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Un muro | DIANA ELISA GONZÁLEZ | Julio 2019


La exquisitez de ser nosotrxs

Un muro

La falta de un plan estratégico con enfoque en derechos humanos en torno a las políticas de migración, está generando reacciones desesperadas desde los gobiernos, así como desde quien busca cruzar el río o el muro para llegar al otro lado.

Hace unos días, salió a la luz una fotografía que ocupó las portadas de medios nacionales e internacionales. Un padre y su hija de menos de dos años, aparecen ahogados a orillas del río Bravo. Están boca abajo y de espaldas, abrazados por la camiseta del padre para que el río no arrebate a la niña. Sus nombres son Oscar y Valeria Martínez, son salvadoreños.

Dudé mucho en decidir no pegar en este escrito la fotografía. Mi disyuntiva era por un lado, mostrar respeto a las víctimas no alimentando el morbo y por otro, la gran necesidad de hacer visible la tragedia y su crudeza, una tragedia que a veces nos negamos a ver de frente y solemos criticar desde un imaginario en la comodidad de nuestro cotidiano, de nuestros intereses, de los intereses de país, pero que debería movernos a actuar.

Por supuesto que la imagen enoja y duele. Era la esperanza y es la desesperanza, es la decisión, es el infortunio. Es el acto desesperado de un padre y la situación de vulnerabilidad de la pequeña Valeria.
El tema de migración es un fenómeno social, que ha sido histórico y político. Se ha posicionado en la agenda pública con gran preocupación por parte de los gobiernos desde sus políticas económicas y sociales. Pero me pregunto qué tanto hemos actuado con el enfoque de derechos y reflexionado en lo público y lo privado desde los mismos derechos humanos. La falta de un plan, de una estrategia con dicho enfoque en torno a las políticas de migración, están generando reacciones desesperadas desde los gobiernos, así como desde quien busca cruzar el río o el muro para llegar al otro lado.

Familias migrantes están siendo separadas. Niñas y niños están en medio de este conflicto que supera la comprensión. Infancias y juventudes acompañadas y sin acompañamiento están conformando en estos escenarios de violencia y desamparo, su comprensión del mundo y de la vida. Impacto que seguramente tendrá repercusiones en su futuro.

Las políticas migratorias son cada vez mas duras para generar desaliento, pero están provocando que migrantes se adentren en mayores riesgos, por lo que historias de este tipo no son aisladas y cada vez mas escuchadas.

Entiendo las discusiones sobre las cifras macroeconómicas, pero no dejo de pensar en el factor humano. En que debemos dejar de estigmatizar al migrante y pensar que la migración no se explica desde la generalización de los procesos migratorios, se explican desde las historias de vida. Historias de aquellos que huyen de la violencia, de la pobreza, de la desesperanza.

Por ello, creo que no debemos verlo desde la negatividad, sino desde las posibilidades de enriquecimiento cultural, ejemplos varios tenemos en nuestra propia historia. Pero entiendo la importancia y lo necesaria que es una estrategia de desarrollo regional y por supuesto transfronteriza. Nadie debería morir, por buscar una mejor vida.

Y ya sea con la forma de un río o marcado por la construcción de un muro, esa frontera llena de simbolismos que ha dividido la vida de millones de personas, es un prejuicio, es un discurso, es una línea, es un sueño, es un destino, es un paso, es un rechazo. Y pienso en cuantos muros levantamos con nuestros malos juicios y soberbia, falta de empatía y solidaridad con el otro-otra, ese, aquel.

Por ello desde lo cercano, demos el primer paso: empecemos por revisar nuestros prejuicios y busquemos sumar al bien común. Hagamos una fisura al muro.


Diana Elisa González Calderón 
Doctorada por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es docente e investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de México.