Por: Edui Tijerina
Fotografía: Cortesía Miguel Garza
MIGUEL GARZA
Un autógrafo: mi boleto al mundo de la actuación
En
1985, cuando trabajaba para el programa “Esta Mañana”, del productor Héctor
Martínez Cavazos, para el entonces Canal 3 de Monterrey, tuve oportunidad de
acudir al Teatro Monterrey del Seguro Social (IMSS) para entrevistar a las
protagonistas de la pieza teatral “Ausencia de Dios”: Marga López y Blanca
Guerra.
En el
camerino me encontré no sólo a mis entrevistadas sino, también, a un muchachito
de apenas unos 10 u 11 años, que entraba y salía de las instalaciones, como si
nada, para platicar con el elenco de la puesta en escena y hasta pedir
autógrafos.
Años
después, estando ya en México en el equipo de producción de “Siempre en
Domingo”, volví a coincidir con él a través de mis queridos amigos el cantante
solista Flavio César y su hermano Charlie Martínez, del grupo “Magneto”. Para
ese entonces, ya todo un joven que comenzaba su carrera en el mundo de la
actuación.
Hoy,
casi 40 años después de aquel primer saludo en un camerino de teatro, puedo
decir que somos grandes amigos y tengo el gusto de platicar con él para
presentarlo con todos Ustedes, queridos amigos lectores de “Arte, Cultura y
Sociedad”.
Se
trata del talentoso actor y productor regiomontano, Miguel Garza.
Mi
querido Miguel. ¿Te parece si nos vamos al Monterrey de mitad de los 80s?
Entonces
viva en mi amada Sultana del Norte. Tendría unos 8 o 9 años. Por ese entonces
fue cuando descubrí mi atracción por los escenarios, por la actuación, por el
mundo del espectáculo en general.
¿Cómo
fue que la descubriste?
En el
centro de Monterrey, por Avenida Constitución, estaba el centro de actividades
artísticas, deportivas y recreativas del Instituto Mexicano del Seguro Social,
IMSS. Ahí se impartían clases de cocina, baile, música, actuación.
“Así fue como empecé a coleccionar
autógrafos. Sin pensarlo, sin
imaginarlo. ¡Mis boletos!”.
¿Tomabas
clases en ese centro?
Mis
tíos Guacho y Lupita eran maestros de baile y, como mi abuelita materna vivía
cerca, yo me iba caminando hasta el lugar para verlos impartir sus clases. No
era alumno, pero sí un observador muy interesado en el ambiente, en la
disciplina, en los talentos y en ver la pasión con la que mis tíos compartían
sus conocimientos.
¿Así
fue cómo descubriste tu vocación?
Digamos
que fue el comienzo del descubrimiento.
¿El
comienzo? A ver, cuéntanos.
Un día,
salí del centro y, al pasar frente al Teatro “Monterrey” del Seguro Social, que
estaba al lado, vi que un grupo de personas rodeaban a una señora que les
estaba firmando unas fotografías y papeles. Eso me llamó la atención y me
acerqué a ver de qué se trataba. Alguien me preguntó si quería una hoja para
que también me firmara y la acepté. No sabía de qué se trataba, pero pues ahí
estaba, esperando mi turno a que me diera su firma, que luego supe que se le llamaba
“autógrafo” y, junto con otros que se fueron sumando, se convirtieron en un
gran boleto para comenzar mi carrera artística.
Y,
finalmente, llegó tu turno.
Así
fue. Llegué ante ella, le di mi papel y, en eso, le llamaron desde el lateral
del teatro. Comenzó a caminar mientras
escribía una dedicatoria en mi hoja, y yo detrás, siguiéndola. Para cuando
menos imaginé, ya estaba dentro del teatro, con ella.
Una
niña, más o menos de mi edad, vino a encontrarla y entramos al camerino. La
señora nos presentó y nos pidió ponernos a jugar mientras ella se arreglaba. La
niña y yo jugábamos, íbamos y veníamos, entrabamos a la sala, volvíamos al
camerino, en fin. Hasta que la señora estuvo lista y salió para ver dónde
andábamos, pues ya se acercaba la hora de que entrara el público y dieran
la
primera llamada para presentar la obra que protagonizaba.
A todo
esto, ¿quién era esa señora? ¿Quién era la niña?
Se
trataba de doña Jacqueline Andere y de su hija Chantal.
¿Y qué
obra era?
No
recuerdo el título, pero también actuaban Pilar Pellicer y Javier Marc.
