GABRIEL DURÁN | El cine como ventana de nuestro verdadero yo | EDUI TIJERINA | Febrero 2024

MARIO LORÍA | Todos los actores y actrices debemos LLEVAR TERAPIA | EDUI TIJERINA | Enero 2024

Por: Edui Tijerina Chapa
Fotografía: Cortesía Mario Loría



MARIO LORÍA
Todos los actores y actrices debemos LLEVAR TERAPIA

Seguro que el público televidente recuerda a Santiago Luna, de “Monarca” (2021), a Jonás de “Rosario Tijeras 2” (2018), a Heriberto de “Señora Acero”, a Sergio Aldama de “Para Volver a Amar” y al Padre Agustín, de “Capadocia” (2008) o ha seguido de cerca a Adrián Peñaloza, de “El Maleficio” (2023) -actualmente al aire-, entre muchos otros personajes que comparten el cuerpo y rostro de un mismo gran actor que los interpreta.

Se trata de Mario Loría, quien, al comenzar este 2024, nos dedica parte de su tiempo para compartir algo de lo mucho que habita en su mente y cuerpo emocional; eso que, sin duda, juega un papel importante tanto al perfilar la interpretación de sus personajes en la ficción como para dar pasos firmes y avanzar en la vida real, siempre al pendiente de acciones a favor de sus colegas en particular y de la sociedad en general.

Mi querido Mario: leí una afirmación que hiciste respecto a que tu infancia fue algo compleja. ¿A qué te refieres con eso?

Mira. Te platico: Si solamente tomo en cuenta mi núcleo familiar, soy el primero de cinco hermanos. 

Digo esto porque mi padre tuvo un hijo con otra mujer antes de casarse con mi madre y, cuando cumplí trece años, ellos se separaron.

Tiempo después, mi padre formó otra familia y tuvo una hija; así que, soy el segundo hijo de mi padre y el primero de mi madre, por lo tanto, soy el primero de cinco hermanos por un lado, y el segundo de siete por el otro; con toda la complejidad sistémica que eso conlleva. 

Una situación muy particular. ¿No?

Toda una rareza para los civiles, pero todo un lugar común para los que nos dedicamos a cualquier disciplina artística.  

Ya que tocas el tema, ¿qué momento infantil marcó tu orientación vocacional?

Si me preguntas cuáles fueron los momentos de infancia que determinaron mi orientación vocacional, resulta harto difícil escoger sólo algunos.



Digamos, entonces, que esa variedad de momentos fue lo que definió tu actualidad. ¿Qué eres? ¿Quién eres?

Por un lado, me gusta pensar que soy actor, cocinero, escritor y viajero, en ese orden. Por otro lado, soy pareja, hijo, hermano, amigo y activista, en ese orden. No estoy seguro de si hago bien o mal alguna o todas las anteriores, pero sí sé por qué soy lo que soy y también sé que trabajo duro para hacerlo bien.

¿Por qué eres actor?

Soy actor, porque en la adolescencia descubrí el teatro y “La Tempestad” de William Shakespeare, de la mano de mi maestra, Matilde Kalfon (QEPD).

“Me gusta pensar que soy actor, cocinero, escritor y viajero, en ese orden”

¿Y las otras facetas que referiste?

Soy cocinero, porque mi madre cocina como si estuviera tocada por los dioses y desde pequeño aprendí a cocinar con ella.

Soy escritor, porque, en la adolescencia también, mi maestro y padre putativo, el escritor Gerardo Rodríguez (QEPD), me acercó a la literatura de manera profunda e intensa.

Soy viajero, porque, cuando era un niño, con mi padre, por un lado y mi madre, por el otro, mis hermanos y yo recorrimos cientos de kilómetros en las carreteras peninsulares del sureste mexicano y conocimos cada rincón de esas tierras con toda su riqueza.

Soy pareja porque tengo a mi lado a una gran mujer que entiende lo que soy y me acepta con todos mis chamucos y no tuve más remedio que amarla.

Soy hijo, porque amo a mis padres profundamente, porque yo sé que, sin ser perfectos, hicieron su mejor esfuerzo para construirnos a mis hermanos y a mí.

