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Sinhué Benavides | El cine no es como se ve en la pantalla | EDUI TIJERINA | Febrero 2022

Por: Edui Tijerina Chapa
Fotografía: Cortesía Sinhué Benavides



SINHUÉ BENAVIDES
El cine no es como se ve en la pantalla

Lo conocí hace varios años. Coincidimos en una función de teatro y, luego, en un par de cursos de guion que impartí en la Alianza Francesa de Monterrey y en la Universidad de la Comunicación Avanzada (UNICA). 

De ahí comencé a adentrarme en su trabajo y talentos para la producción audiovisual. Con larga trayectoria en el terreno de la publicidad y con varios cortometrajes con impacto importante en crítica, público y jurado de distintos festivales internacionales, siempre me ofreció charlas amenas, interesantes y aleccionadoras.

Cuando se dio la posibilidad de colaborar como guionista en, hasta ahora, dos de sus proyectos, “Frágil” (Un thriller psicológico en espera de producción) y “Somos Invisibles” (un drama con guiños de horror ya casi listo para llegar a las pantallas), encontré gran afinidad en la veta y proceso creativo y, sobre todo, en la pasión por contar historias. 

Por eso, esta ocasión, sugiriendo que se graben bien el nombre porque cada vez dará más de qué hablar en temas cinematográficos, les comparto una entrevista con Sinhué Benavides.

Algunos cineastas encuentran su vocación desde muy pequeños. Otros, hasta ya entrada la juventud o, incluso, en plena madurez. ¿Cuál fue tu caso?

Desde la niñez, sin duda. 

Escena del fime “Somos Invisibles”


Cuéntame de eso…

La verdad, mi infancia fue un poco confusa. Me resultaba complicado que todos mis amigos querían salir a jugar soccer mientras yo prefería quedarme en casa, leyendo o viendo una película. Eso sí, que no fuera de animación. 

En casa me notaban la “rarencia” y eso hacía un poco áspero el ambiente. No sabían cómo lidiar conmigo porque era un niño callado y muy emocional. Lloraba con facilidad. 

Para mí fue todo un reto el aceptarme y convivir conmigo mismo. Antes, como ahora, pasaba mucho tiempo en mi propio universo.

¿Alguna vivencia que haya marcado tu interés por la producción audiovisual?

Recuerdo que rentaba películas que no podía ver por mi edad. Las de “El Padrino” 1 y 2 las vi a los 10 años, sacándolas, a escondidas de mis padres, del videoclub de la colonia, donde, por cierto, ya no querían ni verme, porque iba casi a diario.

Creo que esa afición por las películas, combinada con la manera en que lo que ves se va quedando en el bloque de recuerdos de un momento dado y específico de la vida, fue lo que me determinó, desde siempre, a querer hacer audiovisuales. Y no tanto por la “enseñanza” que pueden o no dejar, sino la posibilidad de tatuar la memoria de los demás.

Pienso que los audiovisuales nos impactan de distinta manera, dependiendo en qué momento nos toque verlos. En ese sentido, son “de temporada”. Por ejemplo, ´lo que antes me causaba miedo, ahora no. Recuerdo aquella noche de octubre en la que mis padres tuvieron que salir y quedé al cuidado de unos tíos. Me escondí bajo la cama para ver “El Resplandor”, de Stanley Kubrick. Todas las noches de esa semana batallé para dormir, ya que a todas las sombras les encontraba alguna forma relacionada con algo de la película.

¿Y qué tal tu familia? ¿Te apoyó cuando dijiste que querías ser cineasta?

Sería mentira si dijera que sí, que tuve apoyo, pero, la verdad es que no. Yo creo que en ese tiempo era complicado y preocupante para un padre que un hijo saliera con que quería ser “cineasta”, ya que con eso se abría todo un abanico de posibilidades tanto económicas como sexuales, especialmente si estaba en edad temprana. Lo digo por el pensamiento antiguo de que las personas que se dedican al arte son muertos de hambre, homosexuales y desorientados. 

Sinhué Benavides


Además de eso, ¿tuviste algún obstáculo? 

¡Todos!

