JULIA LAGE | La música como propósito y poder transformador | ROBERTO GARZA | Abril 2024

CHRISTEL KLITBO | Sí, soy una resentida | EDUI TIJERINA | Noviembre 2023

Por: Edui Tijerina Chapa
Fotografía de portada: Alberto Galicia Galicia
Fotografía: Cortesía Christel Klitbo
Stylist: Andrés Martínez Martínez
Maquillaje: Mar Lenox  



CHRISTEL KLITBO
Sí, soy una resentida 

Muchos de Ustedes recordarán a la pequeña Valentina Ferrer, la más inteligente y alegre del grupo de alumnos de la Maestra Ximena, en la telenovela mexicana “Carrusel”.

Ahora, 34 años después, el talento y dedicación de la pequeña actriz que dio vida a ese personaje, han crecido, se han desarrollado y, claro, moldeado una carrera sólida que sigue dando frutos. Se trata de Christel Klitbo, con quien tuve la oportunidad de compartir mesa de discusión en el “Festival de Cine Latinoamericano” (FDCLA) en Dallas, Texas, luego de la cual sostuve una amena conversación que con gusto comparto con todos Ustedes.

Cuéntanos, Christel… ¿Cómo y en qué momento descubriste tu gusto por la actuación?

Ni me acuerdo. Fue muy pequeña. Desde siempre me gustó actuar y dirigir. El cliché de la niña que hace que sus amigas trabajen para ella.  

¿Tuviste el apoyo de tu familia para seguir este camino? ¿O se te presentó algún obstáculo?

Tuve apoyo, aunque mi tía, que también es actriz, me advirtió sobre la importancia de ser blanca en la carrera. Literal, me dijo que con mi perfil siempre iba a salir de trabajadora del hogar. Spoiler: tuvo razón.

Sin duda, ese es un tema fuerte y quiero que entremos en él un poco más adelante. ¿Te parece? 

Sí. Me parece.

¿Prefieres actuar en teatro, cine o TV? 

Me gusta todo, aunque si no hago teatro un rato, lo extraño mucho más que todo lo demás. 


Cuáles son las principales variables que consideras al prepararte para dar vida a un personaje? ¿Crees que existe la inspiración o es un tema de talento y disciplina?

Creo que es personal. Hay gente muy talentosa que prepara un personaje súper complejo con pura intuición y que pueden jugar y ni siquiera preocuparse y hay gente que necesita ser muy disciplinada.

¿Tú, cómo lo haces?

Yo me valgo de una técnica u otra, dependiendo de cada personaje. Algunos me requieren mucho y otros intuitivamente sé para dónde van. La técnica sirve mucho, pero al final una va viendo qué pide cada personaje. De pronto echas mano de una cosa, de pronto de otra. A veces la técnica encajona, otras, te salva.

¿Cuál es tu género preferido, el consentido? 

Ninguno, o todos.

¿Y el género que más se te dificulta? 

Ninguno. Antes me daba terror la comedia. Luego me di cuenta de que con un buen texto es mucho más fácil y le perdí miedo al ridículo. Ahora me siento muy cómoda también en comedia.

De tus proyectos televisivos y cinematográficos, ¿hay alguno del que te arrepientas?

No. Creo que por algo te tocan distintos personajes. E s un poco como la vida, todos vienen a enseñarte algo.

¿Y el que te hace sentir más orgullosa?

Hice un monólogo de Hugo Salcedo en el que me dirigió mi tía. Lo tengo en mi corazón. Ese proyecto, definitivamente.

Christel Kiltbo a los 6 años como parte del elenco de la telenovela Carrusel.

¿Cuál ha sido tu mayor reto? Es decir, el personaje que más te ha exigido o el proyecto que más presión te ha representado.

Hice una obra sobre la violencia en México. Tenía un monólogo de una mujer asesinada que fue muy demandante. Tuvimos un par de temporadas con funciones cuatro días a la semana que me drenaban por completo. Ese, sin duda.

¿El personaje te encuentra a ti o tú encuentras al personaje?

Te encuentra.

¿Qué perfiles de personaje son los que más disfrutas, los que más te exigen, los que más te retan y ayudan a crecer?

