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Amor y romance | EDUI TIJERINA | Enero 2022

Sin audiencia no hay medios

Amor y romance

Parece que fue ayer cuando comenzó este 2022 y ya medio mundo está hablando de cómo va a festejar el “Mes del Amor y la Amistad”.

Y, a propósito, tenemos que regularmente, cuando se habla de “amor”, se establece una conexión directa al concepto de pareja. Pero también podemos hablar del amor filial, el fraterno, a lo que uno hace y hasta del amor a las cosas o situaciones que disfrutamos.

Y como muchos de nosotros amamos el séptimo arte... ¡nos ligamos al amor al cine y en el cine!

Cuando se habla o escribe de “género” se hace referencia a un grupo de filmes que comparten características de fondo y/o de forma. Los “Géneros Cinematográficos”, como la clasificación genérica de otras manifestaciones artísticas, derivan de la llamada “cultura clásica” en la que se cimentaron la comedia y la tragedia. El primero, superficial –al menos en forma- y con final feliz; y el segundo, con tono intenso, profundo y final extremo en el que la muerte cae sobre alguno de los protagonistas.

Estos tratamientos fueron imitados por los primeros trabajos de ficción cinematográfica (que pretende recrear la realidad o construir una nueva) y se permitió una diversificación tal que se han alejado de los básicos, liándose tanto al tono y estilo como al ritmo narrativo, las emociones que pretenden generar en el público, los ambientes, el formato y hasta la relación trama/música, entre otras variables.

Es difícil hablar de películas de “Género Único” ya que la mayoría ofrece una combinación, es decir, son híbridas. Para efectos de clasificación, se considera el que predomina en el conjunto.

Por ambiente (contexto): western, bélico, histórico, deportivo, etc.

Por formato: acción viva o animación.

Por público meta: infantil, juvenil, familiar, adulto.

Por conflicto: drama, comedia, cine negro (existencialista / nihilista), acción, aventura, fantástico (ciencia ficción, fantasía, horror, terror); misterio, suspenso o thriller y cine romántico de donde, por cierto, viene el “romance en el cine”.

Desde siempre, el cine ha funcionado como una herramienta para transmisión de valores y vehículos culturales. Sus historias, personajes, situaciones, imágenes, cortes musicales y demás componentes, inyectan en el cinéfilo una visión del mundo. Y en esa visión, siempre entra la gama de manifestaciones del amor, aunque la que predomina en los filmes es la que vincula a la pareja (hombre-mujer, mujer-mujer, hombre-hombre)

El romance, entendido como el “flujo o intercambio de intenciones entre dos personas con fines de establecer vínculos que los lleven a concretar y mantener unión de pareja”, se ve en el cine no como lo que “es” sino como lo que “debería ser” o “podría ser” en tanto cuanto se piensa en lo “ideal”.

Nadie puede negar que el amor es la emoción / sentimiento más fuerte; afecta a tal grado que altera por completo nuestra forma de ver y enfrentar situaciones, simples o extremas, así como la manera en que percibimos lo que nos rodea.

Las historias de amor que vemos en el cine van desde ser la excusa perfecta para generar en alguien el estado de ánimo ideal para escuchar nuestras propuestas y frases de cortejo hasta convertirse en el detonador de reflexiones profundas sobre las situaciones particulares que vivimos.

Desde las simples comedias románticas hasta los grandes clásicos pueden dejar honda huella en el espectador, dependiendo del estado de ánimo en que se encuentre el momento de enfrentarse a ellas. A este impacto, mayor o mayor, se le llama “relación inherente entre la película y el espectador”.

Alguna vez, María Félix dijo que “una buena película es la que te deja la sensación de haber estado soñando mientras estuviste en el cine”. Si tomamos en cuenta que el enamoramiento es, de cierto modo, una ensoñación, entonces es fácil encontrar identidad entre lo “rosa” que vemos el mundo y lo “rosa” de las historias románticas (aunque no podemos dejar de lado los romances tormentosos, conflictivos y hasta trágicos)

Los detalles para la conquista y hasta el sacrificio de una de las dos partes, o ambas, para agradar y convencer(se) del amor y devoción que se tiene es lo que, en mezcla, consigue que la magia fluya entre lo que ocurre en pantalla y lo que circula en el cuerpo emocional de quien ve la cinta.

Son muchas las producciones cinematográficas que han marcado significativamente a los seguidores del cine en el terreno romántico. Cinéfilos que se han identificado con las situaciones o con los personajes; que recuerdan su primera cita con el amor de su vida, yendo al cine y compartiendo palomitas; que encuentran en el tema musical (soundtrack) una nota o frase que sigue haciéndoles vibrar hasta el más pequeño tejido del corazón...

Lo cierto es que la máxima película romántica aún no se ha escrito ni producido, porque cada uno de nosotros vive su propia historia, su propio filme. 

¡Feliz Mes del Amor!



Edui Tijerina Chapa 
edui_tijerina@yahoo.com.mx 
Twitter: @EduiTijerina 
Instagram: @eduitijerinachapa 

Escritor, dramaturgo, guionista, asesor y analista de medios. Autor de numerosas piezas teatrales y de scripts para películas como “Cantinflas”, “Juan Diego” y “Jesús de Nazaret”.