¡Gran
anécdota!
Disfruté
mucho esa experiencia. Tanto, que empecé a ir cada fin de semana y hacía lo mismo:
me acercaba al elenco y pedía autógrafos. Esos eran mis boletos, como te decía,
para hacerles plática y entrar por la puerta de atrás.
¿Y no
te regañaban? ¿Llegaste a tener problemas con el personal del teatro?
¡No!
¡Para nada! Al contrario. Llegó un momento en que todos me conocían:
tramoyistas, utileros, taquilleros. Todos me veían como “el niño del teatro”.
Iba, venía, subía, bajaba; andaba por el “paso de gato” y casi, casi, era el
que recibía a los actores.
“Nuestra responsabilidad como figuras
públicas implica aprovechar el escenario para compartir información que
oriente, que haga reflexionar, que encamine”.
¿Qué
actores o actrices fueron tus primeros amigos dentro de esa dinámica de
integración al mundo del teatro?
Me hice
amigo de Ofelia Guilmain. También de Lucy Gallardo, Juan Ferrara, Marga López, Helena
Rojo… Llegué a tener buena comunicación con todos los que iban. Me trataban como si fuera su hijo, su sobrino.
Parte de la familia, vaya.
Y todo
a partir de un primer autógrafo.
De
hecho, así fue como empecé a coleccionar autógrafos. Sin pensarlo, sin imaginarlo. ¡Mis boletos!
Pero,
bueno. Así surgió tu atracción por el mundo de la actuación y los escenarios,
pero, ¿cómo fue que comenzaste profesionalmente?
A los
15 años, durante una visita familiar a la Ciudad de México, fuimos a Televisa a
saludar a mi tía, prima segunda de mi madre. Durante la charla, ella se me
quedaba viendo, como pensando que tal vez daba el tipo para estar a cuadro en
una pantalla de televisión, y me preguntó que si me interesaba actuar. Obviamente, la respuesta inmediata fue que sí.
¿De
quién estamos hablando cuando refieres a “mi tía”?
Irma
Lozano. Una grande del teatro, cine y
televisión mexicanos. También, una
estrella del doblaje. Fue la voz en
español de Barbara Eden con su personaje de Jeannie en “Mi Bella Genio”.
Entonces,
preguntó si te interesaba actuar…
Y dije
que sí. Luego de eso, me mandó a la
oficina de Juan Osorio. Arturo Guízar
fue el encargado de hacerme una audición; un casting. Yo no sabía qué era eso. Ni una sola idea de nada de eso.
¿En qué
consistió esa audición?
Me
pidió leer un libreto de escena de telenovela. Yo hacía un personaje y él,
otro, dándome réplica.
Durante
la lectura, él se reía y reía. Le pregunté de qué se burlaba. Muy apenado, me
dijo que no era burla. Simplemente le parecía graciosa mi forma de hablar, con
acento norteño, muy regio, muy marcado. Fue cuando pensé que tenía que trabajar
eso. Ahora hay instructores para
ayudarte con los acentos. Les llaman
“Coach de acento neutro”.
¿Y qué
pasó? ¿Te dieron el papel?
Me
quedé con el personaje. Se llamaba “Alejandro”, el mejor amigo del personaje de
Cristian Castro en “Mi Segunda Madre”, una telenovela producida por el propio
Juan Osorio, con María Sorté, Enrique Novi, Daniela Castro y Alfredo Adame,
entre muchos otros grandes nombres que completaban el elenco.
Ahí sí
que fue el inicio del camino…
¡Exacto! Me vine a Ciudad de México y, al principio,
estuve viviendo en casa de mi tía Irma. Cuando terminó “Mi Segunda Madre”, con la que
fui muy feliz porque aprendí muchísimo sobre lo que era hacer televisión por
todo lo alto, comenzaron a llegar otros proyectos.
Seguro
lo hiciste muy bien con tu personaje de debut. De otro modo, no habrían llegado
otras oportunidades así tan pronto.
Pues
sí. Y, modestia aparte, debo decir que
fueron producciones muy exitosas. Por ejemplo, “Luz y Sombra”, con Thalía y
Enrique Álvarez Félix; “En Carne Propia”, de Carlos Téllez -el productor y
director de “Cuna de Lobos”- con las actuaciones de Gonzalo Vega y Edith González.
Yo interpretaba al hijo del personaje de
la señora Ana Bertha Lepe.
¡Ah!