Los que son muy diferentes de mí. Ya sé que todos respondemos eso, pero son los que verdaderamente te sacan de tu zona de confort y te obligan a trabajar.

De no ser actriz, ¿qué serías? ¿O en qué otras áreas te desempeñas?

Escribo, a veces hago producción también.

No falta quien dice que entre actores y actrices predominan las envidias y traiciones…

No me ha tocado eso. Creo que el medio ha cambiado mucho, tanto como nosotros. Las mujeres intentamos ya no competir, los hombres se están tratando de deconstruir y eso se refleja en el medio también.

¿Qué escribes? ¿No diriges?

Escribo y me urge dirigir. Debería primero intentar en teatro, pero no me llama la atención, así que seré soberbia y seguramente dirigiré como primer proyecto un cortometraje. Que Dios me agarre confesada.

Cuéntame de tu temporada en España. ¿Qué hiciste durante tu estancia allá y qué tanto ha significado en tu carrera?

Me gustaría que mi estancia hubiera sido más productiva como actriz, pero la realidad es que había una crisis tremenda y se hacía poco de todo, como en todos lados. Trabajaban los diez mismos de siempre. Logré asistir dirección, ser parte de un colectivo de teatro y producir una obra que hasta el año pasado tuvo una función. La razón por la que volví de España fue, precisamente, la falta de trabajo como actriz y lo complejo que me resultó poder generar proyectos. Aquí también lo es, pero es mi tierra.

“Las mujeres intentamos ya no competir, los hombres se están tratando de deconstruir y eso se refleja en el medio también”

También has estado en producciones como “Señorita Pólvora” y “Fear the Walking Dead”. ¿Qué tanto marcaron tu experiencia como actriz?

Cada serie que haces te enseña algo nuevo. “Fear the Walking Dead”, aunque fue un personaje mini, me permitió ver la diferencia abismal entre la industria mexicana y la gringa y el camino tan largo que nos queda.

Si te llega un guión o libreto para estudio… ¿Cuáles son los pasos que sigues para asimilar tu personaje y darle forma/vida en tu desempeño sobre el escenario o ante la cámara?

Lo leo un montón de veces. 

Antes me servía ver lo que se dice del personaje y escribirlo, ahora ya puedo hacerlo sin tener que pasarlo a papel. El tiempo y la práctica te ayudan a poder analizar sin tener que hacer tanto. Nadie se salva de leer el texto varias veces, eso sí.

Siempre trato de ver los puntos de encuentro que tengo con el personaje, eso que me despierta empatía, me alejo lo más posible de lo que pueda generarme un juicio de valor, jamás sirve juzgar a tu personaje. Y luego viene el desglose de cada escena, que es mucho más divertido si se hace con los otros actores. Para tele no tienes esa posibilidad y aparte no se graba de manera lineal, ahí mi tía me enseñó a acomodar todas mis escenas para saber siempre de dónde vengo y a estudiar todo sólo leyendo. A veces se graban tantas escenas en un día que ni siquiera sirve intentar aprendérselas. Las leo varias veces y confío en mi memoria.

Aquí has referido a tu tía en un par de ocasiones. Dime, ¿Te ha representado algún problema el que te ubiquen como “la sobrina de”? ¿Cómo manejas eso?

Soy orgullosamente sobrina de Cynthia. La admiro profundamente y valoro cada oportunidad que he tenido de trabajar con ella. Ser sobrina de Cynthia no me ha abierto ninguna puerta. Para empezar, no nos parecemos. La gente espera que cuando mi tía habla de su sobrina, yo sea su clon y nada que ver.

Tampoco somos una dinastía como tantos actores que son el hijo de, pero además son el nieto de, el sobrino de, familias en las que todos están en el medio. Me genera cero conflictos. Soy sobrina de Cynthia, como soy hija de mi padre.

Christel Klitbo en una versión con IA.

Hablemos de tu formación académica…

Estudié un año en Los Ángeles y luego hice un año de un diplomado de Teatro del Cuerpo en dónde conocí a un actor que estaba estudiando en CasAzul y me la recomendó. Fue lo mejor que pude haber hecho. Mi paso por esa escuela fue grato, amoroso y enriquecedor.  

