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Francesca Woodman | GABRIELA ARENAS | Agosto 2020

Por: Gabriela Arenas
Fotografía: Especial



Francesca Woodman

Sus fotografías nos hablan de una constante contradicción: diafanidad y oscuridad, dolor y placer, sensualidad y castidad, movimiento y momentos congelados.

Francesca Woodman fue una fotógrafa estadounidense, hija de padres artistas. Su madre ceramista y escultora, su padre pintor. El arte en su casa era una religión, creciendo desde niña rodeada del mismo, mientras también desarrollaba una gran sensibilidad y pasión artística.

A los 13 años, su padre le regaló su primera cámara fotográfica, iniciando desde ese momento su carrera como fotógrafa.

Su obra tiene un tono poético, donde cada una de sus fotografías cuenta con su sello personal. Su trabajo es un reflejo de femineidad, corporeidad y sutileza. Su trabajo también cuenta con claros rasgos de simbolismo y surrealismo.



En sus imágenes, frecuentemente nos encontramos con interiores abandonados y ruinosos, donde el cuerpo se funde con el entorno. Objetos colocados con precisión, creando así ambientes surrealistas, enfocando su trabajo principalmente en el cuerpo femenino y el desnudo, siendo autorretratos la mayoría de sus obras. Sus fotografías nos hablan de una constante contradicción: diafanidad y oscuridad, dolor y placer, sensualidad y castidad, movimiento y momentos congelados. Sus imágenes son capaces de transmitir sentimientos de fragilidad, misterio, ausencia, melancolía, tristeza, ansiedad, logrando conectar al espectador con los mismos sentimientos. Es interesante cómo al ver sus fotografías, uno se queda con ganas de ver más, de saber más.

Después de su internado en Roma, viajó a Nueva York buscando ahí iniciar su carrera como fotógrafa, pero nadie le brindó una oportunidad y trabajó sólo como asistente de fotógrafo, por lo que nunca pudo demostrar de lo que ella era capaz. Esto sumado a una ruptura amorosa, la llevó a una depresión muy fuerte en 1980, donde inclusive intentó suicidarse.

Al año siguiente lo intentó de nuevo, lanzándose desde el tejado de un edificio, pero ahora si perdiendo la vida con tan sólo 22 años de edad, un 19 de enero de 1981. “Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones, en lugar de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas…” 

Dejó unos 10 mil negativos y más de 800 fotografías impresas, en un archivo que sus padres gestionan y exponen y del cual sólo se conoce una cuarta parte.

Francesca Woodman con el paso de los años, se ha convertido en una de las fotógrafas contemporáneas más estudiadas y comentadas. Tras su trágico suicidio, no ha dejado de recibir el reconocimiento de críticos y especialistas de todo el mundo, sin dejar de generar debate y preguntas sin respuesta.

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