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De soñar con medalla de oro a caer en el miedo del coronavirus | DIEGO GARCÍA CARRERA | Mayo 2020

Por: Diego García Carrera
Fotografía: Cortesía Diego García Carrera

De soñar con medalla de oro a caer en el miedo del coronavirus


“Tan pronto pasamos de soñar con una medalla de oro después de un año de entrenamientos brillantes a darnos el golpe del siglo con una actuación final desastrosa que, además de dolorosa, es profundamente inesperada. Y cuando la realidad ocurre, no avisa; se presenta ahí sin más. El mundo de repente te da un vuelco y, por mucho que desees cerrar los ojos y despertarte en otra situación, no puedes. La realidad sigue ahí cuando los abres”. 

Este es un texto íntegro de Diego García Carrera , un joven deportista madrileño quien ayer soñaba con ganar una medalla de oro en atletismo, y ahora, su mayor anhelo es que esta pandemia acabe de una vez por todas. 

“Las tempestades siempre pasan..” 

Ya son seis las semanas que llevamos los españoles obligados a permanecer en casa. 

47 millones de personas que tendremos que esperar, al menos, tres semanas más para atisbar un mínimo de libertad de movimiento. 

Sólo están permitidos los desplazamientos para comprar alimentos, ir al hospital o atender a mayores dependientes, así como para acudir a los trabajos que se consideran esenciales. 

No cumplir con estas órdenes representa un peligro y, además, un riesgo de recibir una gran multa de la policía. Sólo en la capital de España (Madrid), los desplazamientos se han reducido en más de un 90% por ciento. 

Pero la alternativa de salir a la calle tampoco resulta muy apetecible. Ya son más de 20 mil las personas que han fallecido en España por culpa del nuevo coronavirus y se estima que los contagiados se podrían contar en millones. 

Nuestro país tiene una de las tasas de muerte más altas del mundo. 

Y en una situación tan dura, intento refugiarme en aquellas vivencias como deportista que me han ayudado a superar mis peores crisis personales, y que hoy quiero compartir con vosotros.


Muchas veces pensamos que todo se ha acabado... Tan pronto pasamos de soñar con una medalla de oro después de un año de entrenamientos brillantes a darnos el golpe del siglo con una actuación final desastrosa que, además de dolorosa, es profundamente inesperada. Y cuando la realidad ocurre, no avisa; se presenta ahí sin más. El mundo de repente te da un vuelco y, por mucho que desees cerrar los ojos y despertarte en otra situación, no puedes. La realidad sigue ahí cuando los abres.

Después de un tiempo determinado, vuelve a escena tu balanza emocional; ese músculo vigoroso que ya está acostumbrado a vivir turbulencias de montaña rusa. Y el músculo empieza a estirarse: es verdad que no he conseguido mi sueño esta vez, pero eso no significa que no pueda conseguirlo más adelante. 

Entonces ves que el temporal remite y empiezas a recordar lo que tienes: las capacidades que te han llevado a los buenos momentos, los valores que te ha transmitido la gente que te acompaña. Y de repente sabes que eres más fuerte que hace una semana, que estás más preparado para lo que venga. 

Sientes que has crecido, sin saber cómo, en medio de una tempestad ya superada. 

Una parte de ti empieza a sugerir que no cambiaría nada de lo ocurrido. Y tú no te lo puedes creer: ¿Será posible? Con lo mal que lo he pasado… 

Pero así somos. Solo interiorizamos lo importante (solo aprehendemos, como diría mi profe de lengua de Primaria) cuando nos ponen a prueba. Y ahora, después de décadas de tranquilidad, nos están poniendo a prueba a todos. 

Sin camisetas de España y sin jueces, pero con unos estímulos similares. Con un “ahora o nunca”, con un “no podemos fallar” y con unos principios de lo conocido que amagan con desdibujarse. Pero os diré que las tempestades siempre pasan, se llamen como se llamen, y tengo el sincero presentimiento de que esto nos va a hacer mejores.