¿Quiénes han sido tus principales mentores?

Tuve mucha suerte de tener maestros increíbles como Ximena Escalante, Aída López, Elena Guiochíns.

Hace un año tomé un curso con una mujer espectacular, Anya Saffir, que me devolvió la fe en la carrera. Obviamente mi tía, Cynthia Klitbo, ha sido mi mentora también.

He tomado un montón de talleres para seguirme formando. Los actores nunca terminamos de aprender, especialmente si no se tiene oportunidad de un trabajo constante. O te sigues entrenando, o te quedas atrás.

Definitivamente. Y es que, como actriz, tienes una gran responsabilidad social, desde el momento que interpretas personajes de impacto masivo con los que el público se puede identificar y/o proyectar. ¿Cómo te sientes al respecto?

Siento que ese es el ideal de cualquier actor, pero no creo que haya una consciencia real sobre esta responsabilidad que mencionas. Me da la impresión de que muchos compañer@s ni siquiera se han dado cuenta de que la mayoría no nos vemos representados o te ves representado casi siempre de manera negativa.

“Los actores nunca terminamos de aprender, especialmente si no se tiene oportunidad de un trabajo constante”

¿A qué te refieres? 

Hay una invisibilidad brutal.  

Aquí es donde entramos al tema que dejamos para este punto.

Así es. Hay poquísimos personajes con neurodivergencias, discapacidad, personas trans, cuerpos no hegemónicos, bueno ni morenos, para el caso. Todos en los medios se ven más o menos igual y la gran mayoría de personajes son whitexicans con problemas banales, o gente en la miseria con historias tortuosas, otro tipo de narrativas casi no se cuentan.

¿Qué tanto te marcó, para bien o para mal, el personaje que interpretaste en la telenovela “Carrusel”, producida por Valentín Pimstein para Televisa en 1989?

Es muy complejo. Amo haber sido Valeria directamente proporcional al rechazo que siento cuando alguien me sigue llamando Valeria. 

¿Por qué el rechazo?

Porque entonces me hicieron ver y sentir que el color de mi piel no era bello. Me tocaba ser la lista, la simpática, la bromista, porque el lugar de la bonita ya estaba ocupado por una rubia, de ojos claros y cabellos dorados. A ella era a la que todo el tiempo chuleaban, la que tenía ese lugar por haber nacido así, güerita.


¿Hay resentimiento?

¿Cómo no voy a ser una resentida? Si mientras iba creciendo me repitieron mil veces que ojalá hubiera sacado el ojo claro como mi papá, que por qué no me parecía a mis tías blancas, que ojalá me pusiera más blanquita con el tiempo y se me quitara lo prieta.

Eran otros tiempos…

Sí. Eran otros tiempos. Además, la gente veía como normal la violencia entre los niños. Era normal trabajar 12 horas diarias y no ir a la escuela. Era normal que los niños dijeran cosas terribles como tantos diálogos que se dicen en la novela. Ahora veo los clips de Carrusel y me da algo. ¿Cómo nadie se daba cuenta? Como dije, eran otros tiempos.

A propósito… ¿Cómo era tu infancia, tu ambiente familiar?

Mi infancia fue poco común porque a los cinco años ya estaba actuando profesionalmente. 

A los seis me quedé en una telenovela que fue un éxito y definieron los siguientes años de mi vida. Muchas cosas me marcaron, desde el bullying que recibía por parte de las otras niñas, hasta la interminable comparación que hacía mucha gente entre otra de las actrices y yo.

¿Comparación?

Ella era la rubia, que salía de millonaria, la bonita inalcanzable. Yo, la pobre, pero lista.  

Dentro y fuera de la historia siempre hubo comparaciones. Hasta la fecha hay gente que me pregunta que cómo es posible que nuestra carrera sea tan diametralmente distinta. En su momento fue muy duro, ahora tomo las cosas de quien vienen, no tengo que demostrar nada, yo sé el tipo de actriz que soy.

