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Por: Redacción
Fotografía: Cortesía
Fotografía: Cortesía
Guendaliza’a: Tequitl: memoria grabada
Celebrando el color, la cultura y el arte que nace en Oaxaca.
La Guelaguetza o Guendaliza’a, es mucho más que una celebración, es una forma de entender la comunidad a través del compartir, la reciprocidad y el apoyo mutuo. La Guelaguetza es la voluntad de dar sin esperar, de fortalecer los vínculos entre las personas y de reconocer que toda comunidad crece cuando sus integrantes crecen juntos.
La exposición Guendalizaá: Tequitl: Memoria Grabada reúne a un grupo de artistas que, desde distintas disciplinas y perspectivas, reflexionan sobre el significado profundo de esta tradición. Más allá de la música, la danza o el folclor, las obras que conforman esta edición limitada exploran los valores humanos y culturales que han dado vida a la Guelaguetza por generaciones.
En las siguientes páginas encontrarán una breve semblanza de cada artista participante, así como una muestra de su trabajo y su interpretación personal de este concepto que sigue vigente como símbolo de identidad, memoria y generosidad.
Esta publicación digital acompaña el lanzamiento de una colección creada para celebrar el arte como un acto de intercambio, encuentro y comunidad. Porque, al igual que la Guelaguetza, toda obra cobra un nuevo significado cuando es compartida.
Desde su origen, el proyecto de Casa Mayor ha buscado construir puentes entre distintas tradiciones culturales de México. La cocina, la música, la conversación y las artes visuales se integran aquí como parte de una misma experiencia: la posibilidad de compartir y reinterpretar nuestras raíces.
Así, esta exposición que se llevará a cabo el próximo 16 de julio, a las 19:00 horas en la Galería Casa Mayor en Santiago, Nuevo León, retoma el espíritu de la Guelaguetza no solo como tema, sino como filosofía: un espacio donde distintas miradas del territorio se reúnen para ser compartidas.
Tomás Pineda Matus
Originario del Istmo de Tehuantepec, Tomás Pineda Matus ha construido una de las propuestas pictóricas más sólidas dentro del panorama contemporáneo de Oaxaca. Su obra se distingue por la creación de universos simbólicos donde animales, figuras humanas y formas orgánicas se entrelazan dentro de escenarios cargados de imaginación. El Istmo de Tehuantepec ha sido históricamente una región de intensa vitalidad cultural. Sus paisajes, sus comunidades y su identidad zapoteca han alimentado una tradición visual donde la naturaleza y el mito se encuentran profundamente conectados. En este contexto, la pintura de Pineda Matus puede entenderse como una reinterpretación poética del territorio.
Ixrael Montes
Originario de la Costa de Oaxaca, Ixrael Montes desarrolla una obra pictórica profundamente vinculada a la riqueza cultural de esta región, un territorio donde convergen tradiciones indígenas, mestizas y afrodescendientes.
La Costa oaxaqueña es uno de los espacios del país donde la presencia histórica de comunidades afro ha dejado una huella profunda en la música, la danza, las celebraciones y las formas de vida. En este contexto cultural, la identidad no se construye desde una sola raíz, sino desde la convivencia de múltiples memorias.
La pintura de Montes dialoga con esta diversidad. En sus composiciones aparecen máscaras, personajes rituales y figuras fantásticas que evocan celebraciones comunitarias donde la música, el baile y el disfraz se convierten en expresiones de identidad colectiva.
Víctor Cha’ca
El maestro Víctor Cha’ca, nacido en Juchitán de Zaragoza, pertenece a la cultura binnizá, una de las raíces más profundas de la identidad del Istmo de Tehuantepec.
A lo largo de más de cinco décadas de trabajo, Cha’ca ha desarrollado una obra donde la cosmovisión zapoteca se convierte en el eje central de su lenguaje visual.
Dentro de esta tradición cultural, los animales poseen una dimensión espiritual y simbólica. En muchas comunidades mesoamericanas se mantiene la creencia en el nahual, la idea de que cada persona posee un vínculo espiritual con un animal que actúa como protector o reflejo de su energía interior.
Jesús Hernández Arango “Guty”
La pintura de Jesús Hernández Arango, conocido como “Guty”, se centra en la exploración de la figura humana como territorio emocional.
Sus composiciones se construyen a partir de gestos pictóricos intensos, contrastes cromáticos y cuerpos que parecen fragmentarse o expandirse dentro del espacio del lienzo. En su obra, el cuerpo humano se convierte en un campo de tensión donde se manifiestan emociones, conflictos y momentos de introspección.
A diferencia de otras tradiciones pictóricas que buscan representar la figura con precisión anatómica, el trabajo de Hernández Arango se acerca más a una figuración expresiva donde el gesto y el color transmiten estados de ánimo.
Las figuras que aparecen en sus pinturas parecen suspendidas en atmósferas cargadas de energía emocional. No son retratos individuales, sino representaciones simbólicas de experiencias humanas universales.
Dentro del panorama del arte oaxaqueño, su obra mantiene un diálogo con la tradición figurativa, aunque desde una perspectiva contemporánea que privilegia la intensidad expresiva del gesto pictórico.
