Por: Miguel Ángel Arritola
Fotografía: Tere Juárez/Veva Cuervo
¡Viva México!
¡Viva la patria!
¡Viva Monterrey!
La puesta en escena ‘Josefa Zozaya:
Heroína de Monterrey’, escrita por
el exgobernador Fernando Canales
Clariond, y dirigida por Hernán Galindo,
tuvo un cierre magistral de temporada
la noche del sábado 15 de octubre en la
Gran Sala del Teatro de la Ciudad, ante
un público que ovacionó de pie el trabajo
de los 42 actores en escena.
Cuenta la leyenda que un 23
de septiembre de 1846, los
regimientos de los Rifleros
de Mississippi, Tennessee y
del este de Texas, comandados por el general Zachary Taylor,
asaltaron la ciudad de Monterrey por
su costado oriente y hostilizaron las
tropas del general Pedro Ampudia hasta
las últimas líneas de defensa.
Cuenta la leyenda que la ciudad se
volvió escenario de innumerables combates, cuerpo a cuerpo, entre mexicanos
y estadounidenses.
Cuenta la leyenda que ese día, en el
último recinto defensivo, recorría las filas
mexicanas de combate, entre el humo y
la sangre, una mujer de bello aspecto que
repartía pan, vino y todo lo que hiciera
falta a los exhaustos combatientes.
Cuenta la leyenda que esa mujer
dio de beber a los soldados, consoló a
los heridos y alentó a los últimos que
quedaron de pie.
Cuenta la leyenda que el nombre de aquella mujer que pertenecía a
una familia distinguida, destacó por
su valor y determinación en la Batalla
de Monterrey. Era María Josefa Zozaya,
la única mujer mencionada en la obra
“Apuntes para la guerra entre México
y Estados Unidos”, publicada en 1848.
Escrita por el ex gobernador de
Nuevo León, Fernando Canales Clariond, y bajo la impecable dirección
de Hernán Galindo, “Josefa Zozaya:
Heroína de Monterrey” es una estupenda puesta en escena que recrea
aquellos acontecimientos que se dieron
en la Batalla de Monterrey en 1846, en
la que Zozaya participó activamente,
destacando por su valentía, coraje y
pasión.
“Josefa Zozaya: Heroína de Monterrey” es una gran producción con 42
actores en escena que demuestran que
cuando se hace buen teatro, el público
responde al final con una gran ovación
a un trabajo hecho con el corazón y el
alma misma.
Fernando Canales Clariond escribió de manera magistral la historia de
María Josefa Francisca Eduarda Zozaya
Valdez de Garza, que cobra vida en la
piel de la actriz regiomontana Ludyvina
Velarde.
Velarde como Josefa Zozaya es carismática, es dulce, es amorosa. pero
también es una fiera, es una mujer
que cuando hay que amar; ama, cuando
hay que gritar, grita y cuando hay que
luchar, lucha
Ludyvina le saca al personaje momentos brillantes y le encuentra ese
lado dulce y a la vez duro para salir
adelante en su fe y en sus creencias
de libertad.
De cualquier ángulo que se le vea,
la obra tiene como mensaje una fuente
de inspiración para salir adelante ante
cualquier obstáculo y como lo dijo en su
momento el propio Canales Clariond:
“La obra nos da muchas lecciones muy
positivas, muy aplicables además al 2022
que vivimos y de cara al 2024 y a futuro,
es una vida aleccionadora”
La puesta arranca desde los años
1840, en la juventud de Josefa Zozaya,
justo antes de casarse con Manuel de
la Garza, quien es interpretado por un
Mauricio Islas desafiante y justo en su
papel, así como Arturo Barba, quien da vida al general Zachary Taylor, un
personaje con muchos matices.
Destaca y por mucho, la actuación
de Claudia Marín, como la hermana de
Josefa. Marín es un huracán en escena,
es una actriz versátil y su naturalidad y frescura de inmediato atrapa
al público.
En teatro, Juan Benavides es sinónimo de garantía pura; hace suyo
el papel del hermano de Josefa y le
imprime un sello único a su trabajo
actoral.
Los generales y soldados caracterizados por Dan Rodríguez, Sergio
Duarte, Arturo Castro y Alfonso Carlo,
entre muchos, más, le dan vida y “sabor”
a la obra.
Diego de Lira brilla con luz propia, su
personaje es ágil y de mucho carisma.
La creación del vestuario en “Josefa
Zozaya....” es de ese genio llamado Raúl
Ozuna. ¡Qué manera tan práctica y elegante de resolver los cambios de ropa
del personaje principal! Todo un arte.
Jaime Sierra tiene un gran y espléndido trabajo en la dirección corporal,
logrando hacer un teatro-físico y ni
qué decir la belleza de la coreografía
a cargo de Jaime Guerrero.
El público que llenó la gran sala del
Teatro de la Ciudad disfrutó de una
función de gran calidad, de un teatro
serio y comprometido, de una obra que
dijo adiós pero que muchos piden que
vuela a los escenarios una vez más.