Pasemos a tu tarea de informar, de llamar a la toma de conciencia y buscar que quienes se dedican al terreno de la actuación, en particular, y todos nosotros, en general, podamos vivir libres de actos discriminatorios…

Yo me he centrado en el racismo. Tristemente en México se discrimina casi parejo, el tema con racismo es que es un sistema. Que te cobren más en el mercado por ser blanca es, sin duda, discriminación y está mal, pero te vas a ir y seguirás teniendo todos los privilegios que te da el color que tienes.

Aquí no sólo se trata de los muchos términos discriminatorios que se usan para referirse a la piel más oscura, sino de todo un sistema que favorece a unos, mientras oprime a otros. Así, entre más oscuro sea tu color, menos derechos y oportunidades vas a tener. Esto no lo digo yo, hay muchísimos estudios sobre el tema.

“¿Cómo no voy a ser una resentida? Si mientras iba creciendo me repitieron mil veces que ojalá hubiera sacado el ojo claro como mi papá, que por qué no me parecía a mis tías blancas”

Hay muchos motores de discriminación: por raza, por género, preferencia sexual, religión, situación económica, nacionalidad, en fin. ¿Cuál o cuáles son las que más nos afectan a los mexicanos?

El racismo para mí es el principal, porque afecta a la mayoría de la población. Está, además, ligado a la situación económica y a la movilidad social. Todo se tiene que atacar, pero mientras siga habiendo racismo, seguiremos en un mal lugar.  

Cuéntame de tu labor contra el racismo en la industria del entretenimiento.

Llevo varios años metida en distintos colectivos. Cuando salí de la carrera me topé con que mi perfil era una limitante. No sabía, al inicio, definir por qué exactamente, sólo que no me veía como las que hacen cine de autor y menos como la mayoría de las actrices que veía en teatro, cine mainstream y televisión, que eran y siguen siendo en su mayoría blancas.

No percibía el racismo en esto, sólo era claro que todos los castings a los que me invitaban eran siempre personas de servicio, personajes que sólo servían como utilería de las escenas o mujeres con destinos espantosos.

Hace un par de años, hablando con un ex compañero de CasAzul al que le sucede lo mismo, me invitó a formar parte de un colectivo antirracista enfocado en medios de comunicación. Ahí entendí todo lo que está mal en nuestros medios, lo tremendo que es la falta de representación positiva de pieles morenas, lo grave del racismo, desde dónde se genera, de cómo todos hemos sido racistas y por qué es urgente que se ponga sobre la mesa en el debate público.

Christel Klitbo en Música de Balas.


¿En qué grupos activistas has participado? 

Formé parte de varios colectivos en la comunidad artística. Fui parte de “¿Qué hacemos?”, un colectivo que intentaba contrarrestar el peso del anterior gobierno informando y luego estuve en un colectivo de padres de desaparecidos. Después estuve en “Poder Prieto”. 

¿Y qué se ha logrado? 

Después de dos años de trabajo, lo que descubrí es que no hay voluntad. Nadie en el poder quiere un cambio y el groso de la población no ve el racismo como un problema, es más, muchos ni siquiera aceptan que hay racismo en México. No hay cómo combatirlo así. 

¿Qué responsabilidad tienen los medios? 

Aunque el guionista, el director de casting o de escena quieran un cambio, si la gente que tiene el dinero no quiere, no hay forma. Yo creo que debemos apelar por cuotas, por lo menos hasta que la cosa se equilibre un poco.

Entonces, todos somos responsables… 

Todos somos responsables y en este momento, si no eres antirracista, si no eres feminista, si no eres pro LGBTQ+, eres parte del problema, así de simple.

¿Qué determina que de un juego se pase al chiste y de éste al bullying? Ese paso, que va normalizando conductas, termina por verse como algo “natural”. ¿No?

Tanto el bullying como las bromas machistas o los comentarios clasistas y racistas, no son más que un síntoma de algo de fondo mucho más complejo y preocupante. Detrás de todo eso hay una violencia sistémica que termina casi siempre teniendo consecuencias tremendas.  

Basta ver el número de feminicidios en el país o datos como que el 94% de pobres son morenos, o los crímenes de odio contra la comunidad LGBTQ+ para darse cuenta de lo que sucede cuando una sociedad normaliza cualquier tipo de violencia.

