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Kadiwew, los indios caballeros | JAVIER VILLANUEVA | Enero 2022

Ilustración de Carlos Fonseca (Revista Aventuras e Historia).

Kadiwew, los indios caballeros

Para el gobierno argentino de las décadas de 1870 y 80, “suprimir la frontera interior” significaba extender la soberanía del estado sobre el territorio hasta los límites políticos, someter a los nativos rebeldes, ocupar el sur con población blanca, de preferencia inmigrantes recientes, al servicio de la producción, tal y como le dijo el presidente Avellaneda a Adolfo Alsina, Ministro de Guerra y Marina, en respuesta a su proyecto de extender la frontera hacia la Patagonia.

En 1876 Argentina lanza la Ley de Colonización o “Ley Avellaneda”, que reglamenta la ocupación y apropiación del suelo por casi 60 años y autoriza varios modos de colonización. Fija tamaño mínimo y máximo a las parcelas de tierras públicas a vender – de 25 a 400 hectáreas -, la extensión de las colonias – 40 mil hectáreas- y la cantidad de familias que se radicarían. Era una ley que tenía en su horizonte la tan ansiada inmigración europea blanca.

El Gral. Julio A. Roca, Ministro de Guerra en 1877, cierra el cerco final contra las naciones Tehuelche, Mapuche y Pampas en la Patagonia Argentina. Hacia 1880 el gobierno porteño había conquistado 15 mil leguas y sometido a 14 mil nativos.

Mapuches, Tehuelches y Pampas, dueños de las dos Patagonias hasta 1878-83

Los Mapuches son el pueblo indígena más grande del Chile moderno. Casi un millón de personas se consideran miembros de esa etnía y su cultura.  

Los españoles los llamaron araucanos y recorrieron el mundo en las páginas de La Araucana, de Alonso de Ercilla y Zúñiga, el primero a ser escrito en tierras americanas.

Habitaban a la llegada de los españoles un enorme territorio desde los valles al norte de lo que hoy es la capital, Santiago, hasta donde empiezan las islas del Sur, el Archipiélago de Chiloé. Hoy viven en comunidades rurales en el sur de Chile y en grupos menores al suroeste argentino. Muchos migraron a las ciudades, a ambos lados de la cordillera. Es un pueblo con una fuerte identidad, que mantiene vivas gran parte de sus tradiciones y su lengua.

En la segunda mitad del siglo XIX, Chile asentó su poder estatal sobre los territorios indígenas autónomos en la Patagonia, con la llamada “Pacificación de la Araucanía” (1861-83), mientras que Argentina lo hacía con su “Conquista del Desierto” (1878 - 1885).

Los terratenientes exigían grandes extensiones de tierra para sus proyectos de producción agropecuaria y por eso promovieron la ocupación de los territorios de los pueblos originarios.

Argentina, de 1875 a 1904. Las fronteras interiores

La Sociedad Rural Argentina, creada en 1866, financió la campaña militar en la Patagonia argentina, y al fin de la conquista, 538 propietarios habían tomado 18.668.000 hectáreas que pertenecían hasta entonces a los Pampas, Querandíes, Tehuelches y Mapuches. Los principales beneficiados fueron varios miembros de la Sociedad Rural.

El sometimiento a los pueblos del sur de Argentina resultó de la tecnología moderna de guerra del ejército, provisto del fusil Remington y de cañones de retrocarga, mientras que el guerrero patagónico solo tenía sus lanzas de caña coligüe y otras armas primitivas. Además, el ejército contaba con la ventaja del ferrocarril y el telégrafo. Nada diferente a la “Conquista del Oeste” de los EEUU.

De los habitantes del llamado “desierto” patagónico argentino sobrevivieron solo 180 mil. Muchos fueron vendidos o donados como esclavos o siervos. Los que no fueron a trabajos serviles fueron enviados a reducciones, en tierras improductivas alejadas de sus asentamientos de origen.

Mapuches, Tehuelches y Pampas.

Los pocos sobrevivientes fueron encomendados a tutores, que los usaron como mano de obra esclava o servil en las cosechas de uva y caña de azúcar en Cuyo y el norte argentino. Mientras, las mujeres y los niños eran reducidos a servidumbre por separado, y los pequeños, robados. La distribución de nativos aumentó su aculturación y la explotación por parte de los tutores. 

Al final de ambas campañas de conquista y ocupación, sometidos a un sistema de radicación arbitrário, los Mapuches empobrecieron a los dos lados de los Andes. El asentamiento mal planificado llevó al minifundismo mapuche en Chile, pues la población crecía y nuevas familias ocupaban la misma extensión de tierra.

Esas tierras, -menos del 7% del territorio mapuche autónomo- eran de mala calidad y se degradaron, perdiendo toda su productividad. 