Soy hermano, porque amo a mis hermanos de sangre, realmente somos y nos comportamos como un clan, pero también porque amo a esos hermanos que la vida me dio fuera de mi familia, esos hermanos que uno escoge.

Soy amigo, porque la vida me ha bendecido con los mejores amigos que alguien puede tener y que me han enseñado lo que es la verdadera amistad.

Y soy activista, porque mis circunstancias de vida me han permitido visualizar y entender, a pesar de mis limitaciones, aquellas causas a las que apoyo. 

Te refieres a tus padres y hermanos con evidente amor. ¿Qué es lo que más recuerdas de tu vida en ese núcleo familiar?

En muchos aspectos fue una vida privilegiada. Nací en Mérida, Yucatán, pero crecí en Cancún. Al principio, mis padres tenían poco menos que lo elemental para subsistir y, a pesar de eso, se las ingeniaron para que no faltara nada en casa. Mi madre dice que hubo ocasiones en las que mi padre no comía para que ella y yo pudiéramos hacerlo. 

Vivíamos en una casa pequeña, de interés social, situada en una colonia con calles sin pavimentar, pero en ese entonces existía mayor movilidad social en nuestro país y, con el tiempo, gracias al esfuerzo de mis padres, las cosas fueron mejorando, a la vez que la familia fue creciendo.



Entonces, fueron tiempos de escasez, pero los enfrentaron unidos por el amor familiar. ¿Cierto?

Exacto. Qué bien que lo puntualizas, porque no quiero que lo anterior se mal entienda. En este caso, la escasez no significó infelicidad o penurias, al contrario, México era otro país, había mayor seguridad, así que mis hermanos y yo disfrutábamos de libertad absoluta para existir: podíamos estar solos en la calle sin preocuparnos por nuestra seguridad y montar en la bicicleta hasta altas horas, sin ningún peligro, más allá de los madrazos de rigor por las caídas.  

¿Cómo era el ambiente entre Ustedes?

El ambiente familiar tuvo sus altas y bajas. Como hermanos siempre fuimos muy unidos, pero mis padres tenían sus desavenencias y, finalmente, terminaron por separarse cuando yo tenía trece años. Después de eso, mi madre, mis hermanos y yo nos fuimos a vivir a Mérida y ahí la dinámica se transformó completamente porque, de golpe y porrazo, dejamos de ver a nuestros amigos y parientes de Cancún para tratar de construir un círculo completamente nuevo en mi lugar de nacimiento.

¿Recuerdas alguna otra etapa difícil, además del divorcio de tus padres y el cambio de ciudad?

En algunos aspectos, mi niñez fue complicada debido a diferentes trastornos conductuales. Viví rodeado de terapeutas y, casi permanentemente, medicado con Ritalin. Eso fue desde los seis hasta los trece años, por la irresponsabilidad de un psiquiatra que me trató como un conejillo de indias y que le hizo creer a mis padres que tres pastillas diarias eran normales para un niño de mi edad.

Cuando conseguí revelarme y dejar de tomar el medicamento, atravesé por un año de depresión producto de la desintoxicación; ya te podrás imaginar lo que eso significa a los 14 años.

¿Qué fue lo que te acercó inicialmente a esos terapeutas? 

Podemos sintetizar diciendo que he aprendido a vivir y convivir con el insomnio crónico e intermitente desde que tengo uso de razón y también con cuadros de ansiedad como consecuencia de ciertos eventos desafortunados durante mi infancia. Todo esto afectó mi capacidad para relacionarme con la gente y provocó un aumento de peso gradual hasta que llegué a ser un adolescente obeso de 137 kilos, lo cual, por supuesto, me causó otros varios problemas de salud y de conducta. Aún ahora, cuando ya he trabajado y sanado muchos de esos aspectos, existen situaciones y personas ante y con las cuales me es complicado coexistir e interactuar.  

“Mi niñez fue complicada debido a diferentes trastornos conductuales. Viví rodeado de terapeutas y, casi permanentemente, medicado con Ritalin”

Y fue dentro de ese marco que te encontraste con la actuación…

Desde pequeño me sentí atraído por los escenarios y participaba en cualquier cosa que me permitiera subirme a uno, pero, realmente, fue hasta que estudié comunicaciones cuando, gracias a mi maestra Matilde Kalfon, a quien referí al principio de esta charla, comencé a hacer teatro en montajes de William Shakespeare. Ahí comenzó mi amor por el teatro y por la actuación en general.




