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Breve agenda para los próximos funcionarios culturales | IGNACIO MENDOZA | Enero 2020

Por: Ignacio Mendoza
Fotografía: Especial



Breve agenda para los próximos funcionarios culturales

La cultura está presente en todas las actividades de la vida pública, debiéndose ver como un recurso a favor de la participación ciudadana.

Con la llegada del año 2020 se comienza a discutir en Nuevo León el tema de los candidatos a la gubernatura y las alcaldías, con lo cual también se perfilan los nombres de quienes pueden asumir las secretarías y direcciones del aparato público. La cultura no es ajena a tal escenario y por ello conviene plantear una breve agenda para quienes quieran comprometerse con dicha área.

Primero, quien aspire a esa responsabilidad debe reconocer que la cultura está presente en todas las actividades de la vida pública. No basta con pensar en términos de difusión, fomento o promoción, más bien se debe ver a la cultura como un recurso a favor de la participación ciudadana en otros temas propios del ámbito comunitario, como la seguridad, la vida cívica o los estilos de vida saludable, sin que eso suponga generar más actividades que terminen como entretenimiento para beneplácito de unos cuantos.

Luego, urge un diagnóstico de las tareas pendientes. En este tema el tintero se llena de propuestas: desde la redefinición de la personalidad jurídica de los entes culturales públicos hasta la alineación de la educación artística entre las instituciones competentes, el desarrollo de recursos para la conservación de la memoria o la democratización de los contenidos (tarea que la mayoría de las veces tristemente se toma como la presentación de espectáculos en sitios públicos). Esta tarea es de vital importancia si consideramos que la política cultural en Nuevo León ha permanecido estancada. Por increíble que parezca, seguimos hablando de los mismos festivales, los mismos programas y los mismos apoyos que siguen beneficiando a los mismos grupos en detrimento de la colectividad. Ante esto, urge definir y desplegar una estrategia que observe similitud de proporciones tanto en lo normativo como en lo presupuestal y lo programático, y esa labor será posible si se cuenta con un diagnóstico.

Después está el tema de las tecnologías de la información y la comunicación. Su presencia e impacto son incuestionables, por ello cabe preguntarse por qué no se les ha involucrado adecuadamente en el ámbito cultural. Se debe pensar en dichas tecnologías como medios para la información, la formación, la preservación y el acceso a contenidos que, de otro modo, quedan aislados para un amplio rango de públicos.

Hay que considerar igualmente el desarrollo de los emprendimientos culturales. Pensar en ello debe trascender la idea de organizar ferias o encuentros en donde se les “enseñe” a los asistentes a solicitar fondos. Para ello se deben revisar los esquemas de apoyo de la banca o formar alianza con los órganos legislativos con el fin de que incentiven la incubación y el financiamiento de empresas culturales, una tarea que implica investigación y gestión.

Por último, se debe considerar la designación de funcionarios eficaces, es decir, pensar en profesionales de la función pública, la gestión administrativa y el fomento cultural que además tengan un alto sentido de la responsabilidad. Hay que dejar de lado la idea de que el artista o el académico son los candidatos ideales (aunque es cierto que tales experiencias abonan), y si eso es así, con mayor razón se pasar por alto el nepotismo, el amiguismo o los méritos de campaña. Este punto es más delicado de lo que parece pues de él se desprende la posibilidad de encontrar a profesionales con sensibilidad, inteligencia y sentido común para poner en marcha las recomendaciones que se señalaron líneas atrás. ¿Qué implica eso? Implica mirar hacia los egresados de las instituciones de educación superior, analizar la experiencia de otros estados o ciudades, revisar trayectorias, en fin.

Esas son las recomendaciones. Espero que algunas de ellas lleguen a las mesas de trabajo, los foros o los diálogos para que generen compromisos no sólo para quienes administren la cultura, sino especialmente para nosotros, los ciudadanos: quienes somos los verdaderos responsables de vivir como comunidad.

Ignacio Mendoza 
Catedrático, escritor y promotor cultural. Ha sido Premio Nuevo León de Literatura y Director de Cultura en el Municipio de Monterrey. También se ha desempeñado como profesor de Letras Hispanoamericanas, y prepara actualmente su segunda novela.