HERNÁN GALINDO | La vida es fugaz y el teatro más | FÉLIX RIVERA | Noviembre 2022

Por: Félix Rivera
Fotografía: Roberto Sánchez / Otras: Cortesía UANL



HERNÁN GALINDO
La vida es fugaz y el teatro más

El dramaturgo mexicano Hernán Galindo tiene una impresionante trayectoria que abarca ya cuatro décadas y es una importante figura de la cultura cuya obra tras - pasa todas las fronteras.

Ahora, el multipremiado escritor, se ha tomado una tarde para sostener una cercana y cálida conversación con Félix Rivera para Arte, Cultura y Sociedad.

Félix Rivera: Eres un dramaturgo comprometido con tu público. Es bien sabido que siempre has buscado dejar ideas, enseñanzas y detonar diálogos desde tus textos, independientemente del género, incluso desde la comedia. Después de una trayectoria de décadas, ¿Cuáles crees que son los mensajes que el teatro debe comunicar en los tiempos actuales? ¿Qué con - versaciones debe plantear hoy en día?

Hernán Galindo: A través de la historia de la humanidad, el teatro ha sido el gran compañero de los cambios históricos. El día de hoy, los temas importantes para presentar en los escenarios son los que agobian o sacuden al mundo.

Por ejemplo, situaciones como la migración. De pronto aquí en nuestro país decimos “migración” y solamente pensamos en México con Estados Unidos o con Centroamérica, pero no es así. En este momento hay migración africana, migración ucraniana, e incluso rusa hacia los países del centro de Europa. 

Otro gran tema es el de la violencia, no solo en contra de la mujer, sino la violencia en general, hacia los ancianos y hacia los niños.

Y creo que otro tema importante es ésta desesperada carrera mediática en la cual estamos viviendo. Cómo ha cambiado incluso la personalidad de los seres humanos. Por culpa, podemos así decirlo, de estos cambios tan tremendos con las redes sociales. Que, por un lado, pueden ser muy positivas. Para mí, es un tesoro toda esa gran cantidad de información que está al alcance de la mano. Es maravilloso para todos los que escribimos, creamos, investigamos, ¡para todos! Pero por otro lado puede ser muy dañina para aquellos que no utilizan el recurso en cosas positivas.



“PINTA TU ALDEA Y PINTARÁS EL MUNDO”

FR: Has hecho una carrera internacional, con tus textos que han llegado lejos y se han presentado en Nueva York, Europa y más allá. Y lo has hecho, no solo como regiomontano, sino como vecino, toda la vida entera, de un área tan tradicional como lo es la colonia Mitras, en la ciudad de Monterrey en México. ¿Cómo lograste tener una visión tan universal desde esta ubicación tan específica? 

HG: Yo creo que sí es muy importante que el artista, el creador, se preocupe por ampliar sus horizontes y su educación. Yo, en lo personal, soy un fanático de la lectura. Me encanta leer. Creo que es uno de los medios más ricos por el cual el hombre puede crecer. Siempre digo que una persona que lee, deja de pensar solamente con una cabeza y piensa con muchas cabezas.

Los viajes también me parecen muy importantes. Y todo el tipo de educación y de investigación que puedas procurar son indispensables. 

Contestando a tu pregunta, también citaría a Chéjov. Él dijo esta frase muy verdadera, que está en el corazón de muchos teatristas: “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”.

Como dramaturgo, ¿qué quiere decir esta frase? Cuando tú escribes una historia que realmente refleje la condición humana de la gente que te rodea, con sus problemáticas y maneras de pensar, así sea si vives en un pequeño pueblo o si vives en una isla, finalmente vas a reflejar el mundo. Por eso, las obras de Chéjov, si las ponen en cualquier lugar del planeta van a tener empatía y universalidad.

“Antes era mucho más obsesivo con los detalles pero ahora sé que se aprende mucho de la creatividad de los demás”

“NO PUEDES CARGAR TÚ SÓLO CON TODO EL ELEFANTE”

FR: Han pasado ya algunos años desde que eras un joven impetuoso que empezaba a plasmar ideas poderosas con su pluma para llevarlas a los escenarios. Recuerdo específicamente aquel espectáculo trashumante de final de milenio que rompía con todo lo establecido en aquellos tiempos. Me refiero, sin duda a Genesio, de cómico a santo. ¿Cuáles son las principales diferencias entre aquel Hernán Galindo y el de este momento?  