¿Cómo fue que se dio esto?

Bueno, a nivel amateur llegué de rebote porque tuve que suplir a un actor que se rajó una semana antes del estreno de una pastorela clásica. Me ofrecí sin pensar en las consecuencias y me aventé el torito de aprenderme a satanás, en verso y en castellano antiguo. Fue estresante pero muy satisfactorio, sobre todo estresante. Tenía diecisiete años.

¿Cuáles son los montajes que más recuerdas? Los que más huella dejaron en ti.

Le tengo especial cariño a “La Tempestad” de William Shakespeare, “El Enemigo del Pueblo” de Henrik Ibsen y a la trilogía de Víctor Hugo Rascón Banda, “Armas Blancas “, porque fueron tres obras de teatro que marcaron mi transición de la adolescencia a la adultez y definieron mi vocación actoral.

¿Y tu debut a nivel profesional?

Fue de la mano del maestro Héctor Mendoza (QEPD) con la obra “Tiernas Puñaladas”, escrita y dirigida por él mismo. Era una versión revisada de una obra que se llamaba “Los Asesinos Ciegos”, también de su autoría. Ese montaje se presentó en el teatro “Santa Catarina” de la UNAM y formó parte la cartelera oficial de la misma Universidad. Fue sumamente importante para mí porque considero que fue el mejor debut profesional posible.  

¿Te presentaste a prueba de selección, te llamaron o cómo llegaste ahí?

Héctor Mendoza era mi maestro. Cuando terminó el día de evaluaciones me llamó para ofrecerme el papel y recuerdo que brinqué de la felicidad porque sólo unos minutos antes estuvieron a punto de expulsarme de la escuela debido a que apenas cubrí los estándares mínimos para permanecer ahí, así que no podía creerlo. Terminé haciendo el protagónico de la obra y siendo el único actor del elenco que no era egresado de la UNAM o del ENAT.

 Mario Loría en la obra teatral “Los Camellos”.


Debutar de la mano del Maestro Mendoza. Todo un privilegio.

Sin duda. cY es que el maestro Héctor Mendoza es uno de los mayores referentes del arte dramático en nuestro país, formador de grandes actrices, actores y figuras de la dirección, por lo tanto, debutar profesionalmente bajo su dirección era lo que cualquier actor hubiera querido y yo tuve la oportunidad de hacerlo, así que me considero un privilegiado; sobre todo porque cuando lo hice aún era estudiante y me faltaba un año para terminar mis estudios.

¿Cuál ha sido el principal reto que te ha presentado esta carrera?

Toda mi carrera lo ha sido, en realidad; desde que comencé mi formación académica. Nunca me he visto como un actor con talento natural, mi trabajo siempre ha estado basado en la disciplina, el trabajo duro y el estudio. Cuando era estudiante me costaba estar a la altura de los que yo consideraba los mejores de mi generación y siempre estuve a punto de ser expulsado por estar en el límite de lo que, a juicio de los maestros, eran los requerimientos mínimos para pasar al siguiente nivel. Afortunadamente, siempre hubo un maestro o maestra que apostó por mí y defendió mi permanencia en la escuela y es gracias a ellos que estoy aquí, en esta carrera, actualmente.

¿Y la mayor satisfacción?

Soy afortunado porque he tenido la oportunidad de estar en montajes teatrales memorables, series y telenovelas que han quedado en la memoria del público y he podido trabajar con gente que admiro profundamente, como Delia Casanova, Diana Bracho, Fernando Luján y tantos más.

¿Qué exigencias te representa tu responsabilidad como actor?

La actualización y el estudio constantes, el cuidado de mi cuerpo para que siga siendo un instrumento capaz, la búsqueda constante de información y guías culturales y la responsabilidad de tratar de ser un buen referente para las personas que me siguen, es decir, ser coherente y congruente con mis principios delante y fuera de las cámaras, las redes sociales y los escenarios y cuidar mi imagen como figura pública; trato de ser un buen ejemplo en la medida de lo posible y de mis limitaciones.

