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Confesión | DIANA ELISA GONZÁLEZ | Noviembre 2022


La exquisitez de ser nosotrxs

Confesión

Van varias noches que me descubro deseando que pasen los días sin más. Le confieso que vengo saliendo de una etapa de vida difícil y he optado por sumergirme en el trabajo. Es un llenarme de actividades para no enfrentar mis propios demonios… y se ha vuelto una manera de vivir.

Esto me enoja. 

A un costado de mi cama tengo una foto de juventud que un desconocido me sacó en el metro sin darme cuenta y después me regaló. En últimas fechas suelo observar a esa chica con la mirada perdida.

Este querer pasar los días por pasar y ver como se escurren, no es sano, supongo. 

Alguien me dijo hace poco, “ya no me cuentes de tu pasado, mejor cuéntame de tu presente”. Pues sí. Quizás en ciertos aspectos de mi vida me he olvidado de pensarme en tiempo presente.

Y si la vida se escurre entre los dedos como agua, 

¿Cómo ser consientes de ello para aprovecharla más?

¿Cómo medimos la vida y lo que nos deja como aprendizaje?

Alguien en redes, dice que la vida se mide en idas al mar, y no puedo más que volver a revisar el pasado para darme cuenta de los momentos en que fui consiente de ese ser y estar.

Como cuando me sentí enamorada, 
o cuando experimenté la maternidad, 
cuando reí a carcajadas, o bailé hasta el cansancio, 
cuando canté a grito abierto en ese concierto, 
hice ese viaje, 
o me tocó cuidar.

Pero también la vida son las oscuridades y despedidas.

Y esos momentos de silencios que no entendemos con las ausencias que nos pesan.

Y las enfermedades. 

Y las caídas. 

Y los volver a empezar.

Y descubro el gran salvavidas cotidiano que ha sido el trabajo y la maravilla de ese abrazo que me da Alonso y al mismo tiempo me dice “pásame lo que sientes”. Y ese mensaje inesperado de Paula que dice “no sé que tienes, pero deseo que todo te salga bien”. Y pienso también en esa sonrisa luminosa que me regaló la niña que recibió mi paquete de galletas, mientras su papá limpiaba parabrisas.

Y salvavidas también ha sido ese retrato junto a la cama. La chica con mirada perdida que alguien observó y descubrió con la lente. Esa que soy, pero ya no soy. O solo un poco.

La que hoy soy, debe sanar un montón de cosas. Debe perdonarse por haber creído que sabía y en realidad no sabía nada. 

El sanar empieza por reconocer que algo nos duele, y continúa por nombrar lo que necesitamos, con todas sus letras. Y creo que no está mal a veces sentirnos en la oscuridad o vacíos. “Perderse para encontrarse”, decía mi Maestro. 

Entonces perderse es también un inicio. 

Perder. Encontrar. Sanar. Perdonar. 

Limpiar. Vaciar. Empezar.   

Dejar de recordar el pasado y volver a escribir la vida en tiempo presente desde los momentos. No solo en la cantidad de veces que visitamos el mar, si y no. Basta una tarde cualquiera, donde soy consciente de mi respiro, de la maravilla de mi leche caliente y de la oportunidad de que pese a todo, puedo empezar nuevamente.


Diana Elisa González Calderón 

Docente e investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de México.