El foco cultural mapuche antes de la llegada de los españoles era alrededor de los grandes ríos del sur de Chile. Era una sociedad ribereña, y su vida transcurría a orillas de los ríos y lagunas que abundan en esos territorios. Por sus aguas remaban sus canoas, se reunían en los “aliwenes”, y hacían sus fiestas interminables. Era una sociedad opulenta y sin Estado, y la cortesía permitía mantener la paz. Los jefes mapuches, - longkos o cabezas-, dictaban justicia sentados en sus bancos bajo los árboles. Sus sentencias eran inapelables. Enormes familias poligámicas permitían que se relacionaran todos con todos; la sociedad mapuche era una red sólida, entrelazada de parientes. 

Todo cambió con la Conquista, una de las épocas más brutales de la historia humana, en que mundos, sociedades, culturas, seres humanos que no se conocían, ni tenían idea siquiera de su existencia, se encontraron para enfrentarse en guerras sangrientas. Los conquistadores españoles, con un ímpetu vertiginoso, en pocas décadas cruzaron desde el Caribe al norte y hasta el estrecho de Magallanes al sur, en una travesía apasionada, codiciosa, y tormentosa.

En el sur de Chile vivía antes de la conquista una población de un millón de personas. En menos de cuarenta años hubo una catástrofe humana entre los mapuches, diezmados y con su población reducida a menos de doscientas mil personas. Esa cifra no volverá a aumentar hasta fines del siglo XX.

Las pérdidas de los españoles tampoco fueron pocas, entre ellos el gobernador y conquistador de Chile, Pedro de Valdivia. El joven guerrero mapuche Lautaro lo venció en Tucapel, en el sur del territorio. 

La historia de batallas es interminable. Hasta que un siglo después, otro gobernador va a los llanos de Quilín en 1641, y firma la paz. El rey de España reconoce las fronteras y respeta la vida independiente de la sociedad indígena mapuche.

La paz lograda en los llamados parlamentos significó un tiempo largo de independencia de los mapuches. Desde 1598 hasta 1881 viven sin control del gobierno externo, sin estado, rigiéndose por sus propias normas y leyes. Su territorio se extendió desde el río Bío Bío al norte, hasta Chiloé al sur y cruzando los Andes por las pampas argentinas dominaron un enorme territorio hasta el Océano Atlántico.

La paz de 1641 trajo grandes cambios a la sociedad nativa, que de horticultores y agricultores se transformó en ganadera. La doma del caballo, abandonado por los españoles en sus primeras campañas patagónicas, los transformó en una sociedad ecuestre. En las pampas del lado atlántico de la Cordillera, la que luego sería Argentina, se había multiplicado una masa gigantesca de vacunos y caballares salvajes, también olvidados por los primeros conquistadores. 

El tráfico de vacas y caballos desde las pampas argentinas convirtió a los mapuches, y también a los tehuelches, en comerciantes. Arreaban miles de cabezas hasta las ferias en la frontera del Bío Bío. La carne seca, o “charqui”, era embarcada para su venta en los prósperos mercados del Pacífico, a la reciente California, la Polinesia francesa, Australia y a todo el Pacífico. En este período mercantil globalizado nace la platería araucana, expresión de la riqueza de esta ARTE, CULTURA Y SOCIEDAD | ENERO 2022 19CULTURA sociedad. Una gran cantidad de monedas de plata traídas del comercio en la frontera empezó a ser la materia prima de los artesanos especializados de la sociedad mapuche. En vez de usarlas para el intercambio, los orfebres martillaban y fundían las monedas para confeccionar joyas y artículos para los arreos y aperos de los jefes mapuches, los cacique o longkos.  

La élite chilena, como la argentina, abraza durante el final del siglo XIX la idea de las inmigraciones europeas como base de civilización y progreso para los países jóvenes de América. Con esta idea y pensando en los enormes terrenos “vacíos” al sur del país, se fomentó la migración. En los años de 1850 llegan los primeros alemanes a Valdivia, al sur del territorio más densamente poblado por los mapuches.

Chile construyó una línea de fortines que cortaba el centro del sur del país, y otra que dividía el territorio indígena del enclave alemán de Valdivia, fundado en la década anterior. Fue un largo período de violencias y una de las páginas más vergonzosas de la historia chilena.


Javier Villanueva. 
blog.javier.villanueva@gmail.com

Argentino, establecido en Brasil, profesor de idiomas, editor, traductor, escritor y librero. Investigador y conferencista de temas hispanoamericanos y de la historia y las culturas de los pueblos nativos. Autor de más de una centena de libros didácticos publicados en Brasil, y de dos colecciones de cuentos en Argentina.