“He tenido la oportunidad de estar en montajes teatrales memorables, series y telenovelas que han quedado en la memoria del público”

¿Prefieres el cine, la TV-streaming o el teatro?

Sé que es un lugar común lo que voy a decir, pero, me gustan las tres cosas por motivos distintos. Lo que amo por encima de todo es actuar, no importa en dónde lo haga, para mí es un modo de vida, no una profesión, y me siento incompleto si no lo hago.  



¿Cómo ha cambiado el estado de las cosas para los actores en estos tiempos de redes sociales y plataformas?

Ha cambiado, definitivamente, y las tenemos como arma de doble filo. Por una parte, las redes sociales y las plataformas han flexibilizado el acceso del público a la obra de cualquier artista, no sólo de los actores; ha permitido que artistas de muchas disciplinas que, por angas o mangas, no tenían la oportunidad de mostrar su trabajo a las grandes audiencias o a los productores, puedan hacerlo fácilmente y eso es muy valioso, de alguna manera democratizó la difusión del talento.

¿Pero…?

Pero, por otro lado, proliferó la creación de contenidos superficiales, sin ningún valor, que han deformado el gusto del público más joven, privilegiando la fama instantánea, por eso podemos ver, por ejemplo, que ahora hay influencers con millones de seguidores, que no tienen ninguna formación actoral, que forman parte de los elencos de las series o películas. 

Hay alteración en las prioridades…

Exacto. Es que eso hace que la calidad interpretativa pase a segundo plano entre las prioridades de algunas plataformas o casas productoras que prefieren una figura con millones de seguidores a un/a actor o actriz con las herramientas necesarias para contar las historias de mejor manera.

¿Crees en la inspiración?

Creo que hay unas cuantas personas privilegiadas que están tocadas por las musas, que hacen cosas maravillosas y fuera de serie, pero no puedo decir que yo sea parte de esa elite de genios, nunca he experimentado un estado tal como ese. En mi caso, lo mucho o poco que puedo hacer por interpretar decorosamente a un personaje o por escribir un relato medianamente decente, es producto del trabajo y la disciplina. 

¿Qué te motiva a seguir en la carrera artística?

La idea de que en algún momento tendré la oportunidad de encarnar a un personaje que me exija a fondo y me dé la oportunidad de alcanzar un nuevo techo en mis capacidades interpretativas. La carrera me ha presentado la ocasión de probarme a fondo en ciertos personajes y eso me llena de vida y entusiasmo.  

¿En qué otras áreas del arte te has desempeñado?

A nivel profesional en ninguna, pero tomo muy enserio la escritura. Actualmente estoy escribiendo cuentos para poder hacer un libro y competir en alguna convocatoria.

Me gusta mucho la dirección de actores, así que espero pronto tener la oportunidad de dirigir teatro y cine. También me gusta mucho la fotografía, pero soy consciente de mis limitaciones en ese rubro. 

Con Fernando Luján actuando en teatro.


¿Cuáles son los temas que prefieres abordar en tus proyectos?

Cuando son proyectos personales trato de explorar el mundo emocional y psicológico. La mayoría de mis escritos son sobre personajes que reflexionan o exploran su mundo afectivo. 

Cuando se trata de proyectos escénicos o fílmicos le doy prioridad a las historias bien contadas y con personajes complejos, independientemente del tema que toquen. Esa es la razón por la que he hecho poco teatro, en comparación a otros actores. Amo tanto al teatro, que sólo lo hago cuando la dramaturgia es poderosa desde mis estándares.

“En mis proyectos trato de explorar el mundo emocional y psicológico”.

¿Y qué me dices de las técnicas que sigues para diseñar y dar vida a tus personajes?

Lo que siempre le digo a mis alumnos es que un actor nunca debe de casarse con una sola técnica o una forma de trabajar o de construir los personajes o la ficción. Creo que los actores debemos siempre de explorar diferentes formas y corrientes creativas para poder tomar los elementos que más nos acomoden para hacer nuestro trabajo lo mejor posible, pero, lo que es siempre un punto de partida insustituible para mí, es el análisis minucioso del personaje en turno y su relación con los demás personajes y con la historia que se quiere contar. 

