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Carta a Nahuel Guzmán
Monterrey Nuevo León México.
Enero de 2026.
Apreciable Nahuel:
Soy Rayado. Esto se pone peor, soy de Rosario Central por Roberto Fontanarrosa. Como verás, estamos en las antípodas. Precisamente por esto mis palabras serán honestas.
Un compatriota tuyo, Jorge Luis Borges, escribe un poema bellísimo “El enemigo generoso”, es una composición literaria que describe las virtudes que un rey aprecia en su enemigo. La palabra enemigo es muy pesada para ser verdadera en nuestro contexto, no te veo como enemigo, como caudillo del rival si, esto no me impide entender lo que significas para esta ciudad y para el espíritu del fútbol.
Tu figura es relevante porque eres barrio, entiendes lo que el barrio le aporta al fútbol actual, tan entregado a los grandes capitales, a los sistemas, a los poderes que lentamente envenenan este bendito deporte.
Ahí, en medio de ese laberinto descomunal, un arquero como tú tiene el poder de tragarse a estadios enteros, absorber la presión y jugar con la mente de miles de aficionados y de once rivales. Eso no te lo dio ninguna escuela de entrenadores, ni un coach, ni un psicólogo, ni un entrenador que fue a Italia, eso lo entiende quien salió de las calles de Rosario o de Sao Paulo, de Lima o de Monterrey y tuvo que aprender a convertir la hostilidad en fuerza vital.
Y yo veo esto en ti, como lo vi en Calero o en Jonatan Orozco, como lo vi en Dibu Martínez, en René Higuita o en el mítico Campos. Como lo tuvo Fillol. El barrio es un continuo enfrentamiento a fuerzas que parecen descomunales y quien no las interiorice y las adapte a su favor es deglutido invariablemente, como en el cuento “Apuntes de fútbol en Flores”, de Alejandro Dolina, otro compatriota tuyo.
Estás hecho para el arco ya que traes en la sangre el decoro del enfrentamiento, un poco de locura, un poco de ermitaño, y todo eso hace a un arquero. Y lo más importante: aprendiste a transformar la presión en energía, en la energía de quien sabe que el fútbol no es de los más rápidos sino de los más vivos.
El fútbol se está muriendo, Nahuel, lo están matando con dinero, ya solo somos de un equipo por pacto de sangre, porque nuestros viejos nos enseñaron, o porque algún gen masoquista nos invade. El fútbol ya no es un don de Latinoamérica, es un producto, es más de los mercadólogos que de los hinchas, de los poderosos, de las empresas, de los corporativos, de directivos que no patearon nunca una pelota, el fútbol está atrapado en todo lo que no tiene alma.
De la gente es la pasión, el recuerdo, la gambeta, de la gente es Diego y Ronaldinho, Omar Palma, de la gente es el Pastor Lozano, de la gente es Suazo y el Mágico González, y tú también eres de la gente y por eso el fútbol no muere por completo, porque el barrio lo sostiene.
Seguramente Rayados y Tigres se enfrentarán en algunos partidos más contigo en el arco y yo esperaré que tengas una actuación magnífica pero que gane el equipo de azul. Esto no me impide, Nahuel, desearte que mantengas una carrera con tanta pasión como hasta ahora y que ese espíritu rebelde y verdadero nunca se pierda.
Gracias totales, que viva la pelota, el juguete más importante en la historia de la humanidad.
Atentamente.
Samuel Rodríguez Medina.
Profesor de Arte, Cine y Estética en el ITESM campus Monterrey. Cuenta con un posgrado en Filosofía Contemporánea por la Universidad de Granada. Su más reciente publicación literaria es el libro de cuentos “La Ausencia” editado por Arkho Ediciones en Buenos Aires Argentina.
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