“No creo en la ‘regionalidad’ del cine, ni tampoco en la famosa frase ‘apoyemos al cine mexicano’”

Sé que estudiaste música… 

Podría decirse que soy un músico frustrado. Toda la vida estudié música, toqué en muchas partes gran variedad de instrumentos.

Incluso, podría afirmar que pasé por todas las escuelas importantes de la Ciudad de Monterrey, comenzando por la Escuela Superior de Música y Danza (ESMD) Carmen Romano, del INBA, lo cual me llenó de orgullo. Desde que me aceptaron, siempre tuve buenas notas, pero nunca encontré una forma de monetizarlo.

¿Qué más? 

A la par, estudié la Licenciatura en Administración en la UANL, carrera que agradezco, ya que me resulta de suma y vital importancia para mis proyectos audiovisuales, ya que me permite organizar y manejar mejor los tiempos y recursos involucrados.

Poco a poco me fui quitando la espina del cine tomando cursos y diplomados tanto locales como nacionales y en el extranjero. Soy de las personas que siempre están abiertas a aprender. No tengo complejos con eso.

Entonces, tienes muy en claro la responsabilidad social que conlleva esta expresión, es decir, hacer cine…

Así es. Para mí, la verdadera responsabilidad de quienes con tamos historias en audiovisual recae en armar y compartir un mensaje. Ya al público le toca descifrarlo. Cada persona, a su manera, lo toma de un modo o de otro.

Es imposible entrar a la percepción de cada persona y saber cuál será su reacción. Todos somos y pensamos de manera distinta, pero, justamente, ahí está lo interesante. Es lo que le llaman el “valor intrínseco” de las películas, que una sola puede ser muchas a la vez, ante los ojos de cada integrante del público espectador.

He recibido buenas críticas sobre mis trabajos. Incluso, me han escrito o se han acercado para contarme lo que sintieron al verlos. Pero también ha ocurrido todo lo contrario. Esa retroalimentación incrementa mi entusiasmo por seguir contando historias de esta manera.

Escena del fime “Somos Invisibles”.


Has recorrido un largo camino. Incluso, fundaste “Sizigia Films”, tu propia casa productora. ¿Cómo surgió?

Durante un diplomado que tomé, de hecho, en una clase en particular, nos plantearon como ejercicio diseñar y fundar nuestra propia compañía audiovisual.

Por ese entonces, mi hermano y yo estábamos escribiendo un guion sobre los efectos míticos de los eclipses y en él se hacía referencia a que un “sizigia” es la reunión de varios cuerpos celestes. Comencé a conectar ideas y conceptos. Imaginé que el AUDIO y el VISUAL eran como dos objetos celestes que se alineaban para armar el compuesto de sonidos e imágenes. De ahí salió el nombre. La verdad, fue para no tronar la materia. De haber sabido que se iba a quedar, hubiera puesto algo más mexicano y fácil de recordar y decir, como “Totopos Films” o algo así.

“Soñar en Hollywood puede ser muy peligroso, ya que pareciera que uno va sólo en busca de la fama, riqueza y reconocimiento”.

Hasta el momento, ¿cuáles han sido las producciones qué más satisfacciones te han dado?

Hasta hace poco, mis producciones han sido cortometrajes. Todos dejan algo. Entre los más marcados está “El Silencio” (2012), que fue el primero que hice por mi cuenta y tuvo tal aceptación en muchos lados que me motivó a seguir. Con “Otto” (2016) cumplí un sueño infantil que era filmar el primer cuento de Stephen King en México y con “Niño doctor” (2019) atraje la atención de los amantes del cine de género de horror y terror. ¡Ah, cómo disfruté el asustar gente!

¿Qué tipo de historias te gusta contar? 

Me gusta mucho ese cine que esconde algo, que obliga a pensar qué es lo que oculta, que activa al receptor. Y aunque a veces no lo descubrimos, el sólo hecho de participar en la dinámica resulta interesante, atractivo, envolvente. 

Al final, creo que al ver una película todos esperamos algo, sea una novedad en la historia o una experiencia sensorial, en fin… y al menos eso intento dar en cada proyecto que escribo, produzco y/o dirijo.

¿Cuál es tu género preferido, el consentido? 

Antes podría decir que el thriller emocional con toques de suspenso, hoy en día no le veo el género a las películas. En todo caso, nunca he hecho comedia o algo que mueva a la risa. Quizás sería algo interesante de hacer.