HG: Una de ellas, y lo he meditado mucho es que: ¡qué valiente era! A veces la pasión y la inconsciencia cuando van de la mano suelen traer, irónicamente, muy buenos resultados. Esto lo descubres si te pones a medir las consecuencias. Por ejemplo, en Genesio, que fue aquella obra que hicimos durante un año, en una fábrica abandonada, sobre una nave industrial de una altura extraordinaria, el peligro que corrían cada uno de los ejecutantes era…bueno, ¡ni seguro teníamos! Afortunadamente nunca pasó nada terrible.

Otra gran diferencia es que, ahora que tengo 41 años en el oficio, creo que soy menos colérico. Me parece que estoy más consciente. Siempre me ha gustado delegar en otras personas cuando sé que tienen calidad y compromiso. Porque hacer teatro es también el arte de delegar. No puedes cargar tú solo con todo el elefante. Antes era mucho más obsesivo con los detalles pero ahora sé que se aprende mucho de la creatividad de los demás.

Finalmente la gran diferencia, sobre todo en la dramaturgia, son los temas. En la primera etapa en la que yo escribí, mis temas eran mucho más cotidianos, algunos de ellos muy regionales. Y ahora le apuesto a cosas que me parece son más trascendentales. 

Por ejemplo, una de mis obras recientes se llama China mía. A mí me gustan mucho la historia, los mitos y las leyendas. Y siempre me llamó la atención el personaje de la China Poblana y he investigado mucho al respecto. Este personaje tiene una particularidad: fue una mujer secuestrada. En realidad ella no era de China. 

Hernán Galindo impartiendo una plática a la comunidad universitaria.


Ella fue una princesa del antiguo Imperio Mogol, actual India. Se la robaron unos piratas portugueses quienes en Filipinas la vendieron a un emisario del virrey de La Nueva España quien la iba a traer a su patrón. El hombre la trajo a México, entrando por Acapulco pero, al llegar, un militar y comerciante llamado capitán de Sosa, la compró. Pagó más de lo que hubiera pagado el mismísimo virrey y este último jamás se enteró de la existencia de la secuestrada princesa.

A continuación, el capitán se la lleva a Puebla de Los Ángeles y el resto es historia: ella se volvió católica, se convirtió en una especie de monja pero no de clausura. Luego, en los últimos años de su vida descubrió que tenía dotes para la sanación y la Santa Inquisición la persiguió. La historia de esta mujer es muy impresionante y es una pena que ahora únicamente la asocian con la famosa falda de China Poblana; eso es lo que quizá jamás pudo haber sido. Lo de la prenda es sólo una leyenda turística.

Ahora yo tomo esta historia, que me costó mucho trabajo de investigación, y en China Mía cuento una historia cruzada. En el tiempo contemporáneo se trata de una muchachita de Oaxaca que sale de su pueblo. Huye porque el papá la quiere cambiar por una vaca y dos becerros y llega a Puebla, donde la rapta un sicario. Entonces ella tiene una trayectoria de México a Tailandia al mundo de la prostitución y estas dos historias se van cruzando. 

Estos son los temas que ahora me importan.

“Hace tiempo me di cuenta que lo importante es tener buenas historias, que le lleguen a la gente”

UN AUTOR INTERESADO EN BUENAS HISTORIAS 

FR: Polvo de mariposas fue un texto sumamente personal, íntimo, que exploraba tus propias raíces y exponía secretos familiares que hasta ese momento sólo habían sido tuyos. Creo que es uno de los momentos en que has aparecido más desnudo ante tu público, Hernán, a través de la historia de tu madre. ¿Hay en el futuro otro texto –ya más autobiográfico– que pueda recoger las vivencias que tuviste después del tiempo en que transcurre Polvo de mariposas? La historia que ahora vives, ya sin la presencia de ella.

