Sin audiencia
no hay medios
Audiencias
¿Cómo se mide
un fantasma?
En nuestro espacio de la edición anterior compartimos sobre los ratings o mediciones de
audiencia: ¿qué son? ¿para qué sirven? ¿qué
consideran? Entonces, también prometí que, a
manera de continuación, esta vez referiría un
poco sobre cómo es que se procesan. Y justo
de eso va el presente texto.
Recordemos que los ratings señalan la cantidad
de personas que ven televisión y en qué horarios. A partir de eso, se define qué programas
atienden y, por tanto, a qué avisos comerciales
y/o promocionales se exponen, sea en los cortes
destinados para ello como en los integrados al
contenido de la emisión (presencia de marca
y menciones pagadas)
Las televisoras usan esta información para
acercarse a agencias y/o directamente a los
anunciantes, a fin de ofrecerles mostrar sus
productos o servicios en las emisiones que,
potencialmente, atraen al grupo de público
de su interés, también llamado “público meta”.
Obviamente, entre mayor nivel de audiencia
tenga ese espacio, más caro costará al cliente.
Por otro lado, los números en cuestión también
son un buen referente para que los equipos de
producción establezcan y saquen adelante sus
estrategias de programación (contenidos, horarios, tonos, etc.)
Al principio, se decía que intentar medir el número de personas sentadas ante un televisor, ya no
sólo en ciertos días, sino, también, en determinados horarios y atendiendo un contenido específico, era como “querer medir y pesar un espíritu
o fantasma”, porque son algo difícil -por no decir
que imposible- de ver y dimensionar. Ahora, hay
muchas maneras para concretar esa medición.
De hecho, cada vez son más y, aunque se supone
aumentan su precisión, este tema siempre ha
estado en tela de duda y controversia.
La opción más conocida es el “People-meter”
(Medidor de gente) que es un panel que se instala en los televisores de hogares participantes,
seleccionados de acuerdo con la geografía,
nivel socioeconómico, cantidad de aparatos
y si acostumbran a ver TV abierta o de paga,
entre otras variables.
El People-Meter se opera desde un control
remoto. Cada miembro del hogar recibe un
número, mismo que tendrá que marcar en el
aparato cuando llegue o se vaya del televisor.
Así, se registra la fecha, el horario, cada cambio
de canal, tiempo de permanencia ante la pantalla y la identidad de quien estuvo expuesto a
la programación. Esta información se canaliza
al IBOPE (Instituto Brasileño de Opinión Pública
y Estadística) que se encarga de procesar y
asentar en reportes.
Los participantes, que tienen el compromiso de
estar marcando cuando comienzan y dejan
de ver la programación -cosa que a veces se
olvida, lo que lleva a información no muy certera- reciben estímulos a base de puntos que,
luego, pueden canjear por artículos disponibles
en un catálogo de recompensas.
Otra de las opciones de medición es la conocida
como “Real-Time”, que documenta la preferencia
del público minuto por minuto. Primero se usó en
Brasil. Luego en Chile y Argentina. De ahí se ha
ido ampliando a otros países de Latinoamérica,
además de Estados Unidos y naciones europeas.
El sistema en cuestión no ha sido bien recibido
por todos, pues ha llegado a complicar la producción televisiva. ¿Por qué? Porque ya no sólo
se pone atención al producto terminado en lo
integral, sino que tiene que revisarse segmento
por segmento.
Por ejemplo, si un tema o invitado de cierto momento del programa a revisar no registra un
buen nivel de audiencia, termina cancelado y hasta vetado de la emisión, reflejando con eso
una evaluación por sección o fragmento y no
por la calidad del todo.
Con eso, ahora no sólo se debe estar al pendiente de lo que se incluye en cada bloque sino,
también, del comportamiento del público conforme avanza el programa.
Personalmente, creo que se debe tomar en
cuenta la situación del público con respecto al
horario. Puede que un programa no sea visto por
estar mal ubicado en la parrilla de la televisora
(plan de transmisiones) y se esté transmitiendo
en un momento en que su público meta no tiene
posibilidad de verlo y no porque el contenido
sea malo o el invitado / participante no merezca
estar ahí.
Total, que las televisoras se pelean por tener altos
niveles de audiencia. Son capaces de lo que
sea por aumentarlos. No porque les importe del
todo su público, sino porque de eso dependen
sus ingresos (sea por suscripciones o por venta
de espacios comerciales)
Al final del día, se midan de una forma u otra, la
precisión será siempre cuestionable, relativa…
como las descripciones de forma y dimensión
de los fantasmas que nadie ve pero que, se supone, andan rondando por ahí.
edui_tijerina@yahoo.com.mx
Twitter: @EduiTijerina
Instagram: @eduitijerinachapa
Escritor, dramaturgo, guionista,
asesor y analista de medios. Autor de numerosas piezas
teatrales y de scripts para películas como “Cantinflas”,
“Juan Diego” y “Jesús de Nazaret”.