Sin audiencia
no hay medios
Amor y romance
Parece que fue ayer cuando comenzó este 2022
y ya medio mundo está hablando de cómo va
a festejar el “Mes del Amor y la Amistad”.
Y, a propósito, tenemos que regularmente,
cuando se habla de “amor”, se establece una
conexión directa al concepto de pareja. Pero
también podemos hablar del amor filial, el fraterno, a lo que uno hace y hasta del amor a las
cosas o situaciones que disfrutamos.
Y como muchos de nosotros amamos el séptimo
arte... ¡nos ligamos al amor al cine y en el cine!
Cuando se habla o escribe de “género” se hace
referencia a un grupo de filmes que comparten
características de fondo y/o de forma. Los “Géneros Cinematográficos”, como la clasificación
genérica de otras manifestaciones artísticas,
derivan de la llamada “cultura clásica” en la
que se cimentaron la comedia y la tragedia.
El primero, superficial –al menos en forma- y
con final feliz; y el segundo, con tono intenso,
profundo y final extremo en el que la muerte
cae sobre alguno de los protagonistas.
Estos tratamientos fueron imitados por los primeros trabajos de ficción cinematográfica
(que pretende recrear la realidad o construir
una nueva) y se permitió una diversificación
tal que se han alejado de los básicos, liándose
tanto al tono y estilo como al ritmo narrativo, las
emociones que pretenden generar en el público,
los ambientes, el formato y hasta la relación
trama/música, entre otras variables.
Es difícil hablar de películas de “Género Único”
ya que la mayoría ofrece una combinación, es
decir, son híbridas. Para efectos de clasificación,
se considera el que predomina en el conjunto.
Por ambiente (contexto): western, bélico, histórico, deportivo, etc.
Por formato: acción viva o animación.
Por público meta: infantil, juvenil, familiar, adulto.
Por conflicto: drama, comedia, cine negro (existencialista / nihilista), acción, aventura, fantástico
(ciencia ficción, fantasía, horror, terror); misterio,
suspenso o thriller y cine romántico de donde,
por cierto, viene el “romance en el cine”.
Desde siempre, el cine ha funcionado como
una herramienta para transmisión de valores
y vehículos culturales. Sus historias, personajes, situaciones, imágenes, cortes musicales y
demás componentes, inyectan en el cinéfilo
una visión del mundo. Y en esa visión, siempre
entra la gama de manifestaciones del amor,
aunque la que predomina en los filmes es la
que vincula a la pareja (hombre-mujer, mujer-mujer, hombre-hombre)
El romance, entendido como el “flujo o intercambio de intenciones entre dos personas con fines
de establecer vínculos que los lleven a concretar
y mantener unión de pareja”, se ve en el cine no
como lo que “es” sino como lo que “debería ser” o
“podría ser” en tanto cuanto se piensa en lo “ideal”.
Nadie puede negar que el amor es la emoción
/ sentimiento más fuerte; afecta a tal grado que
altera por completo nuestra forma de ver y enfrentar situaciones, simples o extremas, así como la
manera en que percibimos lo que nos rodea.
Las historias de amor que vemos en el cine van
desde ser la excusa perfecta para generar en
alguien el estado de ánimo ideal para escuchar
nuestras propuestas y frases de cortejo hasta convertirse en el detonador de reflexiones profundas
sobre las situaciones particulares que vivimos.
Desde las simples comedias románticas hasta
los grandes clásicos pueden dejar honda huella en el espectador, dependiendo del estado
de ánimo en que se encuentre el momento
de enfrentarse a ellas. A este impacto, mayor
o mayor, se le llama “relación inherente entre
la película y el espectador”.
Alguna vez, María Félix dijo que “una buena película es la que te deja la sensación de haber
estado soñando mientras estuviste en el cine”.
Si tomamos en cuenta que el enamoramiento
es, de cierto modo, una ensoñación, entonces es
fácil encontrar identidad entre lo “rosa” que vemos
el mundo y lo “rosa” de las historias románticas
(aunque no podemos dejar de lado los romances tormentosos, conflictivos y hasta trágicos)
Los detalles para la conquista y hasta el sacrificio
de una de las dos partes, o ambas, para agradar
y convencer(se) del amor y devoción que se tiene
es lo que, en mezcla, consigue que la magia fluya
entre lo que ocurre en pantalla y lo que circula en
el cuerpo emocional de quien ve la cinta.
Son muchas las producciones cinematográficas que han marcado significativamente a
los seguidores del cine en el terreno romántico.
Cinéfilos que se han identificado con las situaciones o con los personajes; que recuerdan su
primera cita con el amor de su vida, yendo al
cine y compartiendo palomitas; que encuentran en el tema musical (soundtrack) una nota
o frase que sigue haciéndoles vibrar hasta el
más pequeño tejido del corazón...
Lo cierto es que la máxima película romántica
aún no se ha escrito ni producido, porque cada
uno de nosotros vive su propia historia, su propio filme.
¡Feliz Mes del Amor!
edui_tijerina@yahoo.com.mx
Twitter: @EduiTijerina
Instagram: @eduitijerinachapa
Escritor, dramaturgo, guionista,
asesor y analista de medios. Autor de numerosas piezas
teatrales y de scripts para películas como “Cantinflas”,
“Juan Diego” y “Jesús de Nazaret”.