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Los restos de los ineptos | PLÁCIDO GARZA - DETONA | Junio 2023

Fotografía: Cortesía DETONA

Irreverente

Los restos de los ineptos

Les platico una frase de Truman Capote que encaja perfectamente en las redes sociales, cuando se tornan eufóricamente pródigas en babosadas escritas y auditivas:

“Siempre hacen más ruido las latas vacías que las llenas. Lo mismo ocurre con los cerebros”.

El delirio de notoriedad que padecen algunos, los hace acosar de tal manera, que cuando alguien se sale de un chat -aturdido por ese tipo de ruido- los “administradores” lo vuelven a meter para seguirlo hostigando.

Más que diversión, es una desviación la de esos pervertidos, que confunden la libertad de expresión con el libertinaje propio de mentes áridamente amuebladas.

Son tan arrastrados, que les da pereza escribir y entonces, graban sus mensajes.

Al ese tipo de personas prefiero darles rápidamente la razón, antes que leerlos y escucharlos.

Muchos de ellos son foquitas aplaudidoras de un alcalde o de un presidente o de ambos. Se autoproclaman “extremos” por el solo hecho de la vulgaridad con que excretan sus heces vueltas textos y audios.

Forman parte de grupos que se transforman en multitudes manipulables, cuando sucumben al carisma de un político y no a la capacidad; cuando caen de rodillas ante la imagen y no ante la idea; cuando le rinden culto a la afirmación y no a la prueba; cuando adoran la repetición y no la argumentación; cuando veneran la sugestión y no el razonamiento.

Son fusibles consumidos por su patético complejo de notoriedad. Les hacen falta anteojos a sus antojos de lucimiento personal.

Se parecen mucho a los famélicos y frenéticos personajes del libro de Fedro Guillén, “Crónicas de la imbecilidad”, publicado en 1998.

Quieren hacerse deseables, pero son invisibles… sus confusiones se vuelven confesiones, plagadas de carencias e indefiniciones que tienen que reflejan sus destartaladas personalidades.

Entre ellos, un necio siempre encuentra a otro necio mayor con quien identificarse.

Son tan inseguros que cuando atacan a alguien, piden ayuda a sus iguales. No pueden hacerlo solos, porque son ruidosas latas vacías.

Sus excreciones -que no expresiones- terminan en el cementerio, después de haber vivido en el manicomio. Son una desgracia humana, porque ya se acostumbraron a hacer el ridículo todos los días. Se decapitan entre ellos, y ya descabezados, ofrecemos en su memoria un triduo de misas.

Y en el panegírico de cada una de ellas le voy a pedir al sacerdote en turno que al leer los pasajes del Evangelio, haga repetir al coro de los feligreses en la iglesia, este salmo responsorial: “rogamos por los decapitados”.

CAJÓN DE SASTRE 

“Elimina lo que no necesites. Funciona para los vicios, para la comida y para personas como esas”, remata la irreverente de mi Gaby. 


Plácido Garza
placido.garza@gmail.com 
placido@detona.com 

Nominado a los Premios 2019 “Maria Moors Cabot” de la Universidad de Columbia de NY; “Sociedad Interamericana de Prensa” y “Nacional de Periodismo”. Forma parte de los Consejos de Administración de varias corporaciones. Exporta información a empresas y gobiernos de varios países. Escribe para prensa y TV. Maestro de distinguidos comunicadores en el ITESM, la U-ERRE y universidades extranjeras. Como montañista ha conquistado las cumbres más altas de América.