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Malala Yousafzai | ANDREA DÍAZ | Abril 2019

La historia detrás del héroe

Malala Yousafzai

En 2012 Malala Yousafzai recibió 3 balazos por hablar del derecho universal a la educación. Hasta la fecha sigue luchando por esta causa.

“Teníamos dos opciones: estar calladas y morir, o hablar y morir, y decidimos hablar”.

¿Cuántas veces de niños nos castigaron por no estudiar? ¿por sacar malas calificaciones o reprobar materias? Esto con la intención de aumentar nuestro nivel académico y “tener mejores oportunidades”.

¿Pero qué tal si fuera al revés? Un día vas de vuelta a tu casa después de clases y un hombre armado amenaza con disparate si sigues queriendo estudiar y motivar a que otros hagan lo mismo. Esto le pasó a Malala Yousafzai a los 16 años en Pakistán. En 2012 recibió 3 balazos por hablar del derecho universal a la educación y contra todo pronóstico, sobrevivió. Hasta la fecha sigue luchando por esta causa.

Siendo abril podría hablar de Shakespeare o tal vez de Cervantes, sin embargo, también se festeja el día del niño y me pareció más conveniente escribir de uno de los personajes jóvenes más inspiradores: Malala, a sus 17 años, es la persona más joven en ser galardonada con el Permio Nobel de la Paz 2014.

Su libro Yo soy Malala, así como sus incontables participaciones en foros internacionales como las Naciones Unidas, entrevistas en canales de difusión masiva, entre otros, nos deja en claro la convicción que tiene por utilizar la educación como herramientas para luchar contra la violencia y el extremismo religioso. Profesa que un maestro y un niño, armados de pluma y papel, son el camino óptimo para lograr la paz.

Además, Yousafzai ha hecho hincapié en la necesidad de equidad de oportunidades para las niñas, ya que en el Medio Oriente tienen diferencias significativas que interfieren con el desarrollo personal, no digamos académico, de las mujeres. Desde matrimonios infantiles, embarazos tempranos, concepciones machistas que ubican a la mujer en su casa y sin voz. Sobre esto último es lo que, a mis ojos, es el impacto más grande que ha tenido Malala.

Malala nos recordó que ella no es la única que puede hablar. Nos recordó que no tenemos que tener un premio Nobel antes de los 20 (o a cualquier edad) para que nuestra voz suene y cuente. Nos hizo saber que el silencio es un arma de poder y si lo mantenemos, traicionamos a quienes cuentan con nuestra ayuda. 

Malala y yo venimos de países peligrosos y machistas. De ella aprendí que no se trata de no tener miedo, sino de tener más convicción que temor.



Andrea Díaz 
Nacida en Victoria, Tamaulipas y Licenciada en Letras por la Universidad de Monterrey. Se ha desarrollado principalmente en los ámbitos de las causas sociales, teniendo dentro de sus áreas de especialidad la violencia de género y la filosofía del lenguaje.