HG: Sí. Quizá llegue un momento en que escriba una obra, no quiero decir “sobre mi vida”, sino de las experiencias de una persona a través de la vida. Yo lo relacionaría, más que sobre mí, sobre esta experiencia de vida a través de dos siglos diferentes, a este mundo cambiante que yo he percibido y cómo lo he percibido. Incluso la pandemia. Incluso a los cambios de comunicación; a los cambios de valores. Cómo vivíamos antes con aquella ingenuidad. Y cómo ahora es muy importante estar absolutamente al día, mantenerse vigente y cambiando. Porque, si no, te quedas en el romanticismo aquel. 

Por otro lado y retomando Polvo de mariposas, yo escuché la historia en fragmentos durante mi niñez, mi adolescencia, y ya siendo adulto, también. Y un día dije: “creo que hay material que debe de ser contado”. Pero yo escribí la obra íntimamente. La escribí para mi mamá. Y, cuando la compartí un poco, las personas me dijeron cuánto les agradaba. Entonces se concretó la producción de la obra que afortunadamente mi madre ya a sus 90 años pudo ver.

No vamos a contar aquí la obra, pero no hay duda que describe una vida fuera de serie. Para mí, personalmente, fue estupendo porque yo tuve una relación muy cercana con mi mamá. Siempre. Fuimos grandes amigos. Y yo pude retribuir a ella, con esa obra y con ese montaje, casi creo que en su totalidad, el contenido de la vida. Además admiro el valor que ella tuvo para no prohibirme contar algún capítulo en especial. Porque vienen cosas difíciles, muy difíciles. Y secretos muy guardados. El peso de la moral, en generaciones pasadas inmediatas, ¡era tremendo! Y por eso los conflictos eran tan grandes.



FR: Al público le gusta ver buenas historias. Por eso Polvo de mariposas fue tan exitosa.

HG: Sí. Es correcto. Como dramaturgo, ya pasó esa época, como a los treinta años, de tratar de encontrar el hilo negro para escribir teatro. Hace tiempo me di cuenta que lo importante es tener buenas historias que le lleguen a la gente. Y no tratar de inventar locuras. Al escribir Polvo de mariposas, para mi no fue un retroceso, fue escribir con una técnica de teatro convencional que yo ya había abandonado.

FR: Y volviste a usarla.

HG: Sí. Y me di cuenta de que es exitosa. Te voy a poner un ejemplo: hay una obra que tuvo una gran recepción por parte del público que se llama Más bueno que el pan, en la que Sylvia Pasquel encabezó el reparto. 

Un día, un buen amigo, Alberto Marcos, actor y productor, me dijo: “Hernán, después de Los niños de sal, Círculos en el jardín, La gente de la lluvia y todas estas obras donde juegas mucho con el tiempo y el espacio, en donde los personajes a veces están dentro de su memoria o dentro de sus deseos, ¿cuándo vas a volver a escribir una obra de “teatro normal”?

FR: ¡¿Normal?! 

HG: Y le digo yo: “¡¿A ver, qué es una de teatro normal?!” A lo que me contestó: “Una obra que empiece y que termine”. A lo que él se refería era a una obra de estructura lineal. Y le dije: “¿Sabes qué? ¡Voy a escribir una!”  

Así nació Más bueno que el pan la cual es una pequeña historia ubicada en San Cristóbal de las Casas, en la que un panadero repostero diabético, interpretado por Luis Martín, no puede probar lo que hace. Pero es una metáfora, porque tiene una esposa madura y muy guapa, que era Sylvia Pasquel, que no se deja tocar. Y no se deja tocar porque ella tiene un amante, y el amante es el mejor amigo de su hijo. Entonces, todo el lío es inmediato pero es en tono de comedia.

Cuando montamos esta obra, ¡se convirtió en un exitazo! Lo que me hizo reflexionar: “El público sigue prefiriendo las historias que se cuentan de una manera natural, lineal”. Porque sí puede gustar el otro teatro, pero el gran público quiere que le cuenten una historia sin complicaciones. Una historia abierta, clara y humana. Esta obra se la dediqué a Emilio Carballido que ya había fallecido y traté de escribir como escribía el maestro. Él escribió muchas obras que se desarrollan en la provincia pueblerina.

Hernán Galindo recibiendo el Premio UANL a las Artes 2017 en la categoría de Artes Escénicas.


“Una sociedad que se puede sensibilizar por medio de la educación artística, puede cambiar… un país.”

