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¿Cómo contaremos lo vivido? | DIANA ELISA GONZÁLEZ | Febrero 2021

 La exquisitez de ser nosotrxs

¿Cómo contaremos lo vivido?

Entre estas cuatro paredes el miedo a veces gana. El enemigo acecha afuera, invisible, impredecible como en esas películas de suspenso.

Del “no exageres” al “debemos vivir sin miedo” han deambulado las críticas, pero no puedo evitarlo. La cantidad de muertes que ocurren a diario no son solo números, no son solo estadísticas, no es solo el dato de sobremesa que se cuenta como cotilleo.

Era un papá, un hermano o una hija. Es el recuerdo del último festejo juntos, del último abrazo dado. Es la risa de las últimas bromas o el recuerdo de su historia cercana a la nuestra. Se queda una silla vacía en la mesa y un hueco en el pecho que no llenan las frases de consuelo.

Podría ser cualquiera de nosotros y que dolor que hayan sido los que fueron. 

¿Pudieron las cosas ser distintas? ¿no se cuidó? ¿faltó exagerar? Ya para qué pensarlo.

Quedaremos marcados de esta experiencia y necesitaremos honrar a los caídos cuando todo esto acabe. Hacer una ceremonia de duelo y ahora sí, llorar a nuestros muertos abrazados a nuestros vivos. Agradecer haber sido de los seleccionados para pasar al siguiente nivel, que traerá otras tantas pruebas. Me digo a mi misma: “espero ser de las que pasen esta prueba”. Ojalá en el siguiente nivel no haya otra pandemia, ojalá no otra tragedia.

Pero imagino el día en que todo esto acabe y como saldremos a la calle. 

Seguro volveremos a admirar las nubes y la plaza. Seguro disfrutaremos la charla en los pasillos, las visitas inesperadas o esa amistad a la que siempre le sacamos la vuelta. Seguro disfrutaremos el abrazo casual, el beso consentido y las risas de sobremesa. Seguro pensaremos en un viaje. No importa el sitio, pero volveremos a descubrir la maravilla del ser y estar, tocar y sentir.

Y habrá que reconstruirse de las pérdidas humanas y materiales. Ojalá que esta crisis nos haga más solidarios. Recuperar la economía local echando la mano a esos pequeños negocios que tambaleantes vuelven a abrir. Y habrá que dejar propina con una sonrisa y pedir postre con café mientras en el fondo se oye música en vivo de alguien que improvisa. No seremos ajenos, ni mucho menos desconocidos. Seremos seres humanos que buscan como darse la mano para salir de ese agujero donde se escondieron del bicho. 

Y en esa reconstrucción, habrá que ponerse al tanto de la amistad en las charlas pendientes. En las lágrimas que no tuvieron con quien compartirse y en las risas que a la distancia no saben igual, constatado. Pero también en el amor. En el tacto y la cercanía. En el silencio que deja de ser silencio para ser una masa de piernas y brazos sin forma.

Y páginas y páginas se escribirán sobre lo vivido y esas páginas se las llevará el viento una a una porque lo olvidaremos poco a poco. Y en algunos años nuestros nietos preguntaran como sobrevivimos a la pandemia y solo podremos contestar: no lo sé, solo quedándonos quietos.



Diana Elisa González Calderón
 

Docente e investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de México