Solamente en el entendimiento integral y profundo de la historia y del personaje se puede encontrar una base sólida para contar una historia con verdad y construir un personaje de adentro hacia afuera.

¿Qué uso personal le das a tu capacidad artística? Es decir… ¿Te sirve de catarsis, de catalizador? ¿O desligas el cuerpo emocional al carácter de tus personajes?

Pues, en realidad, el uso se lo di en mi etapa de formación y nunca fue de forma consciente. La exploración de los mundos emotivo y psicológico necesaria para formar a un actor es tan profunda y extensa, que uno termina conociendo muy bien las luces y obscuridades propias, los chamucos, como me gusta llamarles; por lo tanto, en el camino me fui deconstruyendo y reconstruyendo. 

Puedo decir, de hecho, que soy un ser humano distinto al que era antes de estudiar la carrera actoral. Actualmente no uso mi profesión como un instrumento terapéutico. Prefiero, en cambio, tener una terapeuta de cabecera. Creo que todo actor y toda actriz debe de tener la terapia psicológica como parte de su canasta básica.

¿Qué opinas de las nuevas generaciones de cineastas, teatristas y figuras televisivas en nuestro país?

Creo que hay elementos muy valiosos. Creo que en todas las generaciones hay gente extremadamente talentosa y otra que no lo es tanto. No pienso que eso cambie de una generación a otra, pero, lo que sí es diferente, es que las nuevas generaciones tienden a ser más autogestoras y compenetradas con el uso de los instrumentos que les brindan las redes sociales, y eso, en el mundo que nos toca vivir, es un gran plus. 

¿Cuál es tu opinión de la industria del entretenimiento en México?

Creo que atraviesa por una paradoja muy particular. Por un lado, se produce contenido en cantidades en las que nunca se había producido y hay una gran diversidad. Pero, por otro lado, se desperdician muchas oportunidades de hacer grandes cosas. En México hay muchos recursos económicos, humanos y de infraestructura, gente con mucho talento que está desperdiciada y subutilizada, si se me permite la expresión. 

¿A qué crees que se deba esa paradoja?

Todo eso se debe a la autocomplacencia, el nepotismo, la falta de capacidad de riesgo; el amiguismo, la falta de autocrítica, la falta de atención a los detalles, la segregación en múltiples manifestaciones y la confusión de prioridades. Cuando estos vicios desaparezcan de la industria, vamos a alcanzar nuestro verdadero potencial, porque talento y recursos hay y muchos. 

¿Cuáles son los principales retos, baches u obstáculos a los que se enfrentan quienes quieren incursionar en esta industria? ¿Hay alguno que sientas característico en nuestro país?

La segregación, el nepotismo y el amiguismo. Es muy difícil tener un sitio en esta industria si no se tiene un apellido “importante”, si no se es pariente de alguien “importante” o “poderoso” o si no se pertenece a algún clan o “club” de amigos o no se cumplen los cánones de belleza o raciales que la industria exige.  

No es imposible, pero es el doble o triple de difícil para los “outsiders”, así que es complicado llegar a un lugar en el que uno pueda escoger lo que quiere hacer porque esos proyectos o papeles están siempre en manos de las mismas personas, lo que termina orillando a los actores a hacer lo que pueden para poder seguir en el juego.

Mario Loría en la telenovela “El Maleficio” (2023).


¿Y el público? ¿Qué papel juega la exigencia de las audiencias en el nivel de calidad de los productos audiovisuales que se le ofrecen?

Esa es una pregunta difícil de contestar. Yo pienso que el público se ha vuelto más exigente con la calidad de los contenidos. Lo noto en la demanda que tienen series brillantes como “Breaking Bad”, “Stranger Things” o “Dark”, pero, por otra parte, quienes deciden los contenidos de las plataformas y las casas productoras, argumentan que los contenidos con más calidad no se venden y, por lo tanto, con honrosas excepciones, se siguen haciendo contenidos que no compiten en calidad con los de otros países, aún y cuando tenemos todo para hacerlo mucho mejor.