A través de su trabajo, el artista explora la capacidad de la pintura para expresar aquello que muchas veces permanece fuera del lenguaje verbal.
Alma Patiño
La obra de Alma Patiño se distingue por una sensibilidad particular hacia la construcción de atmósferas pictóricas.
En sus composiciones, el color y la textura se convierten en herramientas para crear espacios visuales donde la contemplación ocupa un lugar central. Sus pinturas se desarrollan a partir de capas de pigmento, gestos sutiles y tonalidades que sugieren estados emocionales más que escenas narrativas.
Dentro de su lenguaje visual, el paisaje no aparece necesariamente como una representación directa del entorno natural. Más bien se presenta como una metáfora del mundo interior. Las formas y los colores evocan recuerdos, sensaciones y fragmentos de experiencia personal, creando imágenes abiertas a múltiples interpretaciones.
Esta aproximación convierte su pintura en un territorio introspectivo donde el espectador es invitado a establecer una relación pausada con la obra. Dentro de la exposición, el trabajo de Alma Patiño aporta una dimensión contemplativa que equilibra las narrativas simbólicas presentes en otras piezas.
Bakuza Guí
Bakuza Guí representa una generación reciente dentro de la escena artística de Oaxaca. Su obra se sitúa en un punto de encuentro entre tradición e innovación, dialogando con el imaginario visual del estado desde una perspectiva contemporánea.
En sus composiciones conviven elementos figurativos, símbolos culturales y estructuras gráficas que sugieren una reinterpretación actual de los lenguajes visuales tradicionales. El trabajo del artista refleja una búsqueda por comprender cómo las identidades culturales continúan transformándose dentro de un mundo cada vez más globalizado.
Sus imágenes parecen explorar nuevas formas de narrar el territorio, incorporando referencias contemporáneas sin perder la conexión con la memoria cultural de Oaxaca. A través de este lenguaje híbrido, Bakuza Guí propone una mirada que reconoce el peso de la tradición mientras abre espacio para nuevas posibilidades de creación dentro del arte actual.
Rodrigo Wise
La obra de Rodrigo Wise se distingue por una exploración visual donde tradición e interpretación contemporánea conviven dentro del lenguaje pictórico. Su trabajo se caracteriza por la construcción de imágenes que dialogan con distintos elementos del imaginario cultural mexicano, integrando símbolos, figuras y referencias que evocan tanto la historia como las transformaciones del presente.
En sus composiciones aparecen personajes, estructuras y formas que parecen habitar un espacio entre lo narrativo y lo simbólico. A través de estos elementos, el artista construye escenas que invitan al espectador a interpretar múltiples capas de significado.
La pintura de Wise se mueve entre la observación de la realidad y la elaboración de universos visuales propios, donde el gesto pictórico y la composición adquieren un papel central. Dentro del contexto de “La Guelaguetza: Territorio y Memoria”, su obra aporta una perspectiva contemporánea que amplía el diálogo entre tradición cultural e interpretación artística.
Su trabajo recuerda que el arte también es una forma de reinterpretar la historia y de construir nuevas miradas sobre la identidad.
Everest Montes
La obra de Everest Montes se desarrolla a partir de una profunda observación del territorio y de las formas culturales que lo habitan. Su pintura explora la relación entre paisaje, memoria y vida cotidiana, construyendo imágenes donde la naturaleza y la presencia humana se entrelazan dentro de atmósferas cargadas de simbolismo.
En sus composiciones es posible reconocer elementos que remiten al entorno oaxaqueño: montañas, vegetación, animales y figuras humanas que parecen surgir del propio paisaje. Estos elementos no aparecen como simples representaciones del entorno natural, sino como símbolos que evocan la relación histórica entre las comunidades y la tierra que habitan. El trabajo de Montes se caracteriza por una sensibilidad hacia el color y la textura, construyendo escenas donde lo real y lo imaginario conviven dentro de una misma narrativa visual. Sus imágenes sugieren momentos suspendidos en el tiempo, donde la memoria colectiva y la experiencia del territorio encuentran una forma de expresión pictórica.
Dentro del contexto de esta exposición, la obra de Everest Montes aporta una mirada que conecta el paisaje con la identidad cultural, recordando que el territorio no solo se observa, sino que también se vive y se interpreta.
Las obras reunidas en “Oaxaca: Territorio y Memoria” muestran que el arte oaxaqueño continúa evolucionando sin perder su vínculo con las raíces culturales del estado. Cada artista presente en esta exposición ofrece una interpretación distinta del territorio: desde universos simbólicos poblados por animales y mitos hasta exploraciones introspectivas del cuerpo y la memoria.
En conjunto, estas miradas revelan que el paisaje cultural de Oaxaca no es un elemento estático. Es un territorio vivo que continúa transformándose a través de la experiencia de sus creadores. Al abrir este espacio de encuentro en Casa Mayor, la exposición invita a reconocer la diversidad cultural que compone el arte mexicano contemporáneo y a entender que, más allá de las distancias geográficas, el arte tiene la capacidad de conectar territorios, historias y comunidades.
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