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El lujo de ser Sylvia Pasquel | MIGUEL ÁNGEL ARRITOLA | Junio 2019

Por: Miguel Angel Arritola
Fotografía: Miguel Angel Arritola




El lujo de ser Sylvia Pasquel

El monólogo “Nahui Olin; Virgen perversa”, de la poeta, musa y pintora que desafió la moral y las buenas costumbres de los años 40, encarnada por una espléndida actuación de la primera actriz Sylvia Pasquel se presentó con lleno total la noche del viernes en Casa Musa AC.

El sol fue su eterno amante, su fiel amigo, aquel que aca - rició con sus destellos de luz ese cuerpo que alguna vez enloqueció a los hombres y le dio brillo a las “revistillas” con sus audaces desnudos, esos desnudos generosos plasmados por grandes pintores como Diego Rivera.

Dicen que murió sola, un 23 de enero de 1978, rodeada tan solo de sus tres perros y ocho gatos.

Murió sin obtener ningún reconocimiento, no hubo periódico en todo México que publicara una esquela y mucho menos existió alguna nota que arrojara información sobre su muerte.

Pero la noche del viernes, en Casa Musa AC, la rabia, la pasión y la soledad de la poeta y pintora Nahui Olin, volvió a cobrar vida en la piel de la primera actriz Sylvia Paquel, quien al término de la función, acabó bañada en llanto ante una ovación de pie de un público que no escatimó aplausos ante un trabajo impecable y por demás sensible.

”Nahui Olin; Virgen perversa”, de la escritora y dramaturga Gilda Salinas, con la dirección de Francisco De Luna, araña de manera desafiante y atrevida la vida de la poeta y pintora que provocó perversamente a la sociedad al exhibir la libertad sexual del sexo femenino.

El monólogo es inquietante y cautivador. 

El público guardó absoluto silencio cuando Sylvia Paquel ya en la piel de Nahui Olin y de espaldas al espectador, miraba al infinito, buscando en la nada las palabras exactas para narrar una historia cargada de erotismo y soledad.

La voz de Sylvia Pasquel es como un trueno que retumba en la sala de Casa Musa, donde el público en total silencio disfrutó el desempeño de una primera actriz que hizo suya por 60 minutos esa vida desordenada, promiscua y retadora de Nahui Olin.

Pasquel llena el escenario sin problema alguno, lo suda, lo llora, lo acaricia, lo besa, espacio por espacio, le saca provecho a cada elemento que está ahí, en una habitación.

Las paredes de ese cuarto está lleno de pendones con la imagen de sus amantes, de sus hombres, de esos seres que pasaron por su vida, los tiene ahí colgados, como si fueran “trapos al sol”, son esos hombres que se burlaron de su necesidad de amar, de su necesidad de tener a alguien en su vida.

También, escondidos en las esquinas de ese cuarto, habitan sus perros y sus gatos, a quienes les da abrigo, amor y compañía, los únicos que nunca la traicionaron, para quienes trabajaba para llevar - les un plato de comida.

De principio a fin, Sylvia Pasquel ofrece un trabajo impecable, lleno de emociones que arroja con gentil creatividad en sus desplazamientos requeridos por el texto, un texto cruel, explicito y verdadero para que el espectador abrace, entienda y comprenda a ese cuerpo lleno de llagas y heridas en el cual ya no hay espacio para una soledad más, ese cuerpo que fue amado por los hombres y al final del horizonte, olvidado por ellos al verse apagado en su belleza y juventud.

“Nahui Olin; Virgen perversa” desempolva la vida castigada de una mujer oprimida por el odio de su madre y la apatía de su padre, el militar porfirista Manuel Mondragón, a quien tanto amó y el que al final de cuentas la entregó a una vida vacía y humillante al casarla con el artista plástico Manuel Rodríguez Lozano “El hechicero”, al que ella llamaba “un joto que sentía los mismos deseos sexuales que yo que descaradamente salía por las noches en busca de hombres.....”-

“Nahui Olin...” en un vertiginoso viaje a la vida de la pintora y poeta, célebre y famosa por sus desenfrenados escándalos amorosos, sobre todo uno, el de ese amor total que le entregó al también pintor “Dr. Atl”.

Pasquel tiene un dominio total en escena, sube y baja, corre, “gatea”, se abalanza con odio a esos recuerdos que tiene “colgados” en la pared, de esos hombres que pasaron por su vida lastimando cada palmo de su piel, destrozando poco a poco su corazón y perturbando su equilibrio emocional.

Es fascinante apreciar el momento justo donde Sylvia Pasquel abraza su personaje para entrar de lleno al mundo del erotismo que vivió la poeta y recrea de manera sensual ese juego al amor que nunca se le dio.

El cambio constante de emociones son en su totalidad arrebatadores y con total maestría que el público contiene el aliento para no distraer a la actriz en su entrega total cuando decide arrojar a la basura aquellas normas y limitaciones impuestas por la sociedad, esa sociedad a la que ella se enfrentó y se burló una y mil veces al crear su propio mundo y sus propias leyes.

“Nahui Ollin; Virgen perversa” se presenta hoy sábado en Casa Musa AC con localidades ya agotadas.