“Me encanta soñar con grandes cosas y pensar que, mientras esté vivo y sano, todas ellas pueden ser posibles”

¿Cuál es tu máximo sueño profesional?

Realmente me pones a soñar con esa pregunta y te lo agradezco enormemente, porque me encanta soñar con grandes cosas y pensar que, mientras esté vivo y sano, todas ellas pueden ser posibles.

Sueño con trabajar con los más grandes directores del mundo y hacer los personajes más interesantes y poderosos que se puedan escribir. Realmente pienso que, a mis 46, aún tengo muchas posibilidades y probabilidades de lograr eso.

Sueño con trabajar con Tarantino, Polanski, Nolan, Cronenberg, Lanthimos, Del Toro, etc.

Sueño con compartir el set y la ficción con Brad Pitt, Meryl Streep, Javier Bardem, etc. 

Siempre sueño con lo más grande, y trabajo cada día para lograrlo.

¿Y si hablamos de un sueño personal?

Viajar a todos esos lugares que aún no he tenido la oportunidad de conocer. Me encantaría caminar entre la gente de esos sitios y sentir, ver, escuchar, probar, oler todo lo que la gente de esos lugares siente, ve, escucha, saborea y huele. 

Actualmente se te ve en pantalla en la nueva versión de “El Maleficio”. ¿Qué te ha dejado, a nivel experiencia y satisfacciones, tu participación en este tratamiento actualizado del clásico televisivo?

Me siento feliz de poder hacer algo que es histórico dentro del género de las telenovelas. “El Maleficio” marcó un parteaguas en la televisión latinoamericana de la década de los 80. Es un privilegio tener la oportunidad de alcanzar un hito tan importante en este género. Espero que podamos lograr un impacto similar al que logró el clásico de 1983. Además, es un verdadero placer trabajar con un equipo de producción tan talentoso y eficiente. “El Güero” Castro y su equipo realmente saben hacer bien las cosas. Soy muy afortunado.

También acabas de estrenar en Netflix la serie de “Cindy La Regia”.

Así es. Se trata de una serie basada en la historia original del escritor y humorista gráfico Ricardo Cucamonga. En esta producción interpreto a Chuy, el papá de la protagonista, que es un personaje maravilloso y muy divertido. Para mí es un gusto poder interpretarlo porque estoy totalmente fuera de mi zona de confort.  

Mario Loría en la obra Teatral “Todos eran mis Hijos”.


Tu primera vez en comedia, según entiendo.

Cierto. Es la primera vez que hago un personaje de comedia que, además, es regiomontano (yo soy yucateco) De hecho, casi todos los actores son regios, por lo tanto, fui muy cuidadoso con la creación de personaje porque sabía que tendría sobre mí las miradas de esos actores. Además, tuve que construir un personaje completamente opuesto a lo que yo soy en todos los aspectos y trabajar en un tono y en un género en los que nunca había trabajado en toda mi carrera y, la verdad, me encanta.

¿Qué sugieres a quienes quieran incursionar en la actuación?

Que busquen una formación académica sólida, que lean todos los libros que puedan, vean todo el teatro, el cine y la tele que puedan; que escuchen toda la música que puedan, viajen, acumulen experiencias de vida, que se atrevan a vivir, porque todo eso es lo que les va a dar herramientas, autoconocimiento y cultura, que son los ingredientes que alimentan la creatividad.

También recomiendo que sean mayores de edad. Siempre he creído que este no es un medio para menores de edad. Es un medio maravilloso y con gente muy chingona, pero también puede ser muy rudo y puede uno encontrarse con personas muy mal intencionadas.

Por último, que se acuerden que esta profesión es un juego permanente. Diviértanse, diviértanse mucho, y si en algún momento dejan de disfrutarlo, es la señal para retirase y dedicarse a otra cosa.

¿Algo que quieras agregar para nuestros lectores?

Quiero agradecer profundamente que se tomen el tiempo de leer esta entrevista. El tiempo de la gente es muy valioso y agradezco esa generosidad. También agradezco el interés que puedan mostrar en mi trabajo. Yo trataré de corresponderles haciendo mi trabajo lo mejor que pueda.

Muchas, muchas gracias a ti, Edui, y a los lectores.