Durante la filmación de “Somos Invisibles”.


¿Cómo han sido tus experiencias en los distintos festivales? 

La verdad no tengo una buena o mala experiencia como tal, quizá una triste porque “Niño doctor” quedó seleccionado en muchos Festivales alrededor del mundo, pero, por la pandemia, no pude ir a todos. 

Alcancé a verlo en el de Molinos del Rey, en España, y resultó ser una experiencia mucho muy grata, sobre todo porque es uno de los públicos más exigentes en cuanto a festivales de género.

¿Cuál es tu percepción del cine en México? 

Nunca me he enfocado en la procedencia de la película. Quizás estoy mal, pero siento que lo que hace maravilloso al cine es que nos llegan historias de todo el mundo y que las podamos entender, aún cuando se generaron en un país lejano. El compartir un sentimiento con alguien que está en una situación totalmente distinta a la de uno es lo que hace interesante esta profesión. 

No creo en la “regionalidad” del cine. Tampoco en la famosa frase “apoyemos al cine mexicano”. El cine no se trata de “apoyar”, sino de verlo y sentirlo, y si lo que vemos no funciona, no debe de importar su procedencia. No es de sólo ver por ver, por mucho que sea local o nacional.

Creo más en la experiencia por sí misma. Más en que como ir al cine cuesta tiempo y dinero, uno tiene todo el derecho de sentirse gratificado o decepcionado por lo que se esforzó en ver. Si sientes que perdiste el tiempo y dinero al estar ahí, puedes reclamar y quejarte lo que quieras. 

En Monterrey no existe la industria cinematográfica como tal. En la actualidad, la actividad audiovisual se sustenta en la publicidad y al ser una ciudad que carece de escuelas cinematográficas de peso, no hay un verdadero desarrollo de talento, lo que hace complicado el oficio.

No tenemos mucha historia cinematográfica en la localidad. Digo, sé que no es “rocket science”; las escuelas de ingeniería se establecieron hace décadas para fortalecer la industria y no por algo Monterrey, hoy en día, es la principal entidad industrial del país. Por eso no me quejo. Si esta es la época que nos tocó vivir, pues que así quede en los libros: “Antes, en los 2000’s, los regiomontanos intentaron hacer una industria y al paso de los años se logró hacer tal cosa…” Y, pues, así que quede. Soñar en Hollywood puede ser muy peligroso, ya que pareciera que uno va sólo en busca de la fama, riqueza y reconocimiento, y no el simple hecho de crear y contar historias audiovisuales.

“El acercamiento entre creadores y distribuidores es tan importante como el acercamiento del talento con la producción de la película”

¿Existen apoyos significativos para la creación y producción audiovisual? 

En Nuevo León sí existen, pero tenemos que señalar algo: hacer cine es muy costoso.

PROMOCINE, que es un apoyo local, ofrece un millón de pesos para hacer una película y eso es relativamente poco. Para un escritor de libros es más que suficiente. Recuerdo que, en una sesión de máster class, William Friedkin, director de “El Exorcista”, “Contacto en Francia” y “El Salario del Miedo”, entre muchas otras, dijo algo con mucho sentido: “Para esculpir, coreografiar una danza, plasmar una pintura, escribir dramaturgia o prosa, armar un diseño arquitectónico, requieres sólo a un artista… Pero ¿cuántos artistas necesitas reunir para hacer una película?”

Por más productor independiente que seas, requieres de una cámara, lentes, un método de edición, iluminación, decoración -aunque sea moderada-, vamos, se necesitan muchos “juguetes” para maniobrar y artistas comprometidos, con talento… Y todos comemos, no todo es sólo “por amor al arte”.

Poster del cortometraje “Otto”.


¿Qué consejos das a tus colegas productores y directores? 

Dar un consejo en este medio es tan peligroso como cruzar la calle sin voltear para ambos lados. Más que consejo, va una advertencia bondadosa a quien se quiera meter al ruedo: 

“El cine no es como se ve en pantalla”. 

¿Cuál ha sido tu mayor reto, hasta ahora? 

Filmar “Somos invisibles”, mi Opera Prima.

