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El circo de los vicios privados | IGNACIO MENDOZA | Junio 2019

Por: Ignacio Mendoza
Fotografía: Archivo


El circo de los vicios privados

El escándalo sexual de NXIVM propuesto como trending topic para el verano 2019 

Mejores ingredientes no podía haber para perfilar al escándalo de la temporada: ricas herederas del jet set que abandonan familias y entregan fortunas, actrices populares con auto estimas desechables que se convierten en anzuelos para chicas con autoestimas desechables, hijos de prominentes políticos y empresarios que la hacen de reclutadores o commendatores: todos involucrados en una secta sexual que -disfrazada de organización de auto ayuda y desarrollo personal- cometía extorsiones y delitos económicos mientras esclavizaba a cuanta mujer pudiente se le atravesara.  

Por supuesto: en la pista no falta el aderezo del anecdotario truculento (esclavas con marcas a fuego en sus zonas íntimas como si fuesen ganado o el sufrimiento impuesto a las correligionarias como medio para “auto superarse”), tampoco la posibilidad de que el asunto termine en teleserie o película. En todo caso, NXIVM se ha propuesto como trending topic del verano 2019.

Mientras eso se fragua, me es inevitable recordar un relato de Henry James, La muerte del león, cuento en donde se pregunta si es ético que los medios invadan la vida privada de las personas públicas.

También recuerdo al mundo hipercontrolado que Orwell propone en 1984, novela donde la esfera íntima de las personas es dominada por medio de la tecnología (posibilidad que hoy es posible gracias al celular que nos acompaña a todas partes). Pero más allá de eso cabe averigurar por qué nos encantan los escándalos al margen de las respuestas habituales (“porque nos gusta el morbo” o “porque es algo que vende”). La respuesta, creo, reside en estas condiciones:

a) La información se disemina, modifica y plantea con tal facilidad que por ello la credibilidad esté en disputa (“En serio: ahí dicen que lo avalan los estudios”).

b) Lo privado hoy es un concepto relativo por la facilidad con la cual compartimos datos, imágenes, noticias y posturas (“¿A poco esa es funcionaria de gobierno? Deja lo pongo en Twitter, para que no manche, que no nos retrase”). 

c) Cualquiera puede ser cronista, reportero o portavoz, ya que nasta con echar mano de un celular y hacer uso de la red social adecuada para recibir constancia de ello (“A poco esa es funcionaria de gobierno? Deja lo pongo en Twitter, para que no manche, que no nos retrase”).

d) ¿Narrativas seductoras? Olvidemos Game of thrones: lo de hoy es el escándalo que desmitifique o favorezca el revanchismo social (“los ricos podrán tener mucha lana pero no son felices”).

Nada de esto es casual. Si la Literatura tiene acta de nacimiento es en el conflicto y la atracción que nos ejerce aquello que sucede detrás de las puertas. ¿Y sobre qué se constituye el escándalo? Sobre suspenso, melodrama y moraleja.

Suspenso porque apenas la mayoría de las veces intuimos lo que sucederá… pero no podemos garantizarlo. Melodrama porque no pasa mucho tiempo sin que los participantes del escándalo se dividan en buenos, malos y víctimas. Moraleja porque anticipamos el castigo, la redención o el confort moral que nos haga respirar tranquilos.

Ciertamente, habrá quien crea que esto también se debe al hecho de que la imagen se ha impuesto a la voluntad lectora (la cámara convertida en guillotina o nuestro ánimo por ver la televisión antes que por leer). 

No faltará quien halle aquí un instrumento de dominación porque, a final de cuentas, basta con un vídeo, una foto o un tuitazo para sembrar dudas y demoler reputaciones. Sin embargo, los escándalos siguen seduciéndonos porque con ellos ponemos en entredicho la credibilidad de quien creemos intocable. 

Y es que, en estos tiempos donde la credibilidad es, precisamente, un bien escaso por todo lo expuesto, el circo de los vicios privados seguirá siendo el mejor recurso para dormir tranquilos, confiados en que hay alguien peor que nosotros, en un arrojo similar al que nos ganaba cuando observábamos a los cadáveres adornando la portada del Alarma! y, después de la compasión, nos decíamos que qué bueno que el muerto era “ese” y no nosotros.

Ignacio Mendoza 
Catedrático, escritor y promotor cultural. Ha sido Premio Nuevo León de Literatura y Director de Cultura en el Municipio de Monterrey. También se ha desempeñado como profesor de Letras Hispanoamericanas, y prepara actualmente su segunda novela.