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La música como voz del territorio | CESAR PINEDA | Enero 2026


La música como voz del territorio

La música es siempre una forma de identidad, de pertenencia, de afirmación.

La música no siempre nace donde uno espera que lo haga. Muchas veces no surge en estudios, foros o escenarios diseñados para ella, sino en espacios donde la vida ocurre sin guion: la calle, el barrio, la esquina, el transporte público o la fiesta improvisada. Ahí, el sonido no busca legitimación ni aplauso; busca solo existir. La música de la calle no se piensa como producto, se vive como una necesidad.

Cada territorio tiene una forma particular de sonar; no porque responda a un género específico, sino porque refleja una experiencia compartida. La música que nace en la calle es inseparable de su contexto: de la precariedad, de la convivencia forzada, del ruido cotidiano, del encuentro y del conflicto. Escucharla es escuchar a la ciudad hablando de sí misma.

En estos espacios, la música cumple una función básica: nombrar lo que no siempre encuentra palabras. Es una forma de identidad, de pertenencia, de afirmación. No se trata de virtuosismo ni de perfección técnica, sino de sentido. Lo importante no es cómo suena, sino por qué suena, y muchas veces suena porque callar no es una opción.

Sin embargo, cuando estas expresiones comienzan a ser visibles, aparece una tensión inevitable. La música que nace como acto vital puede transformarse en estética, en mercancía, en tendencia. El riesgo no está en la difusión, sino en el desprendimiento del territorio que le dio origen. Cuando la música se separa de su contexto, corre el peligro de perder su capacidad de comunicar algo verdadero.

La calle no es un escenario neutro, sino un espacio atravesado por desigualdades, resistencias y memorias. La música que emerge de ahí, no busca representar a nadie más que a quienes la viven y conviven con ella. Por eso incomoda, porque no siempre encaja en los relatos oficiales ni en los circuitos culturales establecidos. Pero ahí radica su potencia.

Escuchar la música de la calle exige una disposición distinta, implica dejar de clasificar, de etiquetar y de consumir rápidamente. Escucharla implica escuchar con atención y respeto, no para romantizar la precariedad, sino para reconocer la creatividad que surge incluso en condiciones adversas.

Cuando la calle canta, no lo hace para entretener, sino para existir, para resistir, para dejar huella. Y escuchar esa voz es, también, una forma de habitar el territorio con mayor conciencia.


Cesar Pineda 
cpineda@audiocursosweb.com
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Ingeniero, Productor y Director Musical, con más de 20 años de experiencia en la industria. Se ha especializado en desarrollar a personas en encontrar su verdadero potencial.