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Día de muertos | Gabriela Arenas | Noviembre 2019

Por: Gabriela Arenas
Fotografía: Gabriela Arenas



Día de muertos

El Día de Muertos es la celebración en la que nuestros difuntos regresan con nosotros y la muerte lejos de ser un motivo de tristeza, se convierte en un pretexto para celebrar la vida.

El Día de Muertos en México siempre sorprende por su misticismo y simbolismo. Nuestras raíces prehispánicas, altares, ofrendas, colo - res y olores, no son una representación oscura de nuestras tradiciones, sino una alegre celebración por la forma tan natural que festejamos y tratamos a la muerte en nuestro país. 

Cabe destacar que El Día de Muer - tos, fue nombrado “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad” en el 2008 por la UNESCO.



La muerte ha sido a través de la historia, un suceso que nos ha llevado a la reflexión en la búsqueda de respuestas. El origen de esta fiesta, se remonta a la mezcla de nuestro pasado prehispánico y a las tradiciones traídas por los españoles. Nuestros antepasados le rendían culto a la muerte antes de la conquista, al considerar que existía una dualidad inseparable con la vida, a la que veneraban y agradecían. 

Con la llegada del catolicismo a través de los españoles, las creencias y tradiciones de los indígenas se fusionaron con esta religión. La visión distinta sobre la muerte se unió a la festividad católica de “Todos los Santos y Todas las Almas”, naciendo lo que ahora conocemos como El Día de Muertos.

Ha sido tan grande el impacto de esta mágica celebración alrededor del mundo, que ha convertido en inspiración en la moda, el arte, la música y hasta en el cine, siendo ejemplo de ello el filme “Coco”, que cautivó por su belleza, música y misticismo.

Es indudable la importancia que tiene para los mexicanos esta celebración que es capaz de conectarnos con nuestros antepasados. Un festejo lleno de símbolos, colores, comida y rituales que son el claro reflejo del amor con el que se visten de luces los altares, tocando así las fibras más sensibles del corazón. Celebración en la que nuestros difuntos regresan con nosotros y la muerte lejos de ser un motivo de tristeza, se convierte en un pretexto para celebrar la vida.