenas impartiendo una conferencia.


¿Cuál ha sido el principal reto que has enfrentado como escritora?

Lo tengo frente a mí en este momento. Estoy adaptando “Los Ricos También Lloran”. Es un reto muy grande porque el auditorio recuerda la original y el remake que se hizo, “María la del Barrio”. Ha sido un proceso muy complicado, pero espero que el auditorio lo acepte.

“Mis padres, excepcionales. Me dieron la mejor educación, tanto la que se procura en casa como la académica”

¿Y tu mayor gratificación?

Haber sido la escritora de “Mujer, Casos de la Vida Real” durante 11 años, a lo largo de los cuales escribí 2500 historias originales. 

Su padre Abel Salazar (esquina superior izquierda) protagonizando la película “Los tres García” junto con Sara García, Pedro Infante y Víctor Manuel Mendoza.


¿TV, Cine, Teatro, Streaming o Literatura formal?

Televisión sin dudarlo. El cine me encanta, pero la televisión nos da la oportunidad de adentrarnos más en los personajes. La literatura formal me da pavor. Siento que es un hacer completamente distinto. 

De tus proyectos televisivos, ¿hay alguno del que te arrepientas?

¡Sí! “Central de Abasto”. Hasta mis hijos se avergüenzan de ese momento de mi carrera. Era un programa feo (no me gusta hablar mal de lo que me ha dado de comer, pero era horrendo).

¿Y los que te hacen sentir más orgullosa?

“Mujer, Casos de la Vida Real” y “Lo que la Vida me Robó”

Desde tu perspectiva, ¿qué función social juegan las historias que compartes con el público?

Creo que las personas que trabajamos en los medios tenemos la responsabilidad de ayudar e informar sobre tópicos de relevancia. El programa “Mujer, Casos de la Vida Real” me permitía abordar temas muy importantes, compartir con el auditorio información, incluso llegamos a encontrar personas perdidas.

Tenemos la obligación de informar, no sólo entretener.

“Mujer, Casos de la Vida Real”, marcó un parteaguas y, ciertamente, abrió los ojos sobre temas poco antes vistos o tratados en TV.

Silvia Pinal, la productora, me daba total libertad de hacer y deshacer. Me importa, como escritora, que mi trabajo trascienda, que deje huella en el auditorio, que las historias que escribo “sirvan” de algo. Por ese motivo, siempre traté de buscar temas que no se hubieran tratado antes en la televisión, como la masturbación femenina, por ejemplo. Fue maravilloso contar con la confianza ciega de la señora Pinal.

Su madre Rosita Arenas en la actualidad.


La escritura... ¿te resulta terapéutica?

Absolutamente, y no sólo en el sentido del fondo de lo que escribo. Es decir, para mí, el simple hecho de crear universos es terapéutico. De hecho, cuando no estoy escribiendo, lo cual sucede muy poco, afortunadamente, no la paso bien. Necesito crear, necesito estar en contacto con mis personajes para sentirme bien.

¿Qué tanto ha afectado la pandemia tu oficio como escritora?

En realidad, y por fortuna, muy poco. Creo que la televisión es una de las industrias que no se vieron tan afectadas por la pandemia. En términos de producción, sí estamos escribiendo de una manera más contenida. Sabemos que no vamos a poder salir del foro, entonces limitamos las escenas a interiores, por ejemplo.

“Mi género preferido es sin duda alguna, el drama. Me encanta mover las emociones del auditorio”.

La narrativa pasa por una marcada y vertiginosa evolución, especialmente desde el surgimiento de nuevas ventanas hacia las audiencias. ¿Es difícil adaptarse a esas nuevas exigencias en cuanto al abordaje de historias? Es decir, cada ventana tiene sus propios criterios sobre temas, lineamientos específicos respecto a los ritmos y variedad en perfiles de audiencias.

No, no es difícil. Al contrario, yo creo que facilita enormemente nuestro trabajo y las posibilidades que tenemos como escritores. La cuestión está en conocer el mercado. ¿A quién le vas a vender? Conociendo el mercado, puedes amoldar tu contenido a la plataforma a la que quieres vender. 

Hace relativamente poco, alguien vaticinó el final inminente de la telenovela clásica. ¿Qué opinas al respecto?

Creo que eso no va a suceder. Sin embargo, el formato se ha modificado y va a seguir haciéndolo. La telenovela clásica ya no va a contarse en 440 capítulos, sino en 60. Pero, en términos del género, creo que es todo lo contrario. El público, especialmente después de la pandemia, está ávido de melodrama.

¿Cuál es el futuro del oficio de escribir, de contar?

Seguir contando, adaptándonos a las nuevas plataformas. Siem - pre vamos a contar historias, porque los seres humanos somos “story tellers” por naturaleza. En la antigüedad, platicábamos nuestras historias, las pintábamos en cuevas… 

De no ser escritora, ¿qué serías?

Suicida. ¡Jajajajajajaja! No me imagino alejada de los medios. Seguramente, regresaría a la radio. No puedo vivir sin estar en contacto con la audiencia y contar historias.

¿Cuál sería tu máximo punto como autora?

Quiero entrar en el mercado norteamericano. Tengo una serie y dos películas escritas en inglés. Hay interés de productores de Hollywood por producirlas. Digamos que esa es la siguiente meta. Cuando se cumpla, me plantearé nuevas, porque la vida es eso: Siempre tener una montaña que escalar.  

¿Algo que quieras agregar?

Que espero con ansias el estreno de “Los Ricos También Lloran” y “Allá te espero”, que acabo de terminar. Ambas van a estar al aire al mismo tiempo.

Mi mensaje, siempre y para todo el mundo, sin importar a qué se dediquen: “No te rindas nunca”. 

“Creo que las personas que trabajamos en los medios, tenemos la responsabilidad de ayudar e informar sobre tópicos de relevancia”