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¿Eres puerta de tambor o de madera maciza? | PLÁCIDO GARZA | Marzo 2021

 

Irreverente

¿Eres puerta de tambor o de madera maciza?

Aprendizajes que con el tiempo engrandecen su valor

Les platico: cuando mi abuela la carpintera recibía un pedido en su negocio, sin necesidad de preguntarle a sus clientes por el morboso tema de la lana, solo les daba a escoger entre puertas de tambor o de madera maciza.

Si respondían con la primera opción, era que querían algo barato. Si elegían la segunda, es que tenían dinero para invertirle más a su casa con puertas de los cuartos y armarios.

Lo primero que hacía cuando entraba por primera vez a la casa de alguien que la invitaba, era darles unos golpecitos a la primera puerta con la que se topaba y el propósito era el mismo.

Si retumba y suena como tambor, no vale; si no, es que sí”, decía, de las puertas, por supuesto, o ¿de qué creen que estoy platicándoles?

Con el tiempo aprendí a aplicar lo que llamo la “teoría de las puertas”, aplicada a todo, incluso a las personas.

Déjenme les platico: desde hace muchos años sé, que mientras más suena (habla) alguien, menos vale lo que dice.

Y al revés, menos palabras (ruido), para mí es más valía, de quién es así con su vida.

Me voy a explicar: he aprendido a desconfiar y a alejarme del estruendo que emite alguien anunciando lo que va a hacer, llámense promesas, presunción, alarde de “talento”, de “capacidad”, “relaciones”, “contactos”, de “chingonería”, de “fregonería” y anunciando cosas y planes que no concreta porque eran eso, puro pinche ruido.

A estos les llamo “puertas de tambor”

Por el contrario, me gusta y busco rodearme de quienes son de madera maciza, que no hacen ruido y primero hacen las cosas (ponen el huevo) y luego lo cacarean y a veces ni eso hacen, porque más importante que la cacareada, es el huevo.

Es más, a veces esa gente es tan realmente chingona, que a pesar de poner un friego de huevos, no cacarean ni uno solo.

Esto lo aplico en todos los órdenes de mi vida, en lo personal, familiar, amistades; y en lo profesional, con clientes, socios y empleados.

A veces me tardo en darle los golpecitos a las “puertas” para saber si son de tambor o de madera maciza, pero aunque me demore, siempre lo hago.  

A ver, una aplicación de esto: he terminado con relaciones que habían durado muchos años, en todas sus aplicaciones. Si no lo hice antes, fue porque me tardé en darle los golpecitos a la puerta.

He terminado con socios teniendo ya hasta la planta o las oficinas jalando. Otra vez, porque me tardé en darle los golpecitos a la puerta.

Y entonces, para darle congruencia a todo esto, no soy de los que anuncian: “van a ver la chingonada que voy a hacer”. Mejor pongo el huevo y -en serio- a veces ni lo cacareo.

Primero, porque no soy gallina para andar poniendo huevos. Sí (con acento, eh, para los que leen al chile), los tengo, y con que yo lo sepa, punto, no necesito que NADIE me ande diciendo “no tienes los tanates, o qué”? 

Hace poquito, alguien me envió como diez WhatsApp acusándome de algo que solo existe en su calenturienta mollera, que no mente, porque no tiene. Incluso se atrevió a publicar en un chat tal libelo.

Esa “puerta de tambor” fue puesta en su lugar por el creador de ese grupo - un hombre muy respetable y respetuoso- y si el del ruido lo sigue haciendo, muy su flatulencia y muy su gusto. Se exhibe el que denosta, no el denostado.

Otra “puerta de tambor” estuvo igual, ingue y ode mandándome mensajes amenazadores por lo que escribo y también por lo que no, hasta que le dije algo bien suavecito, que rematé con esta sentencia: ...”y no es una amenaza, es una promesa, okay?” 

Tan tan, se acabaron sus agresiones porque -caray- el mensaje que ya tengo estandarizado y me sale por default para estas enfadosas “puertas de tambor” es: “me quieres joder? Bueno, hazme el favor de formarte en la fila, toma tu ticket, y sé paciente, porque adelante de ti hay como veinte...”

Conclusión: soy adicto al silencio y a la acción. 

Una vez hace mucho tiempo, en un viaje que hacía por carretera por primera vez con un empleado que recién había contratado, le dije como a los 15 minutos de tomar carretera: “no te sientas obligado a hacerme plática”.

Por el movimiento de la “nuez” de su garganta, casi le escuché el “gulp” mientras deglutía el camote de mi inocente comentario.

Entonces, ¿ya quedamos? o ¿qué?

CAJÓN DE SASTRE

“Ya quedamos”, dice la irreverente de mi Kalifa, aunque quisiera que dijeran lo mismo otras “puertas de tambor” a las que no les he dado el golpecito con mis nudillos; pero en esas ando, en esas ando... 


Plácido Garza.
placido.garza@gmail.com 
placido@detona.com  

Nominado a los Premios 2019 “Maria Moors Cabot” de la Universidad de Columbia de NY; “Sociedad Interamericana de Prensa” y “Nacional de Periodismo”. Forma parte de los Consejos de Administración de varias corporaciones. Exporta información a empresas y gobiernos de varios países. Escribe para prensa y TV. Maestro de distinguidos comunicadores en el ITESM, la U-ERRE y universidades extranjeras. Como montañista ha conquistado las cumbres más altas de América.