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Cruce por la Cordillera de Los Andes | JAVIER VILLANUEVA | Octubre 2022

Cruce por la Cordillera de Los Andes

Muchos dicen que “El Zorro” es un mero personaje de ficción, imaginado por el escritor Johnston McCulley. El héroe vivió en la vieja Los Angeles, cuando la ciudad era una pequeña villa de la Alta California y parte del México colonial, todavía bajo el férreo dominio de la corona española. Según otros, es probable que el autor de la leyenda de “El Zorro” se inspirase en la historia de Manuel Rodríguez, guerrillero de la independencia de Chile, cuya figura mítica se asemeja a la personalidad del justiciero enmascarado.

MANUEL RODRÍGUEZ

Muchas son las peripecias que la sabiduría popular convierte en verídicas, como aquellas en las que el guerrillero Manuel Rodriguez es el protagonista. Se cuenta que, durante las guerras chileno-argentinas por la independencia, al ser perseguido por las tropas realistas, se refugió en un convento de frailes dominicos y, disfrazado de monje, llevó a los realistas por todas las dependencias del lugar. 

Dicen que en otra ocasión, fingiendo ser un mendigo, abrió la puerta de la carroza del mismísimo gobernador Marcó del Pont, quien en agradecimiento por el gesto llegó a darle una buena propina. En otro hecho audaz, encontrándose en medio del campo, simuló ser un campesino que estaba castigado en el cepo por embriaguez, de modo de despistar, una vez más a los que lo perseguían. En enero de 1817, estando ya próxima la llegada del ejército libertador de San Martín, asaltó los pueblos de Melipilla y San Fernando.

El pueblo y sus leyendas lo recuerdan en las guerrillas contra el Ejército de la Reconquista española en Chile, antes que el Ejército Libertador de San Martín cruzara la cordillera. 

La guerra constante de hostigamiento a los españoles fue muy importante para el ejército patriota chileno-argentino que se preparaba en Mendoza, tanto por las valiosas informaciones, militares y políticas que las frecuentes idas y venidas secretas de Manuel Rodríguez a ambos lados de la cordillera aportaba sobre el enemigo, y porque reafirmó en el pueblo la conciencia de la patria chilena y la necesidad de luchar contra la insoportable dominación y represión española. El mito nace de la audacia, el coraje y el ingenio de Rodríguez en sus campañas contra el poder español, que nunca pudo capturarlo, habiendo puesto en alto precio su cabeza, pues el guerrillero tenía siempre el apoyo del pueblo que lo protegía y ocultaba. En esta época surge la leyenda, basada en la realidad y que sigue viva hasta hoy, que cuenta que el guerrillero era invencible, y podía estar en todas partes y en ninguna, y que podía ser la persona de quién menos se sospechaba:

“puede ser un obispo 
puede y no puede 
pero ser solo el viento 
sobre la nieve”

LA RED DE ESPÍAS DE SAN MARTÍN 

El cruce de la cordillera, la gran gesta de San Martín, O’Higgins y el Ejército de Los Andes, formado por tropas de las Provincias Unidas del Río de la Plata —hoy llamadas Argentina— y las chilenas exiliadas en la ciudad de Mendoza. El cruce, con cuatro mil soldados regulares y 1200 milicianos, de la cordillera de los Andes ocurrió entre el 12 de enero y el 9 de febrero de 1817. Partió desde la región platina del Cuyo hasta Chile, para combatir a las tropas realistas del Imperio español concentradas en reacción a la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires.  

Era el plan que el general rioplatense José de San Martín trazó para transportar la Expedición Libertadora que barrió de los actuales Argentina, Chile y Perú el dominio realista. Fue apoyado por la llamada Guerra de Zapa, dirigida por mujeres y hombres con el chileno Manuel Rodríguez a la cabeza.

El cruce de los Andes es uno de los grandes hechos históricos de Argentina y Chile, y una de las mayores hazañas de la historia militar universal. Desde Mendoza el libertador San Martín hizo una verdadera guerra psicológica contra los realistas chilenos. Después de la derrota de los patriotas de Chile en la batalla de Rancagua, una de las tareas claves de San Martín fue crear un sistema eficaz de informaciones y conocer al detalle la marcha de los sucesos en Chile, combinando esas acciones con las tareas de inteligencia militar y política: la desinformación del enemigo español sobre las propias actividades de los patriotas.

Para ese objetivo San Martín creó una muy bien montada red de espionaje y contraespionaje, en la cual hubo grandes operaciones de acción psicológica, haciendo circular entre los realistas la mayor cantidad posible de información falsa. Los más importantes agentes patriotas independentistas al lado oeste de los Andes eran Juan Pablo Ramírez, cuyo nombre de guerra era Antonio Astete, Jorge Palacios, llamado El Alfajor, Antonio Merino, que en la clandestinidad era El Americano, y Manuel Rodríguez, el más notable, el Alemán, que recibió del general José de San Martín lo que parecía una misión imposible.