¡También hice episodios de “Papá Soltero”! Inolvidable esa serie de comedia y
drama familiar, con César Costa como estelar.
¿Y te
preparaste con cursos y talleres de actuación, o todo fue con base a tu
sensibilidad y talento nato?
Pues
entré al Centro de Capacitación de Televisa, conocido como CEA, pero tuve que
salirme al relativamente poco tiempo.
“Completamos 7,200 representaciones de
la obra “Juegos de Amor” donde compartí escenario con mi prima María Rebeca y
Claudia Ivette”.
¿Cuál
fue el motivo?
Entrar
al elenco de “Muchachitas”, una telenovela que hizo historia en el bloque de
producciones juveniles de la empresa.
Ah,
bueno. Al menos el motivo de tu salida del CEA fue algo bueno: más trabajo.
Para
ese tiempo ya me había mudado a vivir con mis amigos, el cantante Flavio César,
y su hermano, Charlie de “Magneto”, también regios.
¿Qué
pasó después de “Muchachitas”?
La
telenovela tuvo tanto éxito que se fue alargando. En el inter, me fui a Perú para hacer una telenovela
que, finalmente, no se concretó. Me regresé a México y logré reintegrarme a “Muchachitas”.
Después, “María Mercedes” con Thalía, “Marisol” con Erika Buenfil, “Contra
Viento y Marea”, “El Último Año”, “El Juego de la Vida”, “Vivo por Elena”, “La
Candidata”, “Amar Otra Vez”,
“El
Señor de los Cielos”, “Camelia la texana”, “La Piloto 2”, “El Conde”. ¡Han sido
más de 30 telenovelas y series con papeles de todo tipo: grandes, medianos,
pequeños!
¿Importa
el tamaño del papel?
Sí y
no. Sí, porque un papel protagónico, o secundario con alto nivel de presencia
en la historia, te da presencia, proyección y beneficio económico. No, porque
como actor, todo personaje
representa
un reto y la exigencia de hacerlo con amor, con pasión, con toda la entrega,
aunque no diga una sola palabra. Lo que le da peso es lo que logres transmitir
a través de él.
¿Y has
hecho unitarios?
¡Claro!
He estado en los tres unitarios de mayor índice de rating. Puedo mencionar,
hasta ahora, 2 de “Como Dice el Dicho” y 25 de “La Rosa de Guadalupe”, pero mi
récord está en “Mujer, Casos de la Vida Real”, con la señora Silvia Pinal. De ese programa participé en 53 historias.
¿Cuándo
comenzaste a enfocar en los escenarios teatrales?
Con un
libreto titulado “Juegos de Amor”, una obra muy especial para mí en la que
compartí escenario con mi prima María Rebeca y Claudia Ivette.
¿Qué
tuvo esa obra para que la refieras como algo muy especial para ti?
La
representamos por doce años ininterrumpidos. Con ella recorrimos secundarias,
preparatorias, universidades tecnológicas, teatros, kioscos, gimnasios,
explanadas. Tuvimos eventos especiales por el “Día Mundial del Sida” y el “Día
Mundial contra la Drogadicción”. En fin… Muchas satisfacciones.
Entiendo
que se trataba de un montaje de carácter social.
Exacto.
Finalmente, nuestra responsabilidad como figuras públicas implica mucho de eso,
es decir, aprovechar el escenario para compartir información que oriente, que
haga reflexionar, que encamine.
¿Cuántas
representaciones en esos doce años?
¡7,200
representaciones! ¡Muchísimas!
¿Fue la
única puesta en escena de carácter social?
No.
Luego hice “Desatinos”, con Irma Lozano. Fueron diez años de funciones. De hecho, fui alternando
las dos obras en todo tipo de escenarios. Esta también abordaba el tema del
VIH, que para los tiempos que corrían, mediados de los 90, era tabú.
Con
“Desatinos” estuvimos, incluso, en el Festival Cervantino. Muy enriquecedor.
Experiencias únicas. Pero, con tantos años abordando un mismo tema, uno llega a
necesitar un cambio, un giro, aire fresco.
¿Y qué
hiciste para conseguir esa redirección, ese nuevo aire?
Me
compré otra obra. Fui a Nueva York y conseguí los derechos de “Las Mariposas
son Libres”. Hice la traducción y,
luego, con la ayuda de Irma Lozano y Roberto D’Amico, me encargué de la adaptación.
A esa versión la titulé “Ciego Amor”.