“Me gusta mucho ese cine que esconde algo y que obliga a pensar”

Que, por cierto, ya está en etapa de postproducción, preparándose para su estreno. ¿Qué tiene esta historia que fue la que te motivó para lanzarte a tu primer largometraje? 

Me cansé un poco de contar historias alejadas de mí o de mi vida personal. Necesitaba mezclar ficción con realidad. 

A veces, es muy cómodo filmar el cine como espectador, “si funciona, qué bien. Si no, pues también”, cuando debería ser un reflejo de nosotros mismos, comprometernos en cada escena, plasmar -como un álbum fotográfico- escenas que te contaron tus padres o que viviste. Que el mundo las vea, que juzguen y quizás, con eso, descubrir que no estabas tan equivocado en tus percepciones… o tal vez sí. 

Este proyecto fue rechazado en varias locaciones por su temática. Seguimos buscando hasta que, al final, se logró filmar en una propiedad en Arteaga, Coahuila, a mediados de noviembre del 2021.

¿Qué puede esperar el público de esta producción? 

¿La verdad? No tengo idea y eso me tiene muy emocionado. Es la historia de una mujer que es acusada de matar a su esposo. Su hermano, abogado, consigue que le permitan una tarde con sus hijas antes de entrar de por vida a prisión. La trama de la película transcurre esa misma tarde.

¿Quiénes encabezan el elenco? 

Hice una combinación con actores locales (Mónica Muruato, Ana Ochoa) con actores profesionales de cine (Ramón Medina, Luna Balvanera, Claudia Frías), no actores (Mina Martins), mis hijas (Daniela y Natalia Benavides), niños actores (Jocelyn Guevara, Esteban Barrera), un comediante famoso en un papel dramático (Oscar Burgos) y hasta una perrita pastor belga (Isis) entrenada especialmente para esto. Todos, en una mezcladora, integran el elenco de “Somos Invisibles”.

¿Alguna anécdota durante el proceso creativo? 

Pues de eso estás bien enterado, porque la coescribimos entre ambos.

Poster del filme “Somos Invisibles”


Pues sí, pero quisiera que nuestros lectores se enteren desde tus propias palabras. 

La nuestra es una profesión que se podría comparar con la arquitectura. Si no diseñas bien el plano, si no eliges bien los materiales que debes de tener y no calculas cuidadosamente los costos del proyecto, lo que construyas se te puede caer de buenas a primeras.

Creo que el guion es fundamental para que una película camine. La historia debe ser sólida, independientemente de que se cuenta de manera lineal o no-lineal. Como Opera prima creo que era fundamental tener la guía bien fundamentada para poder diseñar el cómo se podría contar.

“Somos Invisibles” habla del pasado de una familia y las consecuencias emocionales en el presente. Para mí fue importante primero filmar el pasado para, así, adentrarme más y entender por lo que estaban pasando los personajes. En otras palabras, se filmó pensando en la línea de tiempo regular para, luego, jugar con la narrativa. 

Apenas se terminó la filmación y ya se estaba presentando como “work in progress” (trabajo en desarrollo) en el apartado Blood Window, de “Ventana Sur”. Cuéntanos de ese evento de mercadeo de proyectos cinematográficos. 

Es muy gratificante que, aún sin estar terminado, confíen en tu proyecto. Ya había tenido un acercamiento con Blood Window desde “Niño Doctor”, proyecto ganador en el 2018, en Guadalajara. Ahora fue en Buenos Aires, Argentina, en el marco de “Ventana Sur”. 

El plan fue ir a buscar distribución. Resultó emocionante que de 300 proyectos seleccionaran 10 y, de ese grupo, uno fuera el nuestro. El acercamiento entre creadores y distribuidores es tan importante como el acercamiento del talento con la producción de la película. Esa ha sido una de las muchas gratas experiencias que me ha dejado esta profesión. 

“La verdadera responsabilidad de quienes contamos historias en audiovisual, recae en armar y compartir un mensaje”

¿Proyectos? 

Terminar una película es como un atropello emocional del cual se tiene que sanar marcando distancia de todo, Y cuanto más rápido sea el regreso, más cosas podemos volver a hacer. Por lo pronto, estoy enfocado en que la película “Somos Invisibles” se estrene como debe ser.