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KEKA KURI | El arte de no tener límites | ROBERTO GARZA | Julio 2021

Por: Roberto Garza
Fotografía: Cortesía Keka Kuri


KEKA KURI
El arte de no tener límites

Rebeca Kuri es una pintora regiomontana que primero fue adoptada por el Estado de Tamaulipas, y ahora lleva casi 20 años en la ciudad de McAllen, Texas, muy cerca de la frontera de Estados Unidos con México. 

Keka Kuri, como es conocida en el ambiente de las artes plásticas, nos comparte y demuestra que sí es posible vivir del arte, siempre y cuando se cultiven una serie de valores que permitan crecer y aprender continuamente.

¿Cómo llegaste al mundo de las artes plásticas?

La verdad es que fue por casualidad, ya que, al acompañar a una amiga a su clase de pintura, por no quedarme “sin hacer nada”, también me puse a pintar. Sentí que era algo que podía desarrollar como hobby, sin embargo, después de hacerlo por un año, un amigo pintor vio una de mis obras y me motivó a comenzar a venderlas. Él me conectó inmediatamente con una mueblería muy reconocida de McAllen, a la que vendí mis obras desde el primer día. 

El seguimiento de tu preparación, ¿fue de manera empírica o académica?

Estudié licenciatura en administración de empresas, ya que crecí con el comercio en la sangre. Por otro lado, mi pasión fue siempre lo relacionado con la creatividad. Recuerdo siempre haber visto programas de remodelaciones y decoración, queriendo transformar los espacios de mi casa y haciendo todo tipo de cambios en mi cuarto.


¿Quiénes son tus referentes artísticos?

Cuando empecé a pintar, comencé también a investigar cómo cotizaban los pintores sus obras, al igual que cómo llegaban a ser famosos, llegando a la conclusión de que los grandes artistas tenían algo en común, y eso era el estar más adelantados a su época. Aprendí de la capacidad sin límites de Leonardo Da Vinci; de que no necesariamente se debe pintar con brocha, de Jackson Pollock; de que era posible distorsionar la pintura, de Pablo Picasso; y así poco a poco de muchos otros. Actualmente soy una gran fan de Jean Mitchel Basquiat, lo cual se puede ver reflejado en mis obras. Me encanta no tener que tomar la vida de manera tan seria y jugar un poco con la decoración de la casa.

Platícanos sobre el desarrollo de tu estilo

Cuando empecé con la pintura hacía sólo abstractos, ya que era fácil para mí realizarlos. Sin embargo, nunca fui conformista. Siempre que la dueña de la mueblería me pedía algo especial, decía que sí, y eso sin saber siquiera si sería capaz. Recuerdo, inclusive, haber tomado clases por YouTube para aprender diferentes técnicas y poco a poco irme adentrando en lo figurativo. Al principio pintaba animales, luego tomé clases formales en San Miguel de Allende y aprendí dibujo. Con los años y mucha práctica, empecé a hacer rostros. Fascinada por la mirada de las personas, empecé a expresarlos en mis pinturas.

Recientemente colocaste tu obra número 1,000. ¿Cuál ha sido tu secreto para lograr vender tus cuadros de una manera tan exitosa?

Tener siempre la mente abierta en cuestión de estilo y no tener un solo sello como lo hace la mayoría de los artistas. Eso hace que tu obra tenga la cualidad de que le guste a un público más amplio y diverso. Uno debe aprender a ser receptivo de la crítica y a transformarla en una oportunidad de crecimiento.

¿Sigues algún modelo de negocios?

Así es. Es importante saber que la pintura, a pesar de que es un trabajo recreativo y que a veces pudiera parecer como un “hobby”, es un trabajo como cualquier otro.

Para mí ha sido fundamental tener horarios para pintar, ser disciplinada, puntual y formal. Eso habla de ser profesional. Saber cómo cotizarme tomó un tiempo, sin embargo, es importante ir creciendo poco a poco y tener establecidos bien tus precios, con el fin de que el mercado sepa en dónde estás ubicado y de que puedas cotizar de acuerdo con lo que estás ofreciendo. 


¿Cuál ha sido el obstáculo más grande que has tenido que afrontar en tu carrera?

Mis propios límites. El pensar que no soy capaz de hacer algo.

El arte exige saber relacionarte y tener los contactos correctos. Y cuando los consigues, saber aprovecharlos al máximo y cumplir con las expectativas que generas.

Sin duda, es posible vivir del arte. ¿Qué consejos darías a los jóvenes que quieren dedicarse a la pintura y vivir de ella?

Primero, que debes hacer lo que te apasiona, para no sentir que es un trabajo. Segundo, tomar la pintura como una disciplina y saber que todos los días se puede llegar a ser mejor. 

¿Qué es lo que sigue para Rebecca “Keka” Kuri?

Estoy aprendiendo escultura, me encantaría continuar aprendiendo esa disciplina y crear diferentes cosas. Me fascina mezclar estructuras de acero o madera con la pintura.

Soy una persona que vive el momento. Siempre estoy agradecida con Dios por el talento que me brindó.