¡Y
seguro fue otra puesta de larga temporada!
Fueron
1,900 representaciones, para ser exactos, a lo largo de seis años. En ella
actué junto a Sylvia Pasquel, que estuvo cuatro años y, al completar su ciclo,
se fue a hacer una telenovela, dejando su personaje a Norma Lazareno y Alicia
Bonet, como actrices invitadas. Luego llegó Ana Luisa Peluffo, con quien hice
dos años, hasta que terminó la temporada.
Cuéntanos
de tu faceta como empresario.
Bueno,
sí. También he pisado esos terrenos y, la verdad, también lo he disfrutado
mucho. Te ayuda a explorar otras vetas creativas y a desarrollar la capacidad
administrativa y de logística.
Como
empresario, por ejemplo, trabajé con Jenny Rivera en todas sus presentaciones
del Auditorio Nacional. También traje por primera vez a nuestro continente,
directo de Berlín, Alemania, el espectáculo “Soap”, que es tipo Cirque Du
Soleil, pero jugando con tinas de baño.
Otra de
mis grandes satisfacciones como empresario fue el montaje de “Mame”. Compré los derechos, junto con Gaby Ruffo
traduje el texto y la adaptación corrió a cargo del maestro José Solé.
“El ser empresario te ayuda a explorar
otras vetas creativas y a desarrollar la capacidad administrativa y de
logística”.
¿Y qué
tal?
¡Fueron
dos años maravillosos! Tuvimos alternando a Itatí Cantoral y a Stephanie Salas
con el papel estelar de la tía Mame. Con ellas, un elenco integrado por figuras
como Lorena Velázquez, Dalilah Polanco, Eduardo Liñán, Ricardo de Pascual y
Víctor Noriega, entre muchos otros.
¿Participaste
como actor, o sólo como empresario?
Hice
dos personajes: Patrick, el sobrino, y Lindsay, el mejor amigo de Mame.
¿Qué
tal tu incursión en el formato de teatro breve?
Hice
una llamada “Sueña”, que tenía como concepto básico el principio del teatro en
el cine. Lamentablemente no funcionó por
temas de logística de la cadena de exhibición que participaría. Pero llegaron muchas otras, incluyendo dos de
tu autoría, mi querido Edui: “La Segunda Oportunidad” y “Rojo 33”, ésta última
con Rossana San Juan y con el regreso a los escenarios teatrales de Carmen
Campuzano.
¿Cómo
surgió la idea de tu programa “De Noche con Amigos”?
Durante
la pandemia, cuando se suspendieron las grabaciones de “Falsa Identidad 2”, mis
compañeros de elenco y yo, como todos los actores y actrices, nos quedamos sin
trabajo y, claro, igual que la población mundial, nos tuvimos que guardar en
casa.
Para
entretenerme, desahogar la necesidad expresiva y de comunicación, y para
mantenerme vigente también como conductor y entrevistador, empecé a hacer lives
de Instagram. Lives que luego se
convirtieron en entrevistas con identidad propia… y esa identidad es el
programa con el que acabo de cumplir cuatro años con casi 500 emisiones.
¿A
quiénes has entrevistado, por ejemplo?
Ricardo
González “Cepillín”, Rebecca Jones, Rosita Pelayo, Raquel Pankowsky, Lorena Velázquez.
Los menciono primero a ellos a manera de homenaje, porque ya se nos adelantaron
en el camino.
También
he tenido entre mis invitados a Lin May, Maxine Woodside, Dulce, Rocía
Banquells, Carlos Cuevas, María Antonieta de las Nieves “La Chilindrina”,
Lupita Lara, Carlos Bonavides, Anabel Ferreira. ¡Vaya! Te digo, han sido casi
medio millar.
Dada mi
pasión por el teatro, cada cien programas develo una placa conmemorativa. Y espero develar muchas más.
Mis
respetos, mi querido Miguel. Realmente tienes una trayectoria larga, constante,
que has andado a paso firme y que promete seguir abriendo muchas nuevas puertas
para ti. Por algo, la Asociación
Nacional de Actores (ANDA) te reconoció con la medalla “Virginia Fábregas”.
Sí. Fue una ceremonia muy linda; emotiva e
inolvidable.
Y aquí
andamos, entregando cuerpo y alma a esta pasión por los escenarios, que es lo
que nos mantiene vivos, la que da fuerza para trabajar, para forjarme día con
día, empezando cada mañana como si fuera a partir de cero.