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La luz también tiene nombre de mujer | GABRIELA ARENAS | Abril 2026

Por: Gabriela Arenas
Fotografía: Cortesía

La luz también tiene nombre de mujer

El arte de reencontrarse a través del juego y la intuición

Noventa años tuvieron que pasar para que una mujer ganara el Oscar a Mejor Fotografía, y no puedo evitar sentir algo… entre orgullo y esperanza.

En marzo de 2026, Autumn Durald Arkapaw haría historia con el filme Sin - ners; haciendo visible algo que siempre ha estado ahí: la mirada de las mujeres.

Su fotografía no solo era impecable, sino que hacía sentir su calor, movimiento y tensión… todo estaba ahí, al igual que esa luz que no iluminaba, sino que ciertamente envolvía al espectador.

Pero el camino de Autumn Durald no empezaría en los grandes reflectores, ya que ella provenía del cine independiente y de hacer cine desde lo más esencial. Importante es que ella habría estudiado en el American Film Institute, construyendo poco a poco su mirada, con calma, pero con una idea muy clara.

Antes de ganar el Oscar, ya había trabajado en proyectos como Loki, donde su forma de usar la luz y el color ya la empezaban a hacer destacar; sin embargo, lo que realmente sostenía su trabajo es otra cosa: esa sensibilidad que aflora y se vuelve imagen. Y eso, para mí, lo cambia todo.  


Tengo que mencionar que hay algo en su forma de mirar, que me resulta cercano; tal vez porque no busca impresionar, sino conectar, porque no necesita exagerar para hacerse notar. Su fotografía tiene una calma extraña, como si todo estuviera en su lugar, incluso dentro del caos.

En su discurso durante la premiación, pidió a todas las mujeres levan - tarse; quizás un gesto simple, pero profundamente simbólico. “No llego aquí sin ustedes”, dijo, haciendo que ese momento se volviera colectivo.

Como mujer, como fotógrafa, como alguien que ha sentido más de una vez que la mirada femenina tiene que abrirse paso entre dudas, este triunfo no se siente lejano, sino muy cercano. Se siente posible.

Porque no solo se trata de que una mujer haya ganado el premio, sino de que ahora sabemos, que la luz también puede escribirse desde otro ángulo, uno donde la sensibilidad no es debilidad, sino un lenguaje; donde la intuición no se cuestiona, sino se celebra y donde la imagen no solo se construye, sino se habita.

Y sí, este Oscar llega tarde, pero llega con una fuerza que ya no puede ser ignorada, haciendo quizás, que lo más importante no sea el premio en sí, sino las posibilidades que deja sobre la mesa.

 gabyarenas1@gmail.com