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True Crime | EDUI TIJERINA CHAPA | Junio 2022

Sin audiencia no hay medios

True Crime

El subgénero que está acaparando audiencias

No es novedad que los documentales sobre crímenes reales o “true crime” (hechos, víctimas, victimarios, modus operandi, coberturas, y demás lados del polígono temático) han incrementado su presencia en canales de TV, plataformas, podcasts y páginas especializadas en internet. Cada nueva producción levanta más interés, controversia y polémica que la anterior.

Este fenómeno ha acarreado diversas opiniones encontradas. Por un lado, las de quienes afirman que se hace apología del crimen y de sus perpetradores. Por otro, los que señalan que son un llamado de atención a la toma de conciencia sobre el peligro latente que enfrentamos como sociedad. También están los que critican los enfoques y líneas que siguen las producciones, privilegiando materiales que se apeguen a la óptica que quieren mostrar para aumentar audiencia, más que para informar con verdad.

El caso es que los programas, cortometrajes y películas de crímenes verdaderos integran, desde ya, un subgénero con muchos seguidores. Las fuentes de información y apoyos gráficos resultan inagotables. Mención aparte el hecho de que inspiran docudramas y ficciones que amplían su poder como gancho de audiencias.

Al buscar una explicación a la atracción tan fuerte que estas propuestas ejercen sobre el público, lo más fácil sería hablar de morbo, aunque, personalmente, y refiriendo a comentarios de especialistas (sociólogos, psicólogos) creo que va hacia algo mucho más complejo y profundo.

En estos unitarios o series documentales, los hechos son sólo un marco para señalar otras vetas: tramas que posibilitan entrar a las mentes de los involucrados y tratar de descifrar sus motivos; revisar el sistema de impartición de justicia o analizar la opinión pública y la forma en que ésta, con información parcial, juzga, etiqueta y condena, a veces, a inocentes.

Recordando aquello de que “la realidad siempre supera a la ficción”, no faltan los que afirman que de estos documentales hasta se puede aprender (al menos conocer un poco, entre tecnicismos, referencias y protocolos) algo de sociología, derecho, psicología, medicina forense, logística de investigación, etc. Y es cierto, aunque depende de qué tan abierto esté el espectador para eso. Unos pondrán suficiente atención, teniendo ese objetivo. Otros los verán como mero entretenimiento y, por tanto, quizás los olviden rápido.

Estos formatos llaman la atracción porque conectan con lo crudo de la realidad, pero sin la inmediatez, rapidez ni, quizás, la poca profundidad de un noticiario regular. Nos llevan de la mano a un aspecto de la realidad que, aunque lejano para muchos, no deja de estar ahí y, por desgracia, siempre con el potencial de afectarnos. Además, también dejan claridad sobre el hecho de que no todos los malos son malos y no todos los buenos son buenos. Se han dado casos en los que, durante las investigaciones de fondo, se encontraron datos y pruebas no consideradas que dan giros interesantes -y determinantes- al rumbo de estos.

No sientan culpa por preferir este tipo de programas. No teman por lo que se afirma sobre que pueden incitar a la violencia, ni aquello de que inyectan ideas o crean motivos para acciones negativas. Son como todo material gráfico, televisivo o cinematográfico: inocuo. Lo que les da “bondad” o “maldad” -y lo hemos referido en otras ocasiones- es nuestro criterio al tomarlos, asimilarlos y aplicarlos en la cotidianidad. 


Edui Tijerina Chapa
edui_tijerina@yahoo.com.mx 
Twitter: @EduiTijerina 
Instagram: @eduitijerinachapa  

Escritor, dramaturgo, guionista, asesor y analista de medios. Autor de numerosas piezas teatrales y de scripts para películas como “Cantinflas”, “Juan Diego” y “Jesús de Nazaret”