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Niveles de acoso | IRMA IDALIA CERDA | Junio 2024

Por: Irma Idalia Cerda
Fotografía: Archivo

Niveles de acoso

Además de invadir tu espacio, tu intimidad y drenarte tu energía, un acosador o acosadora puede convertirse en una verdadera amenaza porque según su grado o nivel de obsesión, puede llegar a hacerle la vida imposible a su víctima.

Recientemente en la plataforma Netflix se estrenó la serie “Bebé Reno (Baby Reindeer)”, creada por Richard Gadd, quien es el protagonista de esta historia que le ocurrió a él en carne propia y que afortunadamente vivió para contarlo.

Donny Dunn (Gadd) trabajaba en un bar en donde un día entró una mujer muy afligida, y para hacer la buena obra del día le ofreció una taza de té gratis, y a partir de ahí, Martha -nombre utilizado en la serie- empieza a acosarlo porque en su mente imaginó un potencial romance con ese hombre que solamente quiso hacerla sonreír.

Creo que a muchos de nosotros nos han malinterpretado un gesto amable y mientras quede solamente en una confusión, no hay mayor problema; en cambio, si la persona se ha quedado con una impresión equivocada, puede hacerse toda una película en su cabeza que nada tiene que ver con la realidad.

Personalmente tuve una experiencia de ese tipo cuando estaba muy joven y empezaba mis prácticas como reportera en el desaparecido Tribuna de Monterrey, periódico en el que colaboraba un maestro de literatura que daba clases en una universidad privada, quien una vez por semana iba a las instalaciones del rotativo a entregar sus artículos.

Nos saludaba a todas las compañeras cuando pasaba por nuestra sección y una vez me empezó a hacer plática y me preguntó que, si me gustaba la poesía, a lo que atiné a decir que había leído a (Gustavo Adolfo) Bécquer, entonces dijo algo así como: “Ah, tiene buen gusto”, y se terminó la conversación.

La siguiente vez que fue a dejar su artículo, me entregó un libro del poeta español:” se lo regalo, pues me dijo que le gustaba su poesía”. Cada vez que se aparecía en la redacción se iba directamente conmigo y yo lo trataba normal, pero ya me preocupaba un poco porque quería saber dónde vivía, mi número de teléfono y me hacía otras preguntas de índole personal, y cabe aclarar que en esa época no existían las redes sociales, ni el correo electrónico, pero eso no impedía cualquier tipo de acoso ya sea físico o psicológico.

Incluso dijo que me quería invitar a cenar a su casa en Navidad, y ahí ya se prendieron todas las alertas rojas, pero yo no sabía que hacer (obviamente rechacé la invitación); recuerdo que se lo comenté a mis compañeras, y aunque ellas mostraron su preocupación también, no hicimos nada al respecto.

Para no alargar el relato, lo más fuerte que pasó es que yo tomaba el camión cerca del periódico y de pronto cuando me subí a la unidad no me percaté que él venía detrás y cuando lo vi, hice lo posible por irme hasta la parte trasera y tuve la suerte de había mucha gente que de alguna manera obstaculizaba el acceso.

Cuando llegó el momento de bajarme, lo hice lo más rápido que pude y crucé la avenida para irme casi corriendo a mi casa, al avanzar noté que él, se había bajado, pero como era unos 25 o 30 años mayor que yo, no pudo alcanzarme y me escabullí. Recuerdo que después de eso, me empezó a mirar con desprecio y yo tenía que evadirlo. Afortunadamente no pasó a mayores, pero sí sentí la angustia y el terror de ser acosada por alguien que no supo diferenciar lo que fue trato cordial con un coqueteo o algo por el estilo.