¿Por qué no invertir
en Cultura?
Para México, país con altos índices de pobreza, el invertir en la cultura debería de ser
prioridad dentro del sector público y privado.
Bienvenidos nuevamente estimados lectores, a su revista ARTE Cultura y Sociedad, una nueva forma
de ver la cultura; más cercana, más
humana y con la capacidad de llegar a más gente.
Es bien sabido que la cultura
por definición, es el conjunto de
conocimientos, ideas, tradiciones
y costumbres que forman parte
de una sociedad. Sin embargo,
la cultura también es la responsable de modelar las identidades
de las personas, de formar puentes entre grupos humanos y de ser
la base para el desarrollo de una
sociedad. En pocas palabras: La
cultura es el motor requerido por
una comunidad, para lograr su
transformación y reinvención en
un mundo globalizado.
Si lo de anterior es verdad, entonces, ¿por qué en México seguimos
sin invertir de manera responsable
en la cultura? ¿porqué el tema cultural sigue percibiéndose como un
“accesorio de gobierno”, como un
“generador de eventos sociales” o
simplemente como un “complemento” de las instituciones públicas
y privadas?
Invertir en cultura es invertir en desarrollo. Quizás esa sea la razón, por
la que países como el Reino Unido,
Alemania, Francia, Holanda, Dinamarca, Suiza, Austria y Bélgica, no
sólo son de los más desarrollados,
sino de los que han sido capaces
de crear una industria cultural tan
poderosa, que ya contribuye fuertemente a su Producto Interno Bruto.
¿Será casualidad también, que la
mayoría de estos países también
forman parte del ranking de los países más innovadores del mundo?
Para México, país con altos índices
de pobreza, el invertir en la cultura
debería de ser prioridad dentro
del sector público y privado. No
obstante, habría que ver lo que
hizo Inglaterra desde finales de
los noventa, al poner a la cultura
como centro de su proyecto de
gobierno, impulsando así la imagen del país a nivel internacional y
creando una industria cultural que
se ha convertido en parte esencial
de su economía.
Si nuestros gobiernos estuvieran
verdaderamente preocupados por
fortalecer la cultura y por convertirla en un motor de desarrollo para
nuestras comunidades vulnerables,
deberían comenzar por aumentar
el porcentaje de los ingresos destinados a la misma y crear esquemas donde la iniciativa privada
pudiera participar junto con ellos
de manera inteligente.
Es importante que dejemos de ver a
la cultura como deficitaria. Nuestras
autoridades culturales deben darse
cuenta, que ésta no sólo puede
ser autosustentable, sino también
puede convertirse en una industria
bastante lucrativa. Tienen que dejar
de pensar, que las producciones
culturales pierden su nobleza al
generar un desarrollo económico.
En resumen, nuestras instituciones culturales deben migrar sus
modelos basados en subsidios
de gobierno y dádivas privadas,
a modelos que sean capaces de
generar ingresos por sí mismos y
crear círculos virtuosos de desarrollo económico al interior de la
industria misma.
¿No cree usted, que ya es momento
de que nuestra industria cultural se
convierta en un motor de desarrollo
para México?
robgarza@att.net.mx