Las letras latino-americanas
en el realismo mágico
Muchos escritores y estudiosos de las
letras hispanoamericanas creen que
el Realismo mágico y el llamado Boom
Latinoamericano de los años ’60 y ’70
no son más que un exitoso fenómeno
editorial. ¡ A ver!, piensa y dime ¿crees posible ver caer
una lluvia de flores en honor a tu persona amada? ¿O
un ser querido saliendo del inframundo y elevándose
entre los muertos solo porque lo extrañas y no logras
olvidarlo? ¿O podríamos vivir una epidemia de insomnio tan larga que la gente olvidara sus nombres por
causa de la falta de sueño? ¿O, puede ser que alguien
sea tan lindo y bueno que se levante hasta los cielos
para convivir con los ángeles? ¿O que difuntas se
comuniquen por medio de perfumes? Pues esto es lo
que se conoce, en la lituratura del continente, como
el Realismo Mágico.
El Realismo mágico o fantástico es un ramo literario
caracterizado, en el lenguaje, por el uso de símbolos y
metáforas y, en la temática, por las tramas en las que
a los personajes les ocurren cosas tan extravagantes
que podemos llamarlas mágicas.
Las letras, desde que el ser humano tomó una
pluma para expresarse por escrito, nos dejan ver los
varios mundos que viven en una obra, con una lógica
con la que podemos entender la acción de los personajes, aunque sean realmente inusuales. El género al
que llamamos Realismo mágico o también Realismo
fantástico, es la unión de dos enfoques que a primera
vista son irreconciliables: la realidad concreta de los
actos y los hechos comprobables, en contraste con el
mundo espiritual, onírico, religioso y de los anhelos
más escondidos entre los pliegos de la mente o del
alma, como querramos llamarlo.
El lector entra en universos en los que la magia
es posible, algo improbable en la novela y el cuento
del siglo XIX, pero que es un fenómeno explosivo
en el XX que perdura, cuando la realidad cruda de
una era de grandes guerras se mezcla con la vida
de enormes áreas rurales en las que la hechicería,
los milagros, las apariciones, los encantamientos e
incluso nuestros propios sueños siguen vivos, sin
ningún asombro, entre los personajes del libro. En
la lógica del Realismo mágico, según sus textos, lo
sobrenatural mágico se acepta como algo natural porque las leyes de ese mundo literario son distintas
a las de nuestro cotidiano. Dentro de esta tensión
escribieron y escriben sus obras los latinoamericanos
Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosas, Horacio
Quiroga, Carlos Fuentes e Isabel Allende, entre otros
nombres destacados del género.
El Realismo mágico latino le dio voz a los que no
la tenían antes, a las gentes de aquellos pueblitos
olvidados, los recónditos Macondos que hallamos
en todo país de América, marcados primero por la
conquista española a sangre y fuego, entre la cruz
y la espada, y luego por los imperialismos inglés y
estadounidense, y sus oligarquias criollas. Pueblos, sin
embargo, siempre fieles a sus más profundas raíces.
Los escritos de Gabriel G. Márquez, Mario V. Llosas,
Carlos Fuentes e Isabel Allende, y también de otros
autores más “clásicos”, como Juan Rulfo, Borges, Bioy
Casares, Sábato y Cortázar, llevan la mirada de la gente
común, torturada por la miseria social, esclavos de
los moralismos de las iglesias y los gobiernos que los
olvidan y solo los recuerdan a cada elección.
Al pisar en la actual América los rudos españoles, 530 años atrás, agobiados por el poco espacio de
sus pueblos, portando la religión rígida y violenta de
los católicos, sus costumbres tan poco higiénicas,
tan lejos del agua y del baño de nuestros nativos,
y blandiendo una supuesta superioridad cultural y
moral, hallaron acá un paraíso fantástico. Animales
y plantas lujuriosas, hombres y mujeres con ropas
exóticas, o simplemente desnudos, en un clima cálido
y con rituales fascinantes. Luego del primer asombro
empezaron a imponer su visión de “civilización” a
los herejes y a adueñarse de ese mundo que por su
supuesta superioridad cultural y moral, sin dudas,
les pertenecía.
Impusieron sus leyes, actitudes y el pensar europeos del modo más sangriento. Los nativos, en su
cosmovisión, creían en el poder de la naturaleza y
su fuerza de proteger o destruir, en la habilidad de
los adivinos y la sabiduría de los ancianos, pero los
arrancaron de sus raíces y los obligaron a abrazar una
religión y costumbres extrañas, que no eran propias.
Para protegerse de los colonizadores, y la crueldad
de la nueva religión, los americanos ocultaron sus
creencias para no perder lo poco que les quedaba, y
crearon el santo del “palo hueco”, donde escondían
a sus dioses.
Mientras los españoles se endurecían contra la herejía,
aumentaban sus dominios territoriales por la fuerza, y
agregaban a ellos los pueblos esclavizados traídos desde
las colonias africanas. Así, a la religión originaria oculta
se sumaron las diversas creencias de los negros: el vudú,
la hechicería, los encantamientos y sus cantos y danzas
rituales. Y más santos de palo hueco surgían.
El mestizaje crecía, y el poder religioso impuesto
a América con rigor no impedía la amalgama de
religiones, creencias y supersticiones de los pueblos
originarios y los negros, que llegó al siglo XX juntando el mundo real y la razón con el universo de
lo espiritual e inexplicable. De esa trama compleja
surge el Realismo y la capacidad de la literatura de
analizar la sociedad. El concepto del Realismo mágico
fue introducido en 1948 a la literatura hispanoamericana por Arturo U. Pietria en su ensayo Letras y
hombres de Venezuela. En 1949, siguiendo esta línea,
Alejo Carpentier lazta su novela El reino de este mundo
y habla de “lo real maravilloso”.
GARCÍA MÁRQUEZ
El primer nombre que salta a la mente al hablar del género es el del colombiano Gabriel G. Márquez*,
escritor y periodista, con un don para leer el alma a
través de sus libros. Fue uno de los precursores del
género y uno de los nombres del Boom Latinoamericano a nivel mundial.
Sus cuentos y novelas retratan pueblos olvidados
en algún lugar de Latinoamérica. Son pueblitos a
los que una vida muy dura casi los borra del mapa.
Sus personajes viven la angustia de los prejuicios
y dogmas. Romántico hasta lo dramático, el autor
muestra seres afligidos, incapaces de vivir sus sueños,
o despreciados por los sobreviventes por su falta de
coraje para quebrar las normas. Renuncian al amor
y a los deseos y terminan vivendo en un eterno ocio
vacío que ahoga sus penas.
En sus obras, de un realismo detallista de escenarios
y de situaciones complicadas, la crítica social brota del
modo más crudo. Pero también hay magia, hechicería,
milagros y sueños. Su mapa social y cultural mestizo de
América Latina muestra que somos gente que resiste a
la conquista y exige ser oída. García Márquez y su obra
pintan un mundo habitado por personas comunes, y
en un mundo de letras dominantes europeas, muestra la realidad latina, sus escenarios e idiosincrasia
nacida del amor, la violencia y el odio entre diversas
culturas. Muestra la idea de la muerte en estas tierras, fruto de la fusión sincrética de varias religiones, y la
convivencia del cielo prometido y la necesidad de que
los muertos sean enterrados en tierra sagrada para su
descanso, combinados con la creencia en fantasmas
que se aparecen porque no quieren dejar la tierra, o
en muertos que ven a su muerte como algo complejo
y angustiante, pero natural.
En Cien años de soledad, García Márquez hace una
crítica social, pintando un pueblo empobrecido por
la corrupción del poder. Cuenta la saga de la família
de los Buendía, durante 100 años, con sus rarezas,
contradicciones y el coraje de las familias comunes,
sumándole la magia del género y sus invenciones: lluvia de flores amarillas, mariposas que invaden casas,
gente que vive eternamente, o seres tan bellos que
son llevados por Dios por un camino de luz. La obra
de García Márquez tiene textos extensos y complejos como Cien años de soledad, El amor en los tiempos
del cólera o El otoño del patriarca. Y novelas cortas
y cuentos que relatan historias con una narrativa
fascinante y de redacción simple.
LA HOJARASCA
Novela de G. Márquez, nacida en Colombia en 1955,
cuenta los hechos tras la muerte de un hombre odiado
en Macondo luego que la compañía bananera lo con denara a la ruina. El pueblo, que aparece por primera
vez y luego será famoso en Cien años de soledad es,
igual que La hojarasca, un laboratorio de pruebas para
los temas y personajes inmortalizados más tarde en
dicha obra.
En la narración hay tres personajes: el Coronel, su
hija Isabel y su nieto de 11 años. El Doctor – odiado
por el pueblo- se suicida en su casa solitária. El Coronel paga una deuda grande, y sepulta al muerto. Se
enfrenta así a los deseos del pueblo y entrega a su
hija y a su nieto a la mala voluntad de sus vecinos,
que quieren dejarlo insepulto.
El relato va y vuelve en el tiempo mostrando
cada personaje y la vida que el Doctor comparte
con los vecinos de Macondo. El Coronel, que conoció
a Aureliano Buendía, es honesto bondoso al extremo.
Isabel es una joven sometida a los ritos paternos y
a un pueblo conservador. Una joven que busca un
sentido a su vida cuidando a su hijo y a sus padres,
en un pueblo decadente donde el peor castigo es la
condena social.
El libro, con imágenes sensoriales, altera la cronología del relato, cambia de narrador para mirar el
mismo hecho desde ángulos diversos; usa la intertextualidad con otras obras y critica al costumbrismo
conservador. En la obra, la muerte es una etapa más de
la vida, un hecho natural que ocurre a cada rato. Tres
personas muy distintas miran la muerte y enriquecen
el relato: para el Coronel es un momento muchas
veces visto de cerca, un paso para un cambio tan
natural y esperado que no siente angustia ni sorpresa
frente al cadáver. La joven Isabel ve la muerte como
una amenaza a la vida de su hijo y a la suya, algo que
los rezos logran alejar. La mirada inocente del niño
asiste con sorpresa a un hecho nuevo, y descubre su
condición de estar vivo, lo que el muerto, frío y duro
como una piedra, ya no tiene más.
La obra trata con cuidado el tema de los fantasmas que vuelven de noche a sentarse solitarios
a la luz de la luna. Los espíritus provocan sentimientos en los personajes, que no son de miedo,
porque son vistos como una mera transformación,
una más de las muchas que sufre una persona a lo
largo de su vida.
• Cabe recordar a los muchos otros nombres de
esta corriente: el mexicano Carlos Fuentes y su novela
Aura, el brasileño Jorge Amado y su Doña Flor y sus
dos maridos, Juan Rulfo con Pedro Páramo, Arturo
Uslar Pietri y Lanzas Coloradas, el guatemalteco Miguel
Ángel Asturias y El señor Presidente, Laura Esquivel con
Como agua para chocolate y la chilena Isabel Allende
con La casa de los espíritus.
Argentino, establecido en Brasil,
profesor de idiomas, editor, traductor, escritor y
librero. Investigador y conferencista de temas
hispanoamericanos y de la historia y las culturas de los
pueblos nativos. Autor de más de una centena de libros
didácticos publicados en Brasil, y de dos colecciones de
cuentos en Argentina