MIGUEL SAHID | En acción por la actuación | EDU TIJERINA | Noviembre 2021

Por: Edui Tijerina Chapa
Fotografía: Cortesía Miguel Sahid


MIGUEL SAHID
En acción por la actuación

Lo conocí hace ya algunos años, luego de mi primera participación como dramaturgo en Microteatro Miami, del centro Cultural Español. Al poco, hicimos equipo con la versión de mi pieza “ROJO 33” para la Florida, con las actuaciones de Silvia de Esteban y Fran Medina.

Desde entonces, se ha desencadenado una larga serie de colaboraciones: cursos, talleres, clases magistrales, el desarrollo de guiones para cortometrajes, propuestas de series y demás, avalados en una fuerte amistad. Me refiero a un talentoso director de escena, actor en escenario, foro, set y de doblaje, así como coach y pilar de la Sociedad Actoral Hispanoamericana (SAH): Miguel Sahid.

Esta ocasión, tengo el enorme gusto de presentarlo a todos ustedes, amigos lectores de “Arte, Cultura y Sociedad”, en esta entrevista que, como siempre, comenzamos regresando en el tiempo, hasta el principio.

¿Cómo y dónde comenzó tu relación con el arte?

Desde pequeño, en mi natal Puerto Rico, veía cómo mi abuela pintaba y mi madre, como el resto de la familia, siempre estaba ocupada, muy activa, trabajando en artesanías.

A los siete años, empapado por el amor al arte en todas sus manifestaciones y con la sensibilidad a flor de piel, tuve la primera oportunidad de participar en una obra infantil con el papel de un jibarito que llegaba a adorar al niño Dios, cantándole una canción. Luego, entré al grupo teatral de la iglesia local y, ya en la juventud, en la Escuela Superior, donde dediqué varios años a la actuación.

Sé que estuviste en el Seminario

Sí. Por un tiempo tuve la idea de ser sacerdote católico. Obviamente, no se concretó. Así como en el colegio me llamaban para participar en muestras de talento, montajes teatrales y demás, en la Pascua Juvenil me invitaban a interpretar distintos personajes de La Pasión. Fui desde Jesús hasta Poncio Pilato. He pasado por casi todos los personajes de ese pasaje bíblico.

Haciendo teatro infantil.


¿Qué vino después?

Cuando me gradué en la universidad, preguntaron qué imagen quería para plasmar en el anillo conmemorativo y, sin pensarlo dos veces, opté por las máscaras de la comedia y drama que identifican al teatro. Entonces, alguien me pronosticó que llegaría a ser un actor profesional. Debo reconocer que lo veía difícil, pues en la familia no había mucho dinero y, si quería algo, tenía que trabajar duro para obtenerlo y seguir buscando lo necesario para vivir. 

¿Y, de verdad, la carencia de lo material te representó un obstáculo?

Esa carencia fue, a la vez, una motivación, un empuje, el refuerzo a la idea de que nada es imposible y que, cuando se quiere se puede. 

Aunque mis padres se preocuparon en todo momento por el bienestar de la familia, vivíamos con lo necesario y sin excesos. De chico llegué a trabajar en un supermercado, empacando las compras de los clientes.

Al pasar los años, llegué a ser gerente del frente y, más adelante, gerente general. Tal vez se pregunten a qué viene esta anécdota. Es sencillo: a destacar que vale mucho la pena hacer otras cosas, desempeñar otras responsabilidades, que complementen nuestro oficio.

¿Te refieres a que el actor necesita mucho más que sólo conocer de técnicas interpretativas?

Exacto. Cuando hablo del éxito actoral, refiero a una combinación de cosas. Aunque parezca opuesto, el rubro empresarial empata perfectamente con el artístico. Creo que, de no haber tenido ese bagaje, quizás no habría contado con las herramientas suficientes para sacar adelante los proyectos de producción en los que he estado involucrado. 

Tu ingreso a la TV fue siendo apenas un adolescente. ¿Cierto?

Así fue. Mi primera experiencia en telenovela llegó al cumplir los quince años. Se trató de “Señora Tentación”, protagonizada por Lucía Méndez. En esta producción interpreté a un soldado.

El amor por el teatro, ¿fue antes o después de la televisión?

Cuando hice teatro universitario, tanto en la Universidad del Sagrado Corazón, en la Universidad de Puerto Rico y en el Recinto de Carolina, conocí a Nancy Millán Hernández. Específicamente, fue mientras montamos “La Casa de Bernarda Alba”, obra cumbre de Federico García Lorca, en la que obtuve el papel de Pepe “El Romano”. Con esta puesta recorrimos la isla y visitamos diferentes pueblos. Esta experiencia contribuyó a que mi amor por este arte creciera más y más.  


Y también ahí conociste el amor a una pareja.

Sin duda. Lo mismo puedo decir de mi amor por Nancy quien se convirtió en mi esposa.

¿Ya estaban casados cuando surgió SAH? ¿Fue proyecto de pareja?

La Sociedad inició a mitad del año 2005, justo en plena temporada de escasez de trabajo en la ciudad de Miami, Florida, en los Estados Unidos.

Nancy y yo nos integramos a “Ecos Production”, una compañía que planeaba llevar a escena “Don Juan Tenorio”, proyecto que se vio ensombrecido por muchos y muy diversos problemas de organización y montaje.

Fueron momentos difíciles, entonces.

Sí. Y lo peor fue cuando, el día del estreno, uno de los actores principales fingió tener un ataque al corazón, como una salida burda porque no se sentía seguro en su repaso final y no quiso arriesgarse a hacer el ridículo.

No tuvimos ensayo general formal. Sólo se trabajó el primer acto con iluminación y quedó pendiente el segundo. Aun así, nos plantamos dispuestos a levantar el telón y enfrentar con dignidad al público que quería ver la obra.

El actor referido estaba tan preocupado por su imagen, por su prestigiosa trayectoria desde Cuba, que prefirió evadir y llamó al 911. El resultado de esa irresponsabilidad fue que el trabajo duro de todo el grupo se dio al traste. Por uno, la llevó la compañía completa.

“Aunque parezca opuesto, el rubro empresarial empata perfectamente con el artístico”

¿Y tenían mucho público esa noche?

Más de novecientas personas abarrotaban el lugar. Esperaban ansiosos el inicio de la función. Al comenzar, se toparon con todo el elenco, en línea, con las manos en alto, dispuestos a dar explicaciones y ofrecer disculpa pública, tomando la carga de una sola persona que optó por huir, tomando la puerta más cercana y burda.

En la escuela de actuación para niños y jóvenes


¿Qué tanto les afectó eso en cuanto a estados de ánimo y para conseguir otras oportunidades?

La mala racha siguió. Muy poco trabajo para los actores. Si acaso, algo en los llamados “Café con leche”, con apoyo de apenas dos sillas y una mesa. Muchos buscando chance de hacer teatro, pero las oportunidades eran pocas y no se abrían fácilmente. Las cosas se complicaban.

En lo particular, tuve que sacar partido a mi capacidad para imitar acentos y, además de boricua, tuve que hacer de cubano, argentino, mexicano y muchas otras procedencias. Al final, esto ayudó a internacionalizarme, pero es historia derivada.

Ante la necesidad de talleres y fuentes de trabajo, mi esposa y yo pensamos en un grupo que tramara y produjera sus propios proyectos. Si no había empleo, buscaríamos la manera de convertirnos en fuente de actividad. 

La Sociedad Actoral Hispanoamericana nació como una respuesta a la necesidad de crear talleres y abrir fuentes de trabajo para actores, tanto de nombre establecido como novatos, incluso a muchos que llegaron con las ganas de hacer cosas pero que no sabían ni lo básico.

¿Cuáles fueron sus primeros montajes?

Ese mismo año, el 2005, nos aventuramos a adaptar y montar “Cada quién su vida”, de Luis G. Basurto. Reuní a un selecto grupo de histriones y contraté a Raúl Izaguirre, quien había sido mi coach por muchos años.

La producción estuvo a cargo de Andrés Mejía quien, además, se ha destacado como actor y dramaturgo. Su apoyo resultó determinante. 

Corrieron los meses. Avanzamos en todas las áreas del proceso de producción. Cuando se acercaba la fecha de estreno… ¡Se repitió la historia!

“Por un tiempo tuve la idea de ser sacerdote católico”

¿La de que una sola persona echa a perder el proyecto?

El director nos dejó botados por algo que le salió en México.

Tuvimos que parar todo mientras pensábamos cómo resolver. El resto del elenco preguntó: “¿Por qué no lo haces tú? ¿Por qué no lo diriges tú, Miguel?”

Nunca había dirigido una obra grande y esa era de unos cuarenta actores en escena, por lo que el reto resultaba bastante mayor. Y, pues, sí. Me decidí y la dirigí. También la produje y actué.

Fue mi novatada, pero valió la pena, porque salté a la silla de director. Una prueba más de que los grandes problemas pueden tomarse de dos formas: como un bache o como una escalera. Me fui por lo segundo.

¿Cómo les respondió el público?

Por ese entonces, no había redes sociales. Sólo My Space. Uno tenía que invertir en publicidad vía prensa y otros medios. Sin embargo, la gente comenzó a llegar y a hablar muy bien de la obra. La publicidad de boca en boca fue determinante y, como siempre, la más honesta y mejor. Nos anotamos un gran éxito.


¿En qué consistió la adaptación que le hicieron a ese clásico?

Estaba encaminada a hacer pensar que los personajes podían estar en cualquier país, pero siempre como si se tratara de Puerto Rico o Cuba; con sus colores, vestuarios en lino, de época -ubicados entre los 50 y 60-… y, lo principal para mí, contemplaba que en ese entonces pudiera actuar Nancy quien, a ese momento, ya estaba enfrascada en su lucha contra el cáncer.

Al decir verdad, ella fue siempre la razón principal para armar la compañía. Nadie la contrataba porque se le dificultaba ensayar y actuar en los horarios de cualquier otra persona, debido a sus sesiones de quimioterapia. Había días en los que se sentía mal, otros en los que estaba bien, otros regular, por lo que le dije: “Mira; vamos a poner nuestra propia compañía teatral. Fijamos días y horas de ensayos y compromisos, según tus necesidades médicas. Así podrás seguir tus sueños sin descuidar tu salud”.

¿Cómo organizaban los tiempos del montaje con sus tratamientos?

Comenzamos montando y ensayando en fechas establecidas para después de cada quimioterapia, con excepción del ensayo general. Esa vez, ella venía de una quimio y se pasó directo del aeropuerto de Miami a la sede del ensayo, como a quince minutos de ahí. Estuvo regia, ofreciendo una gran interpretación, como si no estuviera pasando por terapias tan pesadas. 

Cuando empeoró, ella y yo nos enfocamos en sus tratamientos. Fueron cerca de dos años en los que estuvimos inactivos en los escenarios; sin hacer ni pensar en nada más que en su situación.

Tener tu apoyo y compañía en todo momento le ha de haber dejado una enorme paz

Luego de su muerte, yo no quería dedicarme a ningún otro negocio ni hacer nada más, que no fuera actuar. Quería seguir con lo que hacíamos juntos, dar continuidad a lo que cimentamos como pareja.

Así que, a eso del 2010, retomé la compañía, que hoy conocemos como SAH, y que no ha parado por los últimos once años.

“La Sociedad Actoral Hispanoamericana nació como una respuesta a la necesidad de crear talleres y abrir fuentes de trabajo para actores”

¿Cómo pasaron de ser Compañía Teatral a todo un Conservatorio de Arte Dramático?  

Andrés Mejía pasó a ser uno de los directores, así como motor y pilar importante y valioso para SAH. Él fue quien diseñó, elaboró programas y comenzó a impartir talleres de actuación en lo que ahora es nuestro Conservatorio de Arte Dramático.

Vinieron tantas personas sin experiencia que tuve que tomar el rol no sólo de actor y director, sino, también, de instructor, para ayudarlos con clases de actuación. Es decir, mientras montaba, les enseñaba. La circunstancia me orilló a eso. Nunca me atreví a llamarme “maestro”.

En el 2011 comencé a impartir talleres en forma. Pequeños y esporádicos, pero ya con un diseño instruccional, con metodología más clara y enfocada. Fue cuando dirigí el espectáculo “Lorca Vive”, una combinación de fragmentos de las principales obras de Lorca en la que participaron cincuenta actores en escena.

Recuerdo el reality de “Protagonistas”, en el que jugaste un papel muy importante.

Mucha gente lo tiene muy presente. Estando en temporada coincidí con un miembro del equipo de producción de ese proyecto televisivo de concurso para la cadena Univision. Al ver mi trabajo y estilo para asesorar, me invitó a participar como coach de actuación.

El impacto de audiencia de esta producción de Promofilm US (Imagina US) fue increíble. Cada emisión del show llegó a ser vista por millones de espectadores. Durante las eliminatorias, acumuló más de nueve millones de votaciones, mientras que la gran final registró más de 2,4 millones. 

A cualquier ciudad a la que iba, la gente me reconocía por mi colaboración ahí. 


Una gran experiencia, con enormes enseñanzas

Me dejó la conciencia de lo importante que es seguirnos preparando, actualizar lo que sabemos, reconstruirnos, reinventarnos al día a día, razón por la que he recorrido el mundo buscando cursos, talleres, clases magistrales, puestas en escena, lecturas y a los mejores mentores, grandes formadores de los que pueda aprender para, a mi vez, compartir con el alumnado de todas las edades, desde niños y adolescentes, hasta adultos jóvenes y adultos. 

Una de ellas ha sido la gran Roberta Carreri, parte del Odin Theater de Dinamarca, que es una de las compañías teatrales más importantes del mundo.

¿En qué momento se abrieron a grupos infantiles y juveniles?

En el 2012 comenzamos la escuela de actuación para niños y jóvenes, un sector al que nadie le había puesto atención. Incluso nos convertimos en los primeros en crear talleres de actuación en español para los niños de Miami y áreas cercanas. Inicialmente, contábamos con grupos de entre 10 y 12 niños, ahora, cada temporada logramos contabilizar hasta 300 pequeños. 

Actualmente estamos con el grupo número 114, como cada uno ha contado con un promedio de 25 personas, basta un poco de matemáticas para que nos demos cuenta de las decenas y decenas de actores que se han formado y egresado al campo laboral desde nuestras aulas.

En conjunto, hablamos de 350 puestas teatrales, incluyendo musicales y para niños.

Muchos de nuestros graduados del conservatorio están viviendo la magia de la actuación, siendo parte de los elencos, incluso protagónicos, de emisiones de Nickelodeon, Televisa y Telemundo, entre otras productoras y plataformas audiovisuales.

¿Cuáles son los principales criterios para sus cursos y talleres de actuación?

Nuestro oficio es orgánico, dinámico, cambiante; siempre abierto a ajustarse al tono del estado de las cosas, los intereses y las nuevas ventanas. Ahora, la actuación en general tiende más a la relación entre el intérprete y una cámara, por lo que se exige mayor naturalidad y menos grandilocuencia -propia del teatro-. Esto ha sido uno de los cimientos de nuestro método: construir en contexto, “muy a lo cine”. 

Podríamos hablar de un “teatro de imágenes” o “recreación de situaciones a partir de imágenes” y pensando, simultáneamente, en criterios de realización en audio y video (audiovisual) para que, al combinarse con edición, efectos, musicalización, titulaje, etcétera, cobre una vida distinta y pase a otro nivel. Dicho de otro modo, enseñamos actuación para todas las posibles ventanas de exposición, desde las de representación en tiempo real (teatro) hasta las de performance y registro (en digital, video o filme).


¿Qué sigue para Miguel Sahid y para SAH?

Queremos seguir creciendo, institucionalizar la parte del conservatorio para adultos y poder, incluso, crear una Universidad; siempre ondeando nuestras premisas, esas que buscan detonar la capacidad del alumno e inyectarle el ánimo de seguir, pensando siempre en que todo aquello que le funcione se quedará como su propia técnica.

“Queremos seguir creciendo, institucionalizar la parte del conservatorio para adultos y poder, incluso, crear una Universidad”

Sé que preparas una sorpresa para todos los amantes de la actuación. 

Se trata de una propuesta editorial que lanzaremos a nivel mundial desde Miami, Florida, en Estados Unidos, en febrero del 2022. En ella, busco compartir, de la manera más amplia y abierta posible, mi pasión por el arte de actuar tanto en teatro como en cine y televisión, tocando lo que he aprendido durante años de trabajo y estudio y siguiendo, sobre todo, los temas y metodología que, hoy por hoy, da fuerza y prestigio a la Sociedad Actoral.

En las páginas de mi primer libro, tanto en digital como en impreso, el lector encontrará, además de la recopilación de casi un año de sesiones en clases y talleres, el deseo y la pasión por la carrera actoral, pero, también, los miedos y desaciertos, porque tenerlos presentes y en claro nos ayudará a levantar, a hacernos más fuertes y abrazar la decisión de tomar los retos como al toro, por los cuernos.

Es un libro pensado para todo aquel que quiera conocer y/o adentrarse en la actuación. Se ha trabajado, desde el temario, lógica de contenido y estilo de redacción, para que resulte claro y útil, tanto para estudiantes novatos como para avanzados e, incluso, para actores profesionales que estén deseosos de repasar lo aprendido desde distintos enfoques.

Además, con variantes muy interesantes, como la inclusión de referencias interactivas, ilustraciones novedosas e indicaciones de ejercicios prácticos para hacer en casa.

¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje hasta ahora?

A lo largo de mi vida aprendí que lo que le regalemos a las tablas, sets y foros, será lo mismo que éstos nos regalen de vuelta. Si les damos migajas, migajas nos darán. Si les damos sudor y corazón, nos devolverán un trampolín hacia grandes posibilidades en el mágico mundo de la interpretación.

Informar, practicar, insistir y no desesperar. Cuatro pasos importantes, cuatro variables básicas que determinan las posibilidades de éxito en todo lo que hagamos y que siempre señalaré en abierto y entre líneas.

Miguel Sahid en Bodas de Sangre de Federico García Lorca.

 

“A lo largo de mi vida aprendí que lo que le regalemos a las tablas, sets y foros, será lo mismo que éstos nos regalen de vuelta”

Debes sentir mucho orgullo. Y, seguramente, Nancy estaría feliz.

Estoy muy orgulloso de todos estos logros. Feliz de que tanto paso firme, tanta siembra, representen avances y frutos, a la vez que me hacen sentir que el espíritu de Nancy sigue entre nosotros, en cada ensayo, en cada montaje, en cada caravana de agradecimiento, en cada aplauso.