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De la brillantina rosa y otros demonios | DIANA ELISA GONZÁLEZ | Septiembre 2019


La exquisitez de ser nosotrxs

De la brillantina rosa y otros demonios

Hace días, una mujer lanzó brillantina rosa al secretario de Seguridad Pública capitalina en reclamo. Días después, se llevó a cabo una manifestación de mujeres que exigían un alto a la impunidad, a la falta de acciones contundentes a la violencia. Fuimos testigos de que la marcha llevada a cabo en Cdmx tuvo muchas formas: algunas pacíficas, otras más “provocadoras”. En la ciudad, quedó registro de todo ello.

Posterior a la marcha, la autoridad capitalina se pronunció, primero señalando que abrirían carpetas de investigación y posteriormente retractándose de lo dicho. De todo el país y desde diversos medios, hubo críticas a las manifestantes y a lo acontecido en la ciudad, traducido en pintas a monumentos, rayones, cristales rotos, entre otros. La intención de este escrito es reflexionar en algunos señalamientos, ejemplo de ello es:

¿Fue exagerada la manifestación?

¿Es válida la intervención hecha al espacio urbano?

DATOS DUROS: En México, nueve mujeres son asesinadas al día según ONU Mujeres. De enero a abril, se reportó el asesinato de 114 mujeres menores de 17 años. Solo en 2019 se han cometido más de 1800 feminicidios y homicidios contra mujeres. 

El asunto de la brillantina es poesía pura, pero la mejor explicación, la dio una de las manifestantes: “ojalá que las mujeres fuéramos agredidas con brillantina y no en las formas que ocurre, porque nos están matando”. Sobre si fue o no exagerada la manifestación, permítame decirle que no. Las cifras, los casos, los abusos, están sobre la mesa. Es una revolución NO contra los hombres -permítame aclarar-, sino contra un sistema patriarcal que ha permitido, que ha omitido, que ha callado, que ha silenciado, que ha señalado a las mujeres como provocadoras por levantar la voz, por vestir de cierta forma, por caminar sola, por salir a ciertas horas, por pedir igualdad de derechos, por no quedarse callada, por rayar monumentos y dejar ahí constancia de su enojo, de su miedo. Todo lo ocurrido, lo veo como la continuación de una revolución que empezó hace décadas y que ha tardado en generar resultados. Lo que vimos, fue solo el corcho que sale disparado ante la presión de las cifras, del dolor, del miedo, de la desprotección, del no pasa nada.

Por todo ello, entiendo como válida la intervención en el espacio urbano, pues es el reflejo de una ciudad viva. Las consignas pintadas son las heridas que sangran a nivel social y que deben ser oídas, que deben cimbrar a todo el que las mire para repensarse en sus formas, en sus omisiones, en sus silencios, en lo que promueve desde sus relaciones de convivencia, afectivas y laborales con esa otra/otro.

Muchas tenemos una historia que contar sobre abuso, sobre esas violencias toleradas o que ni siquiera nos habíamos dado cuenta por estar normalizadas. Por todo ello, a mi no me parece exagerado nada de lo ocurrido, al contrario, es totalmente comprensible el hartazgo; pero creo necesaria la reflexión de que como colectivo mujeres, busquemos nuestras propias formas, es decir, que no reproduzcamos lo que tanto daño nos ha hecho, por lo que es importante encontrar nuestros propios lenguajes y simbolismos como muy acertadamente fue la brillantina rosa.

Esas mujeres que vimos manifestándose, que algunos señalan con el dedo y con desdén como ‘locas’, ‘feminazis’ o ‘provocadoras’, a mí, si me representan; porque lo hicieron no solo por ellas, lo hicieron por mi, por ti, por nosotras, por nuestras hijas, por el derecho de todas a vivir libremente.



Diana Elisa González Calderón 
Doctorada por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es docente e investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de México.