Lo que creo que es importante es entender en dónde se está rompiendo el tejido social para poder sanarlo. No es sólo señalar que eso está mal, sino ponerse en los zapatos del otro. Nos urge empatía.

“Tristemente en México se discrimina casi parejo, el tema con racismo es que es un sistema”

Como sociedad, ¿Qué tenemos que hacer respecto a este tema?

Una buena manera de empezar es hacer una lista de nuestros privilegios, de hecho, hasta hay un quiz en internet.


¿Está mal tener privilegios?

El privilegio no está mal, pero es importante saber en qué lugar de la escala estamos. Luego, vale la pena analizar cuando hemos sido racistas, clasistas, machistas, etc. Todos hemos cometido estos actos, no es poner el dedo sino dar un paso atrás.

También vale la pena hacer el ejercicio contrario, analizar si hemos sufrido racismo o si hemos sido víctimas de discriminación. Ceder espacios, me parece urgente. Señalar cuando sucede, no desde la autoridad moral, sino desde la empatía, pero si no se señala, hacemos como si no existiera y así ni siquiera hay la posibilidad de nada.

Pero hacer ese doble ejercicio implicaría confrontar… y no todo mundo está dispuesto a eso. 

Hay que ser la persona incómoda y orillar a eso. Nuestra cultura huye de la confrontación todo el tiempo, todo es buena ondita, no se hablan directamente los temas incómodos, la gente les da la vuelta. 

Y tiene que ser al revés. 

¡Claro! Estas cosas se hablan de frente, de manera clara, sin rodeos. Y yo siempre hablo del colectivo. La lucha es en colectivo, no hay otra manera. Somos 85% de la población, ¿de verdad tenemos que aguantar que nos sigan tratando como segunda clase en pleno siglo XXI? ¡Por supuesto que no! 

En este sentido, ¿cómo percibes a las nuevas generaciones?

Me encanta ver a las nuevas generaciones abrazando sus raíces, orgullosos de su piel prieta, de sus lenguas, a los mestizos morenos hablando sobre esa división que nosotros no generamos, pero que ahora estamos señalando porque ya estuvo.

Ya es hora de que las cosas sean más equitativas. Ya sabemos que no hay razas superiores, no hay un color mejor que otro, no hay un solo tipo de belleza, ni una sola manera de ser. En la diversidad está lo interesante. Quien no se abre a eso, se está perdiendo de muchas cosas.


¿Qué son “la prietitud” y “la blanquitud”?

El término prieto ha sido, hasta ahora, un término despectivo. Ahora lo abrazamos y lo resignificamos, quitándole lo peyorativo para dar paso al gozo, al orgullo y al respeto.  

Por otro lado, y esto es súper importante, la lucha antirracista, como todas las demás luchas, no es contra alguien específicamente, sino contra el sistema. De ahí que no podamos señalar a la gente blanca como responsable única del racismo, porque el racismo en México se da por asimilación, es decir, no hubo segregación total de blancos y pueblos originarios - más que en ciudades específicas, como fue el caso de Mérida-, sino que la gente buscaba blanquearse, de ahí el término blanquitud.

Los pueblos originarios intentaban que sus hijos sólo hablaran español y hasta se consideraba que al casarse con un europeo se estaba mejorando la raza. Un ejemplo actual sería todos estos mexicanos que ocultan si tienen raíces indígenas, pero presumen de su abuelo español.

En mi generación es muy evidente esto, si quieres pertenecer te tienes que parecer a los blancos. Vestir de cierta forma, hablar inglés, ser lo más hegemónico posible, de ahí el porqué de que seamos el primer mercado de tinte rubio y de los países con mayor índice de procedimientos estéticos. La “blanquitud” es una construcción social ligada a los blancos, pero también al estatus.

Gracias, Christel, por tu confianza, por tu talento y, sobre todo, por esta gran labor para llamar a la toma de conciencia sobre temas tan importantes.

“¿De verdad tenemos que aguantar que nos sigan tratando como segunda clase en pleno siglo XXI?”