Manuel Rodríguez, patriota y audaz conspirador desde los comienzos de la revolución chilena en septiembre de 1810, estaba en Mendoza entre los exiliados y refugiados llegados tras la derrota de Rancagua. Para dar seguridad y encubrir la vuelta clandestina a su país, Manuel Rodríguez arregló con San Martín una peligrosa operación de contrainteligencia: el jefe rioplatense fingió acusar al chileno de conspirar contra los patriotas, lo confinó en la vecina provincia de San Luis y en el viaje Rodríguez fingió huír, y cruzó la cordillera hacia Chile.

Volviendo a Chile, Manuel Rodríguez no solo organizó una vasta red de espionaje y contraespionaje, sino que además, armó guerrillas. Para entonces, las autoridades españolas ya tenían claro que Manuel Rodríguez seguía firme en el bando patriota. Por eso la nueva táctica del libertador se centró en sus cartas con el chileno, que a partir de entonces pasó a difundir falsa información, yendo de un lado al otro de los Andes, para ser interceptadas por los realistas, que creían tener en sus manos los detalles de los planes de su más mortal enemigo, el general don José de San Martín.

Al mismo tempo, otro patriota conspiraba en Chile. Diego Guzmán e Ibáñez, con el nombre de guerra Víctor Gutiérrez, enviaba hacia el otro lado de la cordillera listas de los oficiales, cómo se componían las tropas, y detalles del armamento y de los más diversos secretos militares del enemigo realista, fuertemente concentrado en Santiago y Concepción. 

Otro caso de patriotismo sacrificado fue el de Pedro Vargas, ciudadano común de Mendoza, quien aceptó ser acusado de traidor realista, detenido y paseado en cadenas por las calles, ante la furia y el repudio del pueblo. Su mujer, otra gran patriota, lo dejó, sin imaginarse la increíble misión que su marido estaba cumpliendo. Fue así que Vargas logró una información preciosa del enemigo. Una vez cumplida su misión, fue contada toda la verdad y Pedro Vargas ganó el reconocimiento de su mujer y del pueblo. En esa época de preparación de la gran marcha del ejército libertador que finalmente cruzó la cordillera, el cuartel general de los espías patriotas funcionaba en Mendoza, con informaciones que venían de las casas clandestinas, vitales para la lucha en Chile, siempre habitadas por vecinos insospechables, con una muy buena imagen a los ojos de las autoridades españolas.

LA CHINGOLITO 

Para preparar y ejecutar la campaña de los Andes y la liberación de Chile y el Perú, la acción de las mujeres -mestizas, mulatas, señoras o patrícias- fue fundamental. Incluso en la Guerra de Zapa, y entre ellas estaba la agente de nombre de guerra la Chingolito, que se infiltró en la intimidad de la máxima autoridad española de Chile, Casimiro Marcó del Pont, como su amante y le arrancó información vital para San Martín y los patriotas del otro lado de los Andes. Los datos llevados por Chingolito fueron tan valiosos que, al mismo tiempo logró hacerle creer al jefe español en la información falsa que le pasaban desde Mendoza, lo que lo llevó a tomar algunas de las graves decisiones militares equivocadas, de gran utilidad a San Martín y el comando del Ejército de los Andes.

Después una paciente tarea de inteligencia, San Martín detectó al jefe de los espías de Chile en Mendoza, el padre Pedro López, y se enteró de todos los nombres de los que trabajaban para él. Varios fueron presos y otros convencidos u obligados a convertirse en agentes dobles que daban informes detallados al jefe realista Marcó del Pont. Pero lo que él no sabía era que esos detalles sobre los planes, la cantidad de tropas, armas y los pasos cordilleranos elegidos para el cruce eran falsos y escritos por el propio San Martín.

También se sabe que San Martín entregó a su armero, José Álvarez Condarco, una misión de espionaje: entrevistar a Marcó del Pont, y reconocer y memorizar en su viaje todos los accidentes del terreno. El jefe realista lo expulsó del país, marcándole en su pasaporte una frase sobre “la traición” de San Martín España: “Yo firmo con mano blanca y no como la de su general que es negra”. Otros dicen que la frase se refería a los muchos negros ex esclavos en el ejército patriota. Según cuentan, al rendirse, Marcó del Pont entregó su espada a San Martín, que lo saludó con un: “¡Venga esa mano blanca, general!” 


Javier Villanueva. 
blog.javier.villanueva@gmail.com 
www.albertointendente2011.worldpress.com

Argentino, establecido en Brasil, profesor de idiomas, editor, traductor, escritor y librero. Investigador y conferencista de temas hispanoamericanos y de la historia y las culturas de los pueblos nativos. Autor de más de una centena de libros didácticos publicados en Brasil, y de dos colecciones de cuentos en Argentina