“PARA MÍ HAY DOS TIPOS DE TEATRO: EL BUENO Y EL MALO”

FR: Hernán, alguna vez te escuché decir que los dramaturgos actuales ya no están tan atentos a los géneros teatrales como Tragedia, Comedia, Teatro Didáctico, Melodrama, Farsa, Pieza y Tragicomedia. Pero que a ti si te gustan y te ayudan. Vamos a dejar un poco de hablar del pasado, y hablemos del futuro. ¿Qué es lo que tú quisieras enseñar a esas nuevas generaciones de escritores? ¿Qué deben tener en cuenta para lograr tener una carrera trascendente y relevante como la tuya? 

HG: Muchos jóvenes de la nueva dramaturgia y sus maestros, me parece que la mayoría influenciados por la dramaturgia extranjera, dicen que los géneros ya no existen. Yo creo que los géneros se fusionan. No hay un género puro. No hay una tragedia pura. La tragedia se combina con la farsa, se combina con la comedia. Pero a mi me parece que, el hecho de que no quieran aceptar los géneros, en realidad es cuestión de flojera, cuestión de falta de preparación.

Vamos a ser muy honestos. Hace 2500 los griegos, con Esquilo, Sófocles y Eurípides, entre otros, fundamentaron la estructura para hacer teatro. Dijeron: “esto es un espacio teatral, aquí va el público, aquí hay un coro, hay un protagonista, un antagonista, hay música, hay vestuario, hay máscaras, etcétera”. Ellos lo inventaron todo. Y sobre esto Aristóteles, al escribir La Poética, aclara toda la composición del género dramático del teatro. Y eso es de lo que, en verdad, no nos podemos despegar. Que es, son las bases del teatro.

Ahora, de pronto, se tratan de negar y tratan de cambiar. Y aunque todos los experimentos son válidos, finalmente, la esencia del teatro es algo que ahí está. Es como si al ser humano le quisieras cambiar su genética e hicieras experimentos para que tuviera alas o branquias u otras cosas que no tenemos. 

Entonces, las nuevas dramaturgias, han olvidado un tanto este territorio de los géneros y apuestan a otras cosas, que también me parecen válidas. Pero solamente quiero decir algo: lo importante está en el resultado.

Porque de pronto hay gente muy loca que quiere hacer cosas diciendo: “¡No me importa que el público se salga y se aburra! ¡No me importa que el público no entienda!” Bueno, pero entonces, ¿qué pasa con el resultado de lo que estás haciendo? 

Al final, yo sí creo en los géneros porque creo que ubican muy bien, no solamente a los dramaturgos, sino también a los directores y a los actores para definir qué es aquello que van a hacer.

LA IMPORTANCIA DE IR AL TEATRO

FR: Siempre has dicho que el teatro es un vehículo sensacional para educar. Pero en estos tiempos, el mundo digital está presente en cada rincón de nuestras vidas. Los niños ya no conversan con sus padres en las mesas de los restaurantes porque son silenciados con pantallas personales ¿Qué debemos hacer para que las familias regresen a ver, todos juntos, las producciones escénicas que muchos todavía ofrecen?

HG: Definitivamente, la gran posibilidad radica en la educación. En ser conscientes de que los niños no solamente necesitan el teatro sino que necesitan las artes, todas las Bellas Artes. 

Yo creo fervientemente que una sociedad que se puede sensibilizar por medio de la educación artística, puede cambiar el rumbo de un país, puede tener conciencia.

Si el uno por ciento de los papás que llevan a sus niños al fútbol los llevarán al teatro y a la danza, bueno, ¡imagínate!, estaríamos boyantes, felices.

Hay que acercar a los niños a los eventos artísticos pero no solamente que en la escuela recaiga esa responsabilidad. Sino que los padres; tenemos que acercar a los padres, para que luego ellos lleven a sus hijos.

Siempre lo he dicho: nunca es lo mismo que veas una chava en bikini en la playa a que la veas arriba de un escenario. Porque el impacto es otro. Además es un arte vivo; tienes aquí a los personajes, estás viviendo al mismo tiempo que ellos. En el teatro no hay “toma dos”, como en el cine. 

Cada función es diferente porque depende, en gran parte, de la energía que el espectador esté regresando a los actores. Sobre todo si es una comedia que necesita la retribución inmediata de la carcajada, de la risa, ¿no? Sin embargo, si tú vas a ver una película siempre va a ser la misma, aunque la veas todo el número de veces que quieras. Pero una obra de teatro no. 

