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Por: Gabriela Arenas
Fotografía: Gabriela Arenas
Fotografía: Gabriela Arenas
Donde la memoria camina
Fotografiar es para mí, una forma de acompañar, una forma de decir que estas historias importan.
Cada 8 de marzo camino la ciudad con mi cámara entre las manos. No voy como espectadora, voy como mujer, como fotógrafa y como alguien que necesita mirar de frente lo que muchas veces se intenta ignorar. Antes de escuchar las consignas, veo los rostros que están impresos en hojas, carteles y fotografías sostenidas con amor. Son miradas que permanecen, nombres que alguien se rehúsa a dejar ir. En esos momentos entiendo que esta marcha nace del dolor, de la memoria.
He visto mujeres que caminan en silencio, como si cada paso fuera una forma de sostener a quienes ya no están. He visto miradas que no buscan confrontar, sino recordar. La ciudad sigue siendo la misma, pero ese día algo cambia, el espacio público se llena de una presencia distinta, una que no pide permiso para existir.
“...he visto familias marchando juntas, madres cargando a sus hijas y padres sosteniendo carteles que hablan del futuro; imágenes que me conmueven profundamente, porque ahí se revela algo esencial: esta marcha no habla solo de la ausencia, habla también de la vida que continúa y de la necesidad de protegerla”
He visto mujeres que caminan en silencio, como si cada paso fuera una forma de sostener a quienes ya no están. He visto miradas que no buscan confrontar, sino recordar. La ciudad sigue siendo la misma, pero ese día algo cambia, el espacio público se llena de una presencia distinta, una que no pide permiso para existir.
Hay momentos de tensión, momentos en los que la rabia aparece. No es fácil de ver, ni de entender desde fuera. Pero estando ahí, lo que percibo no es destrucción, sino el resultado de un dolor que ha sido acumulado durante demasiado tiempo. Mi cámara no busca el conflicto, busca los instantes donde la memoria se vuelve visible, donde el dolor encuentra una forma de existir sin desaparecer.
Fotografiar es para mí, una forma de acompañar, una forma de decir que estas historias importan, que estas vidas no se reducen a una cifra, ni a una noticia que desaparece al día siguiente.
Y entre todas las imágenes que quedan, hay una que siempre regresa: la de una niña que observa, que toca un símbolo pintado en el muro, sin saber aún todo lo que significa. En ese gesto habita algo más grande que el presente, la posibilidad de un mejor futuro.
Cada vez que capto imágenes con mi cámara, entiendo que esta marcha no es solo un acto de protesta, sino un acto de presencia que en la memoria se niega a desaparecer.
Porque mientras alguien siga caminando, nombrando, mirando y alzando la voz, la memoria seguirá viva.
Donde la memoria camina, también camina la esperanza.
gabyarenas1@gmail.com
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