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La realidad de la ‘telerrealidad’ | EDUI TIJERINA | Septiembre 2022


Sin audiencia no hay medios

La realidad de la ‘telerrealidad’

Donde no todo es lo que parece

En cine encontramos producciones documentales (que retratan y comparten la realidad) y de ficción (que recrean la realidad o, bien, generan nuevas visiones del entorno) En el caso de la TV es lo mismo, pero, además, tenemos una combinación que se conoce como “Telerrealidad”, la cual incluye programas en los que se mezclan ambas líneas narrativas y -aquí está la polémica- se supone que no se usa guion… pero sí.

La telerrealidad o Reality Show es un formato que, considerando la participación de celebridades o, en contraste, completos desconocidos, se nutre de situaciones dramáticas, conflictivas o de concurso/competencia. Aunque no falta quién los compare con los documentales, supuestamente porque “captan” tal cual la realidad, lo cierto es que, aunque gran parte se deja a las reacciones libres y abiertas de los involucrados, siempre hay una línea guionizada.

Para sustentar lo referido, es necesario señalar una de las clasificaciones básicas del guion, la cual considera al guion listado o base de escaleta, la hoja de continuidad o pauta, el guion semicompleto y el completo.

Mientras el guion listado es, justamente, una lista con el orden de situaciones que se presentarán en el programa, la hoja de continuidad también es eso, pero con los tiempos (duración) de cada bloque. El guion semicompleto es una parte dependiente del guionista y, otra, dejada a la espontaneidad del momento y el guion completo es el que depende al cien por ciento del trabajo del guionista, tanto situaciones como lo que se dice y, a veces, hasta cómo se verán las cosas en pantalla.

La Telerrealidad usa el guion listado y/o el semicompleto. Aunque los críticos señalan que lo que ahí se muestra “no es realidad” porque se usa guion, hay que hacer hincapié en que el guion en cuestión da sólo ideas y señala las situaciones a las que la producción hará que se enfrenten los participantes, pero dejando libertad de reacción, acción y expresión a cada uno de ellos. Esto último es la parte de realidad de estas emisiones.

Los recursos más usados por este tipo de programas son los “confesionarios”, donde todos comparten sus ideas sobre los demás y su sentir respecto a lo que pasan a lo largo de la realización. También están las calificaciones, juicios de valor y eliminaciones por episodio, para ir reduciendo el número de involucrados y aumentando el interés de los espectadores por saber quién llegará hasta el final.

Este formato es relativamente reciente. Apenas tiene 31 años. Surgió en 1991 cuando, en los Países Bajos, se lanzó “Nummer 28”, el primer proyecto televisivo enfocado en reunir a un grupo de desconocidos para documentar sus reacciones ante situaciones “cotidianas” predeterminadas. Para el cambio de década, a principios de los 2000, habían surgido variantes tan exitosas como “Big Brother” (“El Gran Hermano”) y “Survivor”, con sus respectivas versiones en numerosos países.

De cierta forma, emisiones como los noticieros, programas de opinión, los “Talk-Shows”, los de cámara oculta y los de juegos y concursos, son ejemplos de “Telerrealidad”.

Lo que más se ha cuestionado en este formato o género es, precisamente, el uso del término “realidad”, cuando, justamente, lo real de las situaciones es lo que queda en tela de juicio, porque los participantes se ven inmersos en situaciones ideadas, armadas y ejecutadas por un equipo realizador. Otros aluden a que algunos de los participantes son parte de la producción y entran como incitadores o provocadores para condicionar las reacciones de los demás y guiar el curso de las cosas.

También se cuestiona que se apela a la humillación de los competidores, que se les da fama y popularidad efímera, subiendo al nivel de estrella a individuos sin mayor cultura y/o talento y que, en muchos casos, promueven el materialismo y hacen apología de conductas vulgares, prosaicas y socialmente indeseables.

Por otro lado, también se les atribuyen funciones sociales importantes como las de entretener, formar e informar.

Algo que debemos referir es el llamado “Síndrome de Truman” (llamado así por la película “The Truman Show”) que engloba los miedos, traumas y demás choques psicológicos-emocionales que enfrentan los egresados de estos programas ya sea cuando son eliminados a la mitad de la competencia o cuando la temporada termina y su fama, que llegó a estar por todo lo alto, desaparece con relativa rapidez. En otras palabras, se sienten “Lab Rats” (Ratas de laboratorio) o “Disposable People” (Personas desechables)

Son numerosos los casos de ex participantes de producciones de Telerrealidad que han caído en la necesidad de terapias interminables y, peor aún, llegado al suicidio.

Retomando el punto inicial: Los “Reality Shows” sí tienen una buena dosis de realidad y eso es lo que les da peso y valor… aunque, para generarla, se requiera de la creatividad de un equipo de trabajo que busca, de forma novedosa, armar el marco atractivo e ideal para que las reacciones provocadas sean lo suficientemente interesantes como para atraer la mayor cantidad de espectadores posible.


Edui Tijerina Chapa
edui_tijerina@yahoo.com.mx 
Twitter: @EduiTijerina 
Instagram: @eduitijerinachapa 

Escritor, dramaturgo, guionista, asesor y analista de medios. Autor de numerosas piezas teatrales y de scripts para películas como “Cantinflas”, “Juan Diego” y “Jesús de Nazaret”