La costumbre de ir al teatro es cuestión de educación y de cultura. Y no quiero que me entiendan “cultura” por personas muy cultas. No, no, no. Cultura de la vida diaria. Como por ejemplo: si tú vas a Berlín, que es una ciudad muy importante pero muy pequeña, descubrirás que tiene 3 casas de ópera en producción continua y siempre están llenas. A mí me tocó ir a una función en una ocasión, y la mitad del público eran niños que habían llevado de una escuela. Cuando yo los vi llegar pensé que en esa función iba a haber muchos distractores y desorden por la presencia de tantos niños. ¡Pero estaba muy equivocado! Durante tres horas enteras aquellos niños alemanes estuvieron absortos con el espectáculo.

Entonces me dirán: “¡Eso es algo que ya tiene siglos enteros en Europa, desde antes de Mozart!” Estoy de acuerdo: aquí tenemos otra cultura pero no somos incapaces de apreciar las cosas. Por eso hay que seguir ofreciendo teatro de calidad a la gente.

Hernán Galindo y Félix Rivera en Casa Musa.


FR: ¿Cómo ves el futuro del teatro? 

HG: La presencia del teatro sigue. ¡Sí!, yo me voy a morir, y se van a morir mis pupilos también, pero se va a seguir luchando para que la gente vaya al teatro, que va a ser muy distinto también por la tecnología de la cual va a hacer uso. Porque también el teatro cambia por los avances y por las temáticas y por todo. 

Pero al final, un día el teatro va a llegar a ser tan sencillo como ir al cine, como ir a tomar un café. 

Y entonces ¿qué sucede? Que las cosas sí están pasando, sí están creciendo. 

Siempre escucho a algunos teatristas quejarse: “la gente no viene”, “las temporadas duran menos”, “Es que el teatro está en crisis”. ¿Te digo algo? ¡Desde hace 2500 años el teatro está “en crisis”! Pero ha superado epidemias, terremotos. conquistas de continentes, caídas de imperios ¡y el teatro existe! ¡Siempre está!

“A través de la historia de la humanidad, el teatro ha sido el gran compañero de los cambios históricos”

CUESTIONARIO PROUST 

FR: Para cerrar esta conversación, y conocerte un poco más, me encantaría que respondieras con una sola frase las siguientes preguntas.

HG: ¡Sí, claro! 

FR: ¿Hernán, cuál es tu mayor virtud? 

HG: Toda mi vida he luchado por no perder el piso. Nunca me he dejado seducir por los halagos. 

FR: ¿Cuál consideras que ha sido tu mayor éxito a la fecha? 

HG: Mi continuidad. Empecé a dirigir a los 20 y no he parado. 

FR: ¿Cuál es tu mayor miedo? 

HG: Yo creo que los miedos con la vida van cambiando. Irme de este mundo insatisfecho. 

FR: ¿Qué es lo que más valoras en tus amigos? 

HG: Su compañía. 

FR: ¿Con qué personaje histórico te identificas? 

HG: William Shakespeare. 

FR: ¿A qué persona viva admiras? 

HG: Steven Spielberg. Porque es un hombre que ha sabido combinar perfectamente la calidad con la diversión, la cultura y lo trascendental. 

FR: ¿Cuál es tu idea de felicidad perfecta? 

HG: Hoy en día: la paz, la tranquilidad y la salud. 

FR: Si no hubieras sido dramaturgo y teatrista ¿qué te hubiera gustado ser? 

HG: Arquitecto y pintor. ¡Pero de los mejores! 

FR: ¿Cuál es tu estado de ánimo actual? 

HG: Estoy pasando de la aprensión por cosas que no lo merecen, a la alegría. 

FR: Hernán, ¿cuál es tu lema? 

HG: La vida es fugaz y el teatro más. 


Félix Rivera
felixrivera003@gmail.com 
Instagram: @felixrivera333 
Twitter: @felixrivera333 

Actor, conductor, productor, locutor, editorialista y escritor, nacido en la ciudad de Monterrey. Ha trabajado en teatro con Hernán Galindo como actor y asistente de dirección desde los años 90. También fue alumno de